Por qué creímos durante 126 años que Graham Bell inventó el teléfono

El fundador de la actual AT&T fue el primero en patentarlo, tras poder examinar el prototipo de Antonio Meucci desarrollado años antes sin que el italiano lo supiera.

Alexander Graham Bell, mejor empresario que inventor.
Alexander Graham Bell, mejor empresario que inventor. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Para cualquiera que pasara por el sistema educativo durante el siglo pasado, el nombre de Alexander Graham Bell está ligado a la autoría de uno los inventos más revolucionarios del XIX, el teléfono. Sin embargo, el estadounidense Bell fue públicamente desposeído del título de inventor del teléfono por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos en el año 2002. Sí, él lo había patentado en 1876, pero la invención correspondía al italiano Antonio Meucci y la culpa de que le fueran privados los honores durante 126 años la tuvieron sólo diez dólares y confiar en la persona equivocada.

Antonio Santi Giuseppe Meucci, nacido en Florencia en 1808 e inmigrante en Nueva York en 1839, fue un ingeniero industrial y químico que realizó a lo largo de su vida varias aportaciones relevantes al mundo de la ciencia y la tecnología. Desarrolló nuevos sistemas para el galvanizado del metal y la depuración del agua, además de introducir la parafina en la fabricación de velas. Logró convertirse en una figura relevante de la comunidad italiana en la ciudad de Nueva York gracias a su fábrica de velas, pero cuando dio con el invento de su vida estaba en una situación económica precaria que, indirectamente, le serviría a Bell la autoría del “invento” de su vida.

El teletrófono, 22 años antes de la patente de Bell

Entre su etapa italiana y americana, Meucci vivió en Cuba desde 1835 a 1839. Allí descubrió que la transformación de vibraciones sonoras en impulsos eléctricos permitía transmitir la voz a través de un cable. Pese a lo significativo del avance, Meucci no supo ver las posibilidades del invento sobre el que Bell construiría su imperio empresarial años más tarde y no lo retomó hasta 1854.

En aquel año, la esposa de Meucci, Esther Mochi, debía permanecer inmovilizada en la cama por un problema de artritis deformante. Su dormitorio se encontraba en la segunda planta de la casa de Staten Island que habitaba el matrimonio, mientras que la oficina del inventor se hallaba en la planta baja. Para poder comunicarse con ella, Meucci trabajó sobre el descubrimiento que había realizado en Cuba y construyó un muy primitivo teléfono que le permitía hablar con su esposa de planta a planta. De nuevo, Meucci dio prioridad a otras ideas en las que trabajaba y, aunque en 1860 realizó la primera demostración pública, no intentó presentar una patente de lo que él bautizó como teletrófono hasta 11 años después.

El inventor del teletrófono, Antonio Meucci.
El inventor del teletrófono, Antonio Meucci. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Cuando quiso patentarlo en 1871, el inventor italiano no pudo reunir los 250 dólares (unos 7.700 euros de hoy) que requería una patente registrada. Sí pudo pagar un “aviso” de diez dólares (unos 300 euros actuales), un trámite preliminar a la patente, que protegía su invento durante un año. Pudo renovarlo en 1872 y 1873, pero no en los años posteriores, por lo que cuando Graham Bell quiso registrar su patente del teléfono la creación de Meucci no estaba protegida legalmente.

El que no corre, vuela

El mayor error de Meucci no fue no poder renovar el aviso de su patente, sino confiar en quien no debía. Antes de la patente de Bell, el inventor italiano había comenzado a mover de nuevo su teletrófono. Meucci envío un prototipo a Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la Western Union Telegraph Company, pero nunca consiguió la reunión y tampoco le fue devuelto el teletrófono enviado. Según recoge la resolución en la que la Cámara de los Representantes de los Estados Unidos reivindicaba la autoría de Meucci, Wester Union permitió a Bell, que trabajaba con ellos en aquel momento, el acceso a la máquina de Meucci. Bell llevaba años trabajando en una forma de transmitir voz por el “hilo eléctrico”, pero fue el teletrófono de Meucci el que le permitió avanzar en su propio teléfono que patentaría el 7 de marzo de 1876.

Imagen de la patente que Graham Bell registró en 1876.
Imagen de la patente que Graham Bell registró en 1876. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Meucci reclamó y litigó contra Bell durante años y no fue el único. Otro inventor que había trabajado con Bell, Elisha Grey, acudió a registrar su teléfono en la oficina de patentes el mismo día que Bell, solo que dos horas más tarde.

Graham Bell fundó la Bell Telephone Company solo un año después. La compañía jugó un papel fundamental en el desarrollo de las telecomunicaciones en Estados Unidos y otros países y, de hecho, hoy en día continúa operando bajo el nombre de AT&T.

Alexander Graham Bell inaugurando la línea telefónica de Nueva York a Chicago en 1892.
Alexander Graham Bell inaugurando la línea telefónica de Nueva York a Chicago en 1892. FOTO: La Razón (Custom Credit)

Sin embargo, Meucci consiguió una victoria legal, pírrica, tan solo dos años antes de su muerte. En 1887 se anuló la patente de Graham Bell por fraude y falsedad, sentencia que sería recurrida y confirmada años después por el Tribunal Supremo. Sin embargo, Meucci, que falleció en 1889, jamás pudo disfrutar del reconocimiento de su invento. Aunque legalmente ya era de nuevo el inventor del teléfono, él no estaba respaldado por una compañía tan poderosa e influyente en aquel momento como la National Bell Telephone Company. En el imaginario popular, el estadounidense quedó como inventor del teléfono aunque solo fue el primero en patentarlo y el bueno de Meucci tuvo que esperar 128 años a que una institución de peso como la Cámara de los Representantes de Estados Unidos restableciera de nuevo su autoría.