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Miguel Ángel Silvestre: “No frivolizo con el dolor de Pablo Ibar”

El intérprete encarna al preso de origen español en «En el corredor de la muerte».

Miguel Ángel Silvestre
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El intérprete encarna al preso de origen español en «En el corredor de la muerte».

Tras el éxito de «Sin tetas no hay paraíso» y «Velvet», Miguel Ángel Silvestre estuvo en un tris de perpetuarse como el galán de la televisión patria. Es verdad que sus hechuras se aliaban para etiquetarle en ese estatus, pero el actor logró quitarse esa camisa de fuerza para que el espectador viese que es un intérprete con trastienda. Sin dar su carrera por sentado, tuvo el olfato y los arrestos de probar suerte en producciones internacionales. Así, encarnó a un villano en «Narcos» y se entregó a los brazos de las hermanas Wachowski para que hicieran de él lo que quisiesen en «Sense 8». Ahora vuelve a nuestro país para interpretar a Pablo Ibar –el preso que está a la espera de la sentencia que dictará si le condenan a la cadena perpetua o a la pena capital en Estados Unidos por unos crímenes que no cometió– en «El corredor de la muerte», una producción de Movistar+ en colaboración con Bambú.

–Por primera vez interpreta a un personaje real que, además, está en una situación límite.

–Ha sido un aliciente, pero también una responsabilidad porque estamos contando la historia de un hombre que se está jugando la vida. Me acerqué a él con respeto y desde la honestidad.

–¿Era para usted imprescindible creer en su inocencia?

–Si no fuese así no tendría sentido que hubiese aceptado el papel. Y le digo por qué: he experimentado una tormenta emocional muy fuerte. Durante el rodaje he vivido momentos bonitos desde el punto de vista de la interpretación, pero luego recordaba que el que es la víctima y está en la cárcel es él y me sobrevenía un complejo de culpabilidad y de sentimientos encontrados. Me preguntaba: «¿Cómo puedo disfrutar cuando Ibar lo está pasando tan mal?». A veces no entendía lo que me sucedía.

–¿Ha hablado con Pablo Ibar?

–Me hubiese gustado. Incluso pregunté si podía ir a la cárcel de Miami donde está, pero estaba en pleno proceso judicial y solo podía visitarle su abogado. Ni siquiera podía tener contacto con su familia.

–¿Y con su padre?

–No quise por pudor. Considero que sus familiares están viviendo una pesadilla que parece no tener fin y me parecía que estaba de más. En unos momentos como estos, ¿qué les iba a preguntar? Me hubiese sentido como un intruso.

–El director de «En el corredor de la muerte», Carlos Marqués-Marcet, dice que está sorprendido porque su inmersión en el personaje ha sido total, sobre todo ha cuidado el acento.

–Es lo menos que podía hacer... Aunque su padre es vasco, su madre es cubana y se crió con ella, por lo que tiene un acento muy marcado. Me busqué un «coach» y me preparé a conciencia. En contra de lo que puedan pensar los espectadores no resta espontaneidad a la actuación, aunque también tengo que decir que no sé muy bien por qué se valora tanto intentar ser lo más fiel al personaje que vas a interpretar. Es nuestro oficio.

–¿Cómo se vive la experiencia de estar en la cárcel, aunque sea en la ficción?

–Sería muy pretencioso por mi parte hablar de lo que se experimenta en una prisión. Solo le puedo decir que he intentado transmitir la soledad, el agobio y la desolación que Ibar siente. Seguro que la cámara lo ha recogido, pero no quiero frivolizar con esos sentimientos porque yo no he sentido esa presión.

–¿Se ha llevado a Pablo Ibar a casa?

–No, pero sí que he aprendido que somos unos privilegiados por poder disfrutar de la libertad; no solo físicamente, también desde el punto de vista psicológico.

–¿Ha cambiado su posición sobre la pena de muerte, si es que la tenía, después de participar en la serie?

–Opinar o juzgar el comportamiento de alguien en una situación cotidiana ya me parece una osadía que, además, se hace con impunidad. Si encima lo que se está valorando es si una persona debe vivir o no... Ni le cuento. Para empezar, la Justicia nunca debería de tomar una decisión desde la pasión. Me quedo con una frase que dice mi personaje y que me la he apuntado como máxima para el resto de mi vida: «No se puede practicar el ojo por ojo hasta quedarnos todos ciegos».