“¡Qué timo!” Resumen de una tarde en Sevilla

Daniel Luque da la única vuelta al ruedo en todo el festejo con un deslucido y mal presentado encierro de Fuente Ymbro

Luque, a la verónica al tercero, en Sevilla
Luque, a la verónica al tercero, en Sevilla FOTO: Kiko Hurtado

Hay cosas que sobre el papel se presienten, se intuyen, no era difícil adivinar la salida a escena del primer toro con 630 kilos y camino de los seis años. El animal salió con la calma, como quien se las sabe todas y está de vuelta y eso que después se dejó en la muleta de Antonio Ferrera, que abría plaza, sobre todo por el zurdo. Pero la faena no pasó a mayores, ni a menores, es decir, no ocurrió nada relevante más que ser la antesala de lo que vino después... Ejem...

Una ruina

Tampoco era difícil adivinar el resultado del festejo con la presentación y estilo de la corrida de Fuente Ymbro. Algunos pasados de largo los 600 kilos y muy cerca, todos, de los seis años. Por si fuera poco a contraestilo de uniformidad y en las antípodas de la presentación del toro de esta plaza. ¿Alguien se acuerda? Una ruina, vamos. Y eso es lo que vino después ante el estupor del público que se iba descolocando según salían toros al ruedo, gordos como pelotas, algunos descarados de pitones, y huecos de casta. Sevilla no se merece esto. A La Maestranza se le debe respetar la categoría.

Ferrera, en Sevilla
Ferrera, en Sevilla FOTO: Kiko Hurtado

La emoción estuvo en busca y captura durante toda la faena del segundo. Con 80 kilos menos que el anterior, le fallaron los cuartos delanteros a la hora de la verdad y entre que se caía e iba para aquí y para allá la faena resultaba un imposible. Regresó el extremeño Miguel Ángel Perera a la plaza, la segunda de San Miguel. Ni el temple ni lo despacio que lo intentó torear argumentó una labor a un fuenteymbro de escaso contenido.

Cadencia de Luque

Luque, que también había pasado por esta plaza, quiso volver navegando en las profundidades del capote. Hasta los medios se llevó a ese tercer toro por verónicas, las que daba por el zurdo que el toro viajaba más tuvieron toda la cadencia del mundo. Así el final, la media. Y el resto de lances que vinieron a dar cuenta de su puesta en escena. Se fue el toro a caballo de picar que hacía puerta y derribó. En medio de la confusión se llevó por delante el toro a Luque y fue un milagro que no pasara nada. Lo tenía tan claro el de Gerena, que brindó al público y entonces entre las rayas del tercio, se dispuso a torear. Desmayado, aunque duró un suspiro. El toro se movió sin entrega mediado el viaje y la faena bajó enteros.

Quiso con el sexto, pero no dio el fuenteymbro para hacerse muchas ilusiones. No se salió del patrón marcado y solo quedó el esfuerzo de Daniel Luque, que lo intentó, insistió y se dejó llegar los pitones.

Como si le pesara la vida acudió el cuarto a la muleta de Antonio Ferrera, pero con ese punto de estar de vuelta. No quiso empujar el toro en la muleta y la faena fue un imposible.

Sufrieron lo banderilleros con el quinto, que esperó muy cerrado en tablas y eso, a la espera, sin dar un tranco a favor. Curro Javier se desmonteró después de hacer un alarde de pundonor. Lo primero que hizo Perera fue intentar quitarle esa querencia tan acentuada que tenía y logró retenerle en el tercio, aunque fue entonces cuando le faltaron las fuerzas. ¿Qué más? Pues poco. Los múltiples intentos de Perera por sacar agua de ese pozo seco, porque el toro quería pero le faltaba casta para empujar de verdad. “!Qué timo!”, decía una señora del público para retratar la tarde. ¡Y no era para menos!