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Los seminarios, ante una auditoría papal "problemática"

Francisco ha citado hoy a los obispos españoles en una cumbre inédita para analizar la formación de los futuros sacerdotes

El Papa Francisco, el pasado domingo, se dirige a los peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro durante el rezo del ángelus
El Papa Francisco, el pasado domingo, se dirige a los peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro durante el rezo del ángelusASSOCIATED PRESSAgencia AP

Los arzobispos y obispos responsables de las 70 diócesis españolas han viajado hasta Roma para mantener hoy una reunión nada usual en el Dicasterio para el Clero de la Santa Sede. Los pastores han sido llamados para comunicarles el resultado de la visita apostólica a los 45 seminarios encargada por el Papa Francisco y ejecutada a comienzos de año por obispos uruguayos, Milton Luis Tróccoli y Arturo Eduardo Fajardo.

No es ni mucho menos habitual que un pontífice audite a los centros de formación para futuros sacerdotes de toda una nación. De la misma manera, tampoco entra dentro de la normalidad que convoque a los prelados en el Vaticano para notificar sus conclusiones. Si el resultado de la investigación hubiese ido sobre ruedas, habría bastado con enviar el informe final a la sede de la Conferencia Episcopal. O incluso podría haberse optado porque alguno de los visitadores o un oficial del Dicasterio se hubiera desplazado hasta Madrid para comunicar las claves en la Asamblea Plenaria, en la Comisión Permanente o Ejecutiva, los tres órganos colegiados del Episcopado. Pero no. El «Ministerio» vaticano, con el prefecto surcoreano Lazarus You Heung-sik al frente, los ha instado a una reunión a puerta cerrada en la mañana de hoy. Este análisis también incluye a los 14 seminarios Redemptoris Mater, que pertenecen al Camino Neocatecumenal, donde se prepara el 20% del futuro clero.

A pesar de su inflamación pulmonar, Francisco hará lo posible por estar, máxime teniendo en cuenta la relevancia de esta cumbre. Más allá de las programadas visitas «ad limina» que realizan todos los Episcopados del planeta, en estos diez años de pontificado solo hay un precedente a la hora de convocar a las mitras y báculos de un país de manera tan excepcional: fue a los obispos chilenos en mayo de 2018 para abordar la crisis de los abusos sexuales.

Según ha podido confirmar LA RAZÓN de fuentes del Dicasterio para el Clero, el resultado de la visita habría sido «problemático». Sin entrar en más detalles de fondo, la preocupación del Vaticano iría más allá de lo que a priori parecía el objetivo de la radiografía de los seminarios: valorar una posible reagrupación y cierre de centros dada la falta de vocaciones. Y es que, con los datos más recientes en la mano, nuestro país contó con 974 seminarios en el curso 2022-2023 frente a los 1.699 de hace dos décadas. Ya en la reunión «ad limina» el Papa les instó a poner en marcha este proceso de reestructuración siguiendo su consejo personal de que cada seminario cuente con entre 25 y 30 jóvenes para poder ofrecer una educación de calidad y una vivencia comunitaria de la fe.

Falta de docilidad

Sin embargo, las resistencias a esta fusión serían solo una parte del problema. Y es que, desde hace tiempo algunas voces eclesiales hablan de que los centros españoles no estarían aplicando con la docilidad que se esperaría el plan formativo ideado por Roma, orientado a formar sacerdotes «con olor a oveja», tal y como desea el Papa. Este proyecto educativo estaría recogido en la llamada «Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis», aprobada en 2016 y que en España habría aterrizado tres años más tarde como una «Ratio nationalis». Pues bien. Ni la una ni la otra se habrían convertido en una prioridad, no solo en lo que respecta a renovar los estudios teológicos, sino en carencias en formación afectiva y sensibilidad social.

Es más, en algunos casos, se habla incluso de un estilo preconciliar y de lagunas en lo que al acompañamiento psicológico se refiere, lo que se traduciría en falta de madurez pastoral a la hora de ser ordenados presbíteros. Sin referirse explícitamente a los curas españoles, en la recta final de la primera fase del Sínodo de la Sinodalidad, el Papa tuvo una enérgica intervención en la que criticó el clericalismo creciente en las nuevas generaciones «con mucha pena»: «Basta ir a sastrerías eclesiásticas en Roma para ver el escándalo de sacerdotes jóvenes probándose sotanas y sombreros o albas y roquetes con encajes».

A este contexto se sumaría la falta de comunicación entre la Conferencia Episcopal y el Dicasterio vaticano, que habría requerido información de España en varias ocasiones, encontrándose el silencio como respuesta.