Por qué los científicos tienen miedo emocional al dinero y sus desastrosas consecuencias

La española Jara Pascual, creadora de Collabwith y ‘guru’ europea, publica un ‘manual de uso’ de la innovación y el uso de inteligencia emocional: Innovation & Collaboration in the Digital Era

Muchos ciéntificos han tenido una relación complicada con el dinero. En la imagen, Nikolai Tesla.
Muchos ciéntificos han tenido una relación complicada con el dinero. En la imagen, Nikolai Tesla.La Razón

Existen las camisetas para correr con luz. Existen unas zapatillas de golf que te indican si tienes la posición bien para hacer el swing. Existen las sandalias biodegradables hechas con algas en lugar de plastico. Estos inventos no están en las tiendas. Se pergeñan en las universidades, que aunque son un hervidero de innovación, no suele cruzar la frontera y colarse al mercado. ¿Por qué? ¿Es que los científicos tienen miedo emocional al dinero y buscan que todo quede en el papel? ¿Por qué no bebe la empresa de la Universidad?

Por partes. Vamos a mezclar conceptos eléctricamente diferentes como son la innovación, la comercialización de los resultados de investigaciones científicas, la digitalización, la inteligencia emocional y la economía del comportamiento.

¿Cuál es el valor más grande que tienen las universidades?

El saber y el conocimiento de sus académicos y científicos. Este conocimiento se traduce de manera general en conocimiento puro, en sistemas, en inventos, en nuevos procesos, en algoritmos y en productos físicos. Este conocimiento tiene detrás un bagaje intelectual, de investigación, de experimentación y de experiencia de más de veinte años en algunos casos, dependiendo del grado. En estos momentos, este “super conocimiento” no se está utilizando y aprovechando al máximo por nuestra sociedad. La universidad transfiere su conocimiento a los estudiantes, pero no lo hace de la misma manera efectiva a la industria con lo que conlleva un impacto a la sociedad. Hasta aquí, bien.

Si el valor más grande es el conocimiento, ¿Qué pasa cuando se quiere poner “valor” a el conocimiento? Ahora nos vamos al mundo de la digitalización para comprender esta complejidad de la que estamos hablando, donde el conocimiento a parte de “intangible” es muy fácil de compartir con todos, a diferencia de un bien material que no puedes compartir con un número infinito de personas porque es limitado. Esta característica de “infinitas oportunidades para compartir” el conocimiento está haciendo que el “conocimiento” sea menos valioso de alguna manera. En este contexto, me parece importante mencionar la situación actual del “conocimiento libre” en Internet, donde se regalan conocimientos de gran valor y un alto costo de producción en formato de periódicos, revistas, historias optimizadas (solo calcular el costo de producción de video durante 15 segundos, por ejemplo, y compararlo con su precio cero), seminarios web, talleres en línea, videos, podcasts, conferencias en línea y otras fuentes. Como puede imaginar ahora, el “valor del conocimiento” y el “costo del conocimiento” se han reducido en la era digital y también se ha “simplificado el conocimiento”.

Esta economía de la simplificación del conocimiento no ayuda a los investigadores que tienen un profundo conocimiento de un tema, para nosotros son “super expertos”. Por otro lado, para darle “tangibilidad” y “materialización” al conocimiento el conocimiento se traduce en libros, cursos, en patentes, licencias, en una clara línea de servicios y productos. La otra forma de enmarcar el conocimiento es crear una tecnología con este conocimiento o crear un servicio o un producto. Esta es la forma de aplicar la estructura al conocimiento y materializarlo, facilitar su visualización y comprender el “costo del conocimiento”. Cuanto más estructurado y enmarcado esté el conocimiento, más valor tiene el conocimiento.

Y nos vamos adentrando a lo que pasa en la mente de un académico y científico, a continuación, se muestra un ejemplo de la colaboración entre académicos y la industria: ¿Qué está pasando desde una perspectiva emocional cuando un académico quiere traer sus resultados de investigación y transformarlos en una solución innovadora para una empresa?

Miedo emocional al dinero

Hablar de dinero es difícil y es difícil pedir una cantidad de dinero que tenga en cuenta el valor del conocimiento y de la tecnología.

