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Jóvenes que dan la cara contra el maltrato

Son conscientes de que su voz tiene peso entre los adolescentes y por ello se plantan ante la violencia machista

  • Ana Peleteiro
    Ana Peleteiro / Alberto R. Roldán

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26 de noviembre de 2018. 13:27h

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Ángel N. Lorasque,  / Pedro del Corral .  25/11/2018

Muchas tienen miedo. Callan. Ocultan su sufrimiento y bajan la voz. Incluso consideran que ser vejadas forma parte de una relación de pareja. Se refugian en un mundo construido a base de temor que autogestionan con dificultad. Aguantan. Y en ese sendero de espinas y llanto aparecen sus familias, amigos, compañeros de trabajo, que las ayudan a comprender que aquello debe acabar. A decir que esta manida frase de «aguanta sin límites» debe ser expoliada de cualquier texto y argumentario sagrado y terrenal. El refuerzo social es una labor imprescindible para que las mujeres atrapadas en una espiral de violencia machista salgan del agujero y griten: «Basta». Por este motivo, LA RAZÓN ha reunido a varios jóvenes influyentes, referencia para millones de adolescentes, que las animan a no callar, a denunciar y condenar actitudes machistas. Incluso, algunos de estos rostros conocidos que aceptan nuestra propuesta desnudan su alma y relatan historias de maltrato que también han sufrido en su piel y su mente. Sus palabras traspasan fronteras y desafían la velocidad de la luz, y pese a sus humeantes agendas nos hacen hueco para poner su grano de arena en una lucha en la que todos estamos involucrados. En las pistas de Inef, en Madrid, nos espera Ana Peleteiro, atleta de referencia premiada no solo en España sino ambién en campeonatos internacionales y que este marzo consiguió el bronce en los Mundiales de pista cubierta de Birmingham. Su lucha no es solo en la pista sino igualmente en favor de los derechos de las mujeres. Explica que la gente de su edad (ella está a punto de cumplir los 23 años) está «concienciada con la violencia machista», pero, desde su punto de vista, existe todavía desconocimiento con que este tipo de maltrato no se refiere solo pegar o matar. «Empieza por cosas banales, determinadas respuestas en una discusión agresiva que se sube de tono. A lo mejor hay personas que no tienen la formación suficiente para identificar que ciertas conductas no son normales, como que tu pareja te grite, te pegue o te proteste porque la comida está fría. Claro que existen discusiones entre novios, pero lo que no se puede tolerar son las faltas de respeto», asevera. Ella habla de su experiencia y educación, cómo sus padres le han dicho siempre cuando hay que afirmar: «Hasta aquí». «Me acuerdo cuando era adolescente y salía de fiesta con amigos y mi padre me decía que qué vestido tan corto llevaba. Me sentaba fatal y le decía que era un machista. Pero ahora veo que tenía razón. No lo decía a modo de micromachismo, es más, él siempre me daba total libertad para todo, pero lo decía para protegerme. Lamentablemente, las mujeres tenemos que tener cuidado y protegernos de determinadas cosas. No deberíamos de tener miedo por ir de una manera vestida o de otra, pero la realidad es que por elegir una prenda determinada podemos enfrentarnos a situaciones desagradables. El machismo sigue muy presente en nuestra sociedad», afirma. Y entre esta ristra de actitudes deleznables que siguen rigiendo ciertos comportamientos, Peleteiro apunta un ejemplo interesante. «Cuando vamos de concentración, se da por hecho que las mujeres son las que tenemos que cocinar. ¿Por qué? A mí me gusta hacerlo, pero no quiero que se considere una obligación. Si finalmente lo hacen ellos, acabamos comiendo pasta todos los días y acabamos la concentración con 10 kg de más. Tenemos que terminar con estos patrones machistas, como el que en la relación de pareja es ella quien tiene que limpiar en casa o poner la lavadora. Todos somos iguales y hay determinados roles asumidos socialmente que deben cambiar», sentencia.

Jóvenes dan cara contra el maltrato
- Ricardo Gómez / Foto: Alberto R. Roldán

Cambio de raíz

En el Teatro Español nos recibe Ricardo Gómez, el actor que saltó a la fama como Carlitos en «Cuéntame» y que se ha consolidado como uno de los intérpretes de la generación «millenial» que pisan con más fuerza. Si por algo se caracteriza Gómez es por la sensatez con la que se dirige a su público. Mide cada palabra, disfruta con cada sílaba. Cuida que sus dedicatorias no hieran, sino que aporten. Por eso, se considera un poquito responsable de esa educación que se aprende en la calle y se practica entre colegas. También en sus redes sociales. Porque el objetivo es tratar por igual a sus iguales y eso es algo que se viene aplicando desde bien pequeño. «Lo más importante es que el cambio sea de raíz, que todas aquellas personas que están en los medios de comunicación y que tienen alcance para llegar a la sociedad tomen conciencia de este problema social. No se me ocurre ningún motivo por el que la gente no quiera sentirse iguales. La violencia de género es una injusticia muy inmensa como para que no sea un prioridad».

