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Un país cargado de tesoros

España dispone de un patrimonio monumental y cultural magnífico hasta completar una oferta única. Somos el tercer país con más bienes reconocidos por la Unesco

  • Sólo el 12,5% de los turistas que visitan España tiene una motivación cultural para realizar su viaje a nuestro país
    Sólo el 12,5% de los turistas que visitan España tiene una motivación cultural para realizar su viaje a nuestro país
Madrid.

Tiempo de lectura 2 min.

25 de agosto de 2018. 22:14h

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Juan Luis Carrasco.  Madrid. 26/8/2018

España es uno de los países más antiguos del mundo, aunque para muchos expertos e historiadores ocupa lo más alto de ese podio imaginario. En cualquier caso, nuestro deambular por los tiempos, nuestra eminente posición política y cultural por siglos, el carácter imperial que nos acompañó en tantos reinados, nos legó a las generaciones venideras y hasta la presente una riqueza artística extraordinaria. España es hoy, sólo por detrás de Italia y China, el territorio con más lugares declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Existen 1.071 emplazamientos en el planeta que cuenten con ese reconocimiento, y en la vieja piel de toro disfrutamos de 47. De hecho, en nuestro país contamos con una singularidad excepcional como es Córdoba, la única ciudad en el mundo con cuatro espacios con esta privilegiada distinción internacional. También hay que reseñar que no existe una sola comunidad autónoma que no cuente con algún bien cultural o natural reconocido por la Unesco, lo que refleja el carácter patrimonial de España en su conjunto. A pesar de ese exclusivo reclamo –encabezado por La Alhambra de Granada, la Sagrada Familia de Barcelona y La Mezquita Catedral de Córdoba–, sólo el 12,5% de los turistas que visitan España tiene una motivación cultural, lo que viene a representar unos ocho millones de visitantes con un gasto de 9.000 millones de euros. Son cifras relevantes, pero no acordes a la riqueza de la que disponemos y sobre todo del flujo inmenso de turistas que llega al país. Es un campo en el que obviamente estamos obligados a mejorar, pues disponemos de lo más determinante, aquello que nos convierte en privilegiados frente a la casi totalidad de estados del mundo, joyas artísticas en cantidad y calidad. En este terreno la administraciones tienen que asumir su responsabilidad como lo han hecho en otros relacionados con la oferta turística. Tal vez, todo pase porque los gestores públicos sean capaces de evaluar nuestro magnífico catálogo con la ambición necesaria para ir más allá. No es fácil, claro, pero tal vez la gestión cultural y patrimonial, que ha avanzado en los últimos años, no esté aún a la altura, especialmente en promoción internacional, de los tesoros que tiene entre manos.

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