Es más fácil regalarlo que hacer el esfuerzo de superar el miedo a hablar de costos, beneficios económicos e ingresos. Y hay muchas excusas para evitar hablar de dinero y presupuestos, como “Quiero tener resultados neutrales para la investigación, así que no paga a los académicos”, o “Lo hago solo con pasión, no solo por dinero”. Si nos fijamos en el factor de la economía del comportamiento, “hacerlo gratis” como actividad voluntaria genera endorfinas inmediatas, un efecto positivo y emociones de bienestar para todos; por lo tanto, no tiene que esperar para obtener los beneficios de la transferencia de conocimiento y es una forma de reducir la distancia temporal (concepto de la teoría del conocimiento) de la acción al beneficio, porque está obteniendo las endorfinas de la satisfacción inmediatamente como autogratificación. Este sentimiento es importante para motivar a las personas a compartir conocimientos durante las actividades de colaboración e innovación, pero no debe reemplazar el pago por entregar su conocimiento experto. Cuando el pago en la teoría de la economía del comportamiento genera dolor, y como no hay beneficios inmediatos, no hay placer, solo dolor. Por eso es tan difícil poner un valor económico al conocimiento.

¿Ha oído hablar del caso de las empresas de bebidas que pagan por estudios de investigación que dicen que el azúcar no es malo para la salud y, en cambio, culpan a la grasa de ser malo para nuestros cuerpos? Empresas e investigadores han creado estas declaraciones para ayudar a vender productos y servicios y esto no es ético. Pero no todos lo hacen, pero está en la conciencia del académico cuando va a hablar con la empresa (solución, valorarse a sí mismo solamente, da igual lo que hagan los demás, seguridad en sí mismo)

También ha habido otros casos de empresas que han comprado los resultados de la investigación y la tecnología (propiedad intelectual y patentes) y los han cerrado para no tener que competir con estas tecnologías en el mercado. Cuando una empresa no está utilizando la tecnología o los resultados de la investigación, adquirió el conocimiento debido a un comportamiento anticompetitivo que es igualmente poco ético, ¡y estas son malas prácticas! Sin embargo, esto no significa que toda la colaboración entre la industria y los académicos sea así. Éstas son excepciones y los contratos legales son súper flexibles y se pueden añadir cláusulas para evitar estos trágicos casos de abuso.

Es importante comprender el miedo relacionado con la ética y el dinero para poder actuar en lugar de quedar paralizado por el miedo. Puede mejorar sus contratos y negociaciones legales sabiendo que desea evitar usos o acciones poco éticas con su propiedad intelectual, tecnología o conocimiento. Algunos académicos prefieren ganar dinero cero para sentirse bien y evitar todas las negociaciones y procesos legales. Prefieren referirse a sí mismos con afirmaciones como “no me compran” para demostrar que “soy un buen académico, porque no comercializo la investigación porque lo hago solo como mi pasión” en lugar de aprender a negociar bien de una manera calmada, y saber decir no e imponer las condiciones éticas necesarias.

Inteligencia emocional frente al miedo

Si hay un proceso interno y un contrato legal que dice que el resultado de todas las actividades de los académicos es propiedad de la universidad, entonces los académicos no pueden co-crear libremente con la industria. Cada universidad, país y cultura es diferente. Es importante darse cuenta de que la misma dinámica está sucediendo al otro lado de la conversación cuando los profesionales, las nuevas empresas y otras organizaciones tienen miedo de hablar con académicos o no respetan el valor del conocimiento académico y la tecnología. Hay que tener muy claro que flexibilidad se tiene que colaborar con empresas que sean compatibles legalmente para evitar largas negociaciones que no van a puerto alguno.

La solución es aplicar la inteligencia emocional para comprender el miedo y superarlo con la acción.

A continuación se presentan las pautas para actuar desde una perspectiva individual, una perspectiva social y una perspectiva legal.

El académico entiende la innovación y la transferencia como comercialización, y no como “estructuración del conocimiento” o como que su conocimiento tiene valor y dar ese valor es ser profesional, tomarse en serio y ser responsable del impacto de verdad que se quiere dar con la investigación. Como dijo muy bien el profesor Chesbrough (el padre de la innovación abierta), la innovación se trata de comercialización, lo que significa que la innovación se trata de negocios y hacer negocios con conocimiento.

Si queremos ayudar a las universidades, académicos y científicos a compartir su conocimiento con la industria y sociedad, cuanto más “estructuralización del conocimiento” mejor. Y para que funcione una colaboración entre universidad y empresa. La experiencia ha demostrado que cuanto más clara sea la definición de todos los aspectos de la colaboración en las fases iniciales (hablar de dinero incluido), más fluida y rápida funcionará la colaboración. La mentalidad que hay que tener es que se está creando un equipo.