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El mundo sufrió un estrés climático sin precedentes durante la última década

Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

03 de julio de 2013. 19:00h

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Madrid. 3/7/2013

El planeta sufrió extremos climáticos "sin precedentes" durante la última década en la que excepto 2008, todos los años estuvieron entre los diez años más cálidos de la historia, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que refleja que los extremos están empeorando y las emisiones de gases de efecto invernadero están aumentando.

Según el estudio 'El estado del clima mundial 2001-2010. Un decenio de fenómenos climáticos extremos', el mundo sufrió en este periodo desde olas de calor en Europa a sequías en Australia e inundaciones en Pakistán, con una situación de fondo de calentamiento global.

Concretamente, expone que cada uno de los años de esta década menos 2008 se situaron entre los diez más cálidos desde el récord de 1850 y, de ellos, 2010 fue el más caluroso, de acuerdo con el estudio de la OMM, que añade que el número de días de récord de calor "se aleja de los niveles bajos".

El documento señala que muchos de estos extremos podrían explicarse por las variaciones naturales --tormentas anormales e inusuales y sequías que han ocurrido a lo largo de la historia-- pero el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el hombre, es decir, de origen antrópico, también han jugado su papel.

El secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, Michel Jarraud, ha manifestado en un comunicado que el aumento de concentraciones de calor a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero "están cambiando el clima" y que esto tiene implicaciones de largo alcance en el medio ambiente y en los océanos, que están absorbiendo el dióxido de carbono y el calor.

El estudio señala que los daños extremos incluyen el huracán Katrina que afectó a Estados Unidos en 2005; el ciclón Nargis en Birmania en 2008; las inundaciones en Pakistán en 2010, las sequías en la cuenca del Amazonas, Australia y el este de Africa así como el retroceso de hielo en el Océano Artico.

20% más de muertes que en 1990

Además, los fenómenos extremos provocaron las muerte de 370.000 personas, un 20 por ciento más que en 1990, en un periodo en el que la población aumentó de 5.300 millones de habitantes en 1990 a 6.900 millones en 2010. El incremento de la tasa de muerte fue provocado principalmente por la ola de calor que vivió Europa en 2003, donde murieron 66.000 personas, y la ola de calor de Rusia en 2010 que provocó la muerte a 55.000 personas.

Asimismo, el documento señala que el 44 por ciento de los países batieron récord de temperaturas máxima más alta de los últimos 50 años en la década 2001-2010, frente al 24 por ciento registrado en el decenio de 1991-2000. Sin embargo, solo el 11 por ciento informó de un nuevo récord de temperatura mínima entre 2001 y 2010 frente al 32 por ciento que lo hicieron en la década 1961-1970.

Jarraud ha añadido que esta década ha continuado un extenso periodo de aceleración del calentamiento global, con una anomalía térmica positiva de 0,21 grados centígrados más cálida que la media del periodo 1991-2000 que, a su vez, fue 0,14 grados centígrados más cálida que la década anterior.

Según el estudio, este decenio fue el más caluroso en ambos hemisferios y se ha producido una rápida disminución del hielo marino del Artico y una aceleración de la pérdida de la masa neta de las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia y de los glaciares del mundo. Como resultado de este derretimiento generalizado y de la expansión termal del agua del mar, la media mundial del nivel del mar aumentó unos 3 milímetros por año, aproximadamente