Málaga

Con el viento en contra

Jiménez Fortes consigue dos orejas en su encerrona benéfica en Málaga

El malagueño torea al natural con el estoque simulado
El malagueño torea al natural con el estoque simuladolarazon

Málaga. Corrida Picassiana. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, Jandilla (2º), Garcigrande (3º), El Pilar (4º), y El Torero (6º), muy bien presentados y de juego desigual. Destacaron el 2º, el 4º y el 5º. Dos tercios de entrada.

Jiménez Fortes, de verde manzana y oro, como único espada, metisaca, estocada (ovación); pinchazo, estocada tendida, aviso (ovación); estocada, aviso (palmas); dos pinchazos, estocada (ovación); estocada (oreja con petición de la segunda); estocada (oreja).

Ya el paseíllo, envuelto en un silencio sepulcral, era sospechoso, porque al fin y al cabo Saúl Jiménez Fortes es un joven torero de la tierra que iba a lidiar seis toros gratis, y por una buena causa. Debió sentirse muy solo en aquel acto de cruzar el ruedo sin un aplauso, pero no tanto como cuando, de principio a fin de su complejísima apuesta, comprobó cómo un viento infame se interponía entre su muleta y las embestidas de los toros, algunos muy buenos, por cierto.

Porque embistió con clase el de Jandilla; fue bastante claro el segundo de los de Cuvillo; noble el de El Pilar; y también se dejó mucho el de El Torero. Pero con ese aire, lo de torear bien era casi imposible con la muleta, y una auténtica quimera con el capote, herramienta que sólo fue capaz de manejar como si no hiciese viento un banderillero de altísimo nivel como es José Antonio Carretero. Su jefe de filas los tiene bien puestos, y por ahí solventó la papeleta, yo diría que con algo más que dignidad, pese a aquel Poniente enfurecido que le impidió relajarse y provocó continuos enganchones, desarmes y sustos.

La pura verdad es que Jiménez Fortes salió por su pie de la plaza de verdadero milagro. Quieto como un palo, aguantó acometidas de todos los colores mientras su única defensa, la muleta, revoloteaba ingobernable. A pesar de ello, destacó la faena al quinto, de menos a más, muy ligada y de mucha emoción, y algunos muletazos con temple al segundo, cuarto y sexto toro. Lo demás fue una batalla contra los elementos.

Sus faenas tienen difícil análisis técnico, pues estuvieron marcadas por las jugarretas de Eolo. No pudo estar a gusto nunca y le fue imposible conjuntar una serie completa de muletazos con limpieza, pero a cambio puso en todas y cada una de sus faenas una ambición, una voluntad y un valor seco que le llevaron a un triunfo legítimo: por mucho que el torero esperara algo mejor, y sus enemigos (que ya los tiene) le desearan lo peor. Al final nadie quedó plenamente satisfecho.