Inteligencia al servicio de la Ciberseguridad

Estamos sufriendo una crisis sanitaria de un alcance desconocido e inesperado, el coronavirus o la covid-19, percibimos cómo la sociedad está mutando, al igual que el 11 de septiembre de 2001 donde el ataque al World Trade Center cambió el paradigma de la Seguridad tal y como lo conocíamos hasta ese momento

Nuestra sociedad, raíz de la pandemia, también está cambiando y adaptándose en múltiples ámbitos incluida la ciberseguridad, que deberá adaptarse y cambiar hasta un punto que todavía no somos conscientes.

El confinamiento a causa del Estado de Alarma suscitó la necesidad y repentina urgencia de implantar el teletrabajo, asignatura pendiente de muchas organizaciones y empresas que se vieron en la necesidad de implantar y consolidar, o incluso estrenarse en esta nueva forma de trabajo.

Los nuevos confinamientos y toques de queda volverá a provocar que necesitemos rellenar el tiempo de ocio que pasaremos en nuestros hogares, mientras los medios de comunicación continuarán saciando nuestras incertidumbres y miedos con noticias y mucho ruido. Esta combinación de ociosidad, miedo e incertidumbre nos ha lleva a un aumento del uso de nuestros dispositivos electrónicos, desde donde consumimos series y películas mientras navegábamos por Internet.

Y esta situación de hiperconectividad ha sido, es y será aprovechada por los cibercriminales.

La pandemia nos pilló descolocados, era algo nuevo que no llegábamos a comprender, un enemigo invisible que mataba por millares, por lo que necesitábamos aprender y comprender, y esa circunstancia fue y es aprovechada por la cibercriminalidad, explotando las oportunidades que ofrece la creciente difusión de desinformación relacionada con el covid-19 en redes sociales e Internet.

El Estado, consciente de esta circunstancia, mediante el Centro Criptológico Nacional (CCN-CERT) y en colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado focalizaron los esfuerzos en las minimizar, mediante concienciación, las posibles incidencias provocadas por los cibercriminales, no siendo suficiente, por lo que ante estas crecientes ciberamenazas y desinformación a nivel global, se generó la necesidad de la creación de nuevas estrategias de seguridad, que refuerzan la importancia del ciberespacio como escenario donde hacer frente a los nuevos retos y amenazas.

El ciberespacio está considerado como una nueva dimensión estratégica, un quinto dominio, formado por las TIC, las redes y sistemas de información, así como las infraestructuras que soportan las telecomunicaciones, provocando que ya no existan fronteras, propiciando una gran globalización, con sus retos y oportunidades, tanto para instituciones nacionales, internacionales, particulares y organizaciones, y como no, para el crimen organizado.

En circunstancias como las actuales la Inteligencia es una herramienta de gran utilidad, ¿pero que entendemos por Inteligencia? La Inteligencia podríamos definirla como “Capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla adecuadamente, siendo la capacidad de procesar información, estando íntimamente ligada a otras funciones mentales como la percepción, o la capacidad de recibir la citada información, y la memoria, junto la capacidad de almacenarla”, pero resumiendo esta definición más todavía, podemos llegar a definir la Inteligencia como Información procesada con vista a la acción que pretende reducir la incertidumbre en la toma de decisiones.

En situaciones como la actual, la inteligencia y la elaboración de escenarios ayudan en el asesoramiento, elaboración y planificación de escenarios de futuros, cuya finalidad es la creación de planes de contingencia en el ámbito de la ciberseguridad, pero también en el ámbito sanitario, logístico o de seguridad, que nos permitan prever y afrontar los diferentes escenarios plausibles y los menos probables que serían dañinos en el caso de materializarse, para favorecer la anticipación mediante la proactividad. La proactividad en todos los ámbitos en importante, pero en la ciberseguridad es imprescindible, ya que nos permite avanzarnos a los ciberdelincuentes, permitiendo identificar las necesidades futuras de nuestras organizaciones mediante el estudio de las variables específicas en cada ámbito, reduciendo la incertidumbre del decisor en todo el proceso de decisiones y minimizar nuestra superficie de exposición.

El terrorismo yihadista ha sido otro campo donde la aplicación de la Ciberinteligencia ha sido fundamental para poder hacer frente a un efecto colateral del confinamiento, el incremento de radicalización.

El confinamiento ha provocado un aumento de horas delante de ordenadores y teléfonos, donde los individuos afines al ideario terrorista de DAESH o de Al Qaeda, han continuado consumiendo materiales audiovisuales de propaganda y captación, precipitando la radicalización de individuos que antes de la pandemia no estaban predispuestos a dar tal paso, pero donde el consumo intensivo de este tipo de publicaciones y la disponibilidad, tanto de los consumidores como de los adoctrinadores en la Red, han propiciado esta aceleración del proceso.

Un buen ejemplo de cómo la Ciberinteligencia ayuda de forma proactiva se demuestra en el incremento de la detección de individuos radicalizados y detenidos por vinculación a organización terrorista de carácter yihadista en España durante la etapa de confinamiento y post confinamiento. Por poner un dato, entre los meses de abril y octubre, a fecha del presente artículo, se han producido 21 detenciones por difusión y adoctrinamiento.

Carlos Seisdedos, Responsable de Ciberinteligencia en Internet Security Auditors.