Publicar un mensaje como éste en una plataforma tiene un peligro: que se quede en la superficie y que genere un debate frívolo. «Es muy complicado reeducar a alguien a través de las redes sociales. Un tuit es la primera de 10.000 capas, pero si es capaz de poner en jaque a todas las demás merecerá la pena. Si empezamos a preguntarnos cosas, podremos encontrar respuestas», reconoce el actor que durante 17 años ha encarnado a Carlitos en «Cuéntame cómo pasó». «Cuando yo tenía 15 años, no escuchaba a la gente hablar de esto, aunque ahora los más jóvenes sí. Es cierto que es una cuestión a largo plazo, pero no por ello tiene que darnos igual. Para mí, internet es un ejemplo de lo que cada uno debe tener dentro. Me parece tan importante expresar algo en una red social como hacerlo en tu día a día. Desde ahí es de donde uno empieza a actuar. Lo difícil es, una vez cierras el móvil, seguir aplicando esa manera de pensar».

El joven de 24 años asume que la sociedad está sumida en un proyecto que tiene por objetivo alcanzar la ideología feminista: ya no hay vuelta atrás. «El feminismo es la igualdad entre el hombre y la mujer y no conozco a nadie que no la quiera; sí a gente que no entiende que el feminismo sea esto, está demodé. Negarlo no es racional. Yo me considero un intento continuo de feminista. Si estudio mi comportamiento seguramente hay cosas que no colaboran con la idea principal del feminismo, por eso intento corregirlo para alcanzar esa figura a la que aspiramos». La representación de las mujeres en los distintos oficios del cine español cayó en 2017 dos puntos porcentuales respecto a los años 2015 y 2016. Así, según el informe de la Asociación de Mujeres Cineastas (CIMA), la cifra del pasado año es aún más desalentadora, con solo el 24% de profesionales féminas participando en el total de películas que se produjeron. «Vivimos en una sociedad con un alto índice de machismo en todas sus manifestaciones. No es que crea que la industria del cine sea machista, sino que es igual que la de los médicos, los periodistas, los ingenieros. Se rigen por unas bases que sí que están manchadas de mucho machismo. El cine, por supuesto, también se ha visto afectado. No es una excepción», señala Gómez, que considera que debe haber mucho más espacio para ellas en la dirección, la producción, la fotografía... «Lo más importante es que esto se plantee en el origen de los proyectos. Si en este punto hubiese más presencia femenina, habría un pensamiento más abierto. Tiene que llenarse toda la columna vertebral de la industria de igualdad».

Jóvenes dan cara contra el maltrato
- Angy Fernández / Foto: Alberto R. Roldán

Esta misma opinión la comparte la actriz y cantante Angy Fernández, de 28 años, que afirma que el feminismo ha tomado fuerza en los últimos años y que casos como el de «La Manada» lo han hecho más robusto. «Entre algunas de mis amigas y sus parejas he visto situaciones de control total y he tratado de ayudarlas, pero algunas no se dan cuenta o sí pero no pueden dejarlo e, incluso, lo justifican», lamenta la intérprete de «Amar es para siempre». Y ella lo sabe bien porque, lamentablemente, también se ha visto en esta situación. Cuando llegó a Madrid con 16 años, cargada de ilusión y emocionada por el papel que había conseguido en la serie «Física o Química», el novio que tenía entonces le comentó que le prohibía trabajar en la misma. «Me dijo que no quería ver cómo me besaban otros chicos, era muy controlador. Yo lloraba y decía que tenía razón. Era posesivo, me coaccionaba, me hacía el vacío... Fue gracias al apoyo de mi familia como conseguí dejarle y hacer lo que yo quería», explica con serenidad. Reconoce que la inseguridad de los jóvenes es un factor clave para que muchas mujeres caigan en manos de chicos que miden su autoestima según la humillación a la que someten a sus parejas. «He conocido hombres que me han hecho sentirme inferior, mal, que bloqueaban mi autoestima. Otra pareja que tuve me insultaba, me llegó a tirar una copa cuando estábamos de fiesta y me empujó. En ese momento dije basta, yo también le empujé y lo dejamos. Me costó, pero fui consciente de lo que estaba viviendo y puse fin», confiesa. Con su experiencia sobre la mesa, aconseja a todas las adolescentes que vivan este tipo de situaciones que se planten. «Da miedo y vértigo, lo sé, pero eso no se puede tolerar. De ahí que incida en la necesidad de introducir formación sobre lo que es la violencia de género en los institutos para que los jóvenes puedan identificar las actitudes que no se pueden consentir. No hay que dejar pasar ni una», sentencia, al tiempo que reconoce que todavía queda mucho camino para conseguir la igualdad total. «Con casos como el del productor de Hollyood Harvey Weinstein hemos levantado la voz. Yo sé de casos similares en España, a mí no me ha ocurrido, pero existen. Por eso debemos estar unidas las mujeres, para hacernos fuerte y no permitir que abusen de nosotras en ningún ámbito de nuestra vida».

Jóvenes dan cara contra el maltrato
- Mina El Hammani / Foto: Alberto R. Roldán

Insultos y humillaciones

Otra de las actrices del momento, que protagoniza la exitosa serie «Élite» de Netflix, Mina El Hammani, acepta sin dudar participar en este reportaje. A pesar de su corta edad, 24 años, tiene la cabeza muy bien amueblada y apunta que existe un elevado porcentaje de jovenes que sufre violencia de género y que no lo saben identificarla porque solo piensan en que es maltratro físico o muerte. «Olvidamos que los insultos, las humillaciones, el control de tu pareja y los apodos humillantes son malos tratos. Callar estos comportamientos implica que irán en aumento y provocan una situación grave. Muchas veces, ni siquiera los amigos, pese a empatizar con los problemas del otro, tienen los recursos necesarios para ayudar, por eso es fundamental la labor de los padres y los profesores», explica. Es cierto, añade, que todavía existen «familias muy patriarcales y que viven estas situaciones de manera normal y ese es el punto en el que tenemos que estar muy pendientes. Los profesores deben observar estas actitudes. Ella es consciente del poder que tienen las series de jóvenes como la que ella protagoniza y para la que ya están preparando la segunda temporada. «El cine, la televisión y el teatro tienen una parte de entretenimiento, pero también mensaje. Contamos historias para que el público saque sus conclusiones. Tenemos una voz muy potente y debemos aprovecharlo. Es una cuestión de responsabilidad y compromiso con la sociedad. En ''Élite'', por ejemplo, ofrecemos todos los papeles juveniles que se dan en la sociedad y eso es importante», insiste. En su ámbito personal, Mina también se ha encontrado con situaciones violentas, como que le toquen el culo por la calle, incluso ha visto como novios de amigas le prohibían subir determinadas fotografías a sus redes sociales. «Uno debe ser consciente de que las redes sociales son buenas pero también tienen su parte negativa», advierte.

Jóvenes dan cara contra el maltrato
- JPelirrojo / Foto: Alberto R. Roldán

Quien conoce bien los pros y los contras de las redes sociales es JPelirrojo (JP), uno de los «youtubers» más influyentes de España con más de un millón de suscriptores en su canal y datos de infarto en Instagram. Él ha producido y emitido en internet canciones que precisamente hablan de esta temática. «No es amor» o «El amor no duele» son algunas de ellas, y nos comenta cómo surgieron. «Para componerlas me informé y busqué datos sobre violencia de género. Descubrí que gente joven hacía cosas terribles, como tener localizada en tiempo real la ubicación de otra persona a través del teléfono. Nunca pensé que alguien pudiera hacer algo así, me dio miedo, la verdad. Asusta», comenta. Además, hace hincapié en la necesidad de que los hombres participen también en esta lucha en favor de la igualdad de géneros y contra los malos tratos. «Todos tenemos responsabilidad y todos debemos ser parte de ese movimiento. Yo intento cuidar las cosas que digo en mis canales y soy consciente de que la gente me sigue y del peso que tiene lo que hago. Con un público grande influimos y hay que mostrar unos valores positivos y dar ejemplo». JP es honesto y reconoce que él también ha tenido y «ejercido» comportamientos machistas que están tan arraigados en nuestra sociedad. «Nos hemos criado en una en la que determinados comentarios o hábitos son negativos y cuesta darse cuenta de que lo son. Evidentemente, no hablo de violencia, sino de ciertos comportamientos. Yo lo he hecho mal y soy consciente de ello, por eso los he ido cambiando cuando me doy cuenta de su negatividad. Es más, estoy seguro de que en el futuro nos daremos cuenta de que muchas de las actitudes que hoy en día aceptamos como normales no lo son. Alucinaremos», apunta. El «youtuber» insiste en que debemos reflexionar. Por ejemplo, nos explica que cuando vio que en su casa eran su madre y su hermana quienes se encargaban de la cena de Navidad se puso rojo de la vergüenza. «Es algo que daba por hecho, pero cuando crecí dije: ''¿Por qué tienen que hacerlo ellas?''. Ahora soy el primero que se pone a preparar cosas, recoger la mesa, etc... Puede que sea algo pequeño, pero son comportamientos que debemos ir cambiando para acabar con el machismo. Evidentemente, a estas alturas no le voy a decir a mi abuelo que lo haga, pero sí me gusta que mi sobrino, por ejemplo, me vea hacerlo a mí y aprenda», asevera. Como no podía ser de otra manera, JP es un gran defensor de las posibilidades que ofrecen la tecnología y subraya que el mal no está en los avances en esta materia sino en el uso que se les de. «Un arma puede matar o salvar vidas. Por eso hay que insistir en la educación, porque mucha gente que hace el mal en las redes sociales ni siquiera sabe que lo está haciendo» y añade que «por suerte», los jóvenes de hoy en día, en general, «nos atrevemos a señalar malos comportamientos. Quizá antes nos escamábamos pero no nos metíamos. Ahora decimos: oye tío, eso no».

Jóvenes dan cara contra el maltrato
- María Turiel / Foto: Alberto R. Roldán

Una afirmación que también se ha visto obligada a pronunciar en más de una ocasión una de las «influencers» más populares del país. María Turiel, que suma más de 700.000 seguidores en instagram, es un ídolo para miles de jóvenes que siguen sus redes y su «lifestyle». «¿Por qué tenemos que aguantar que un hombre nos suelte una frase desagradable por la calle? Yo nunca he incomodado a uno ni le he dicho nada fuera de tono, ni le he tocado el culo en una discoteca como sí he tenido que aguantar yo», reflexiona, para después apuntar que «todavía queda mucho que hacer. «Ahora que estoy viendo la serie de ''Arde Madrid'' ves comportamientos que dices: ''Madre mía'', pero ahora sufrimos otras cosas. Por ejemplo, hay gente de mi edad que sigue pensado que feminismo es que la mujer está por encima del hombre. Es absurdo», apunta la influencer de 25 años. Mientras se prepara la sesión de fotos para este reportaje, Mery nos cuenta que en otras épocas se callaba mucho, que los malos tratos se ocultaban, no se hablaba de ello entre los amigos o familiares. «Ahora somos conscientes de que es un problema real aunque queda mucho por aprender para identificar todos los comportamientos que implican violencia de género, porque no solo es pegar una paliza. En clase no tuve ningún profesor que me hablara de ello. Luego pasa lo que pasa, que confundimos unas cosas con otras y seguimos viendo cómo los informativos abren con nueva mujer que ha muerto a manos de su pareja». Y es que, al igual que los otros protagonistas de este reportaje, Turiel concluye que la base de la solución de este problema está en la educación. «En las redes sociales me he pronunciado mucho sobre el tema y denunciado comportamientos negativos. Es más, en varias ocasiones he recibido mensajes de seguidoras en los que me han dado las gracias por la ayuda o por haber expresado lo que pensaba, lo cual les ayudó a darse cuenta por el calvario que estaban pasando», explica. Es consciente de que su voz tiene proyección y siempre se presta a ayudar a los demás. Las redes ayudan mucho en este sentido, dice la «influencer», porque nos mantiene conectados con personas de todo el mundo, lo cual es muy útil para compartir experiencias. «Imagínate a una chica que vive en un pueblo pequeño y en un entorno muy cerrado de mente donde el machismo impera sin penalización. Quizá una chica está sufriendo violencia por parte de su pareja, lo comparte con su madre y ésta, por la educación que ha recibido, le dice que es normal, que aguante y que no exagere. Pero si en las redes lee cómo otras que han pasado por lo mismo han dicho ''no'' a este tipo de actitudes y lo denuncian, quizá ella también se atreva a hacerlo. Quizá tenga la fuerza para decir: ''Soy valiente y puedo salir de esta situación», reflexiona. Empatizar con personas vulnerables y víctimas de violencia sexista es fundamental. Los seis jóvenes que hoy dan la cara en este diario son consciente de ellos y por eso continuarán su labor de altavoz, de ejemplo social entre los adolescentes y fomentando valores de igualdad y respeto. Su trabajo es fundamental para que la sociedad evolucione hacia una integración apartada del sexismo, de la violencia y del machismo.

«Y, ojo, no pensemos que esto solo le pasa a otros, cualquiera podemos ser una víctima», sentencia Turiel.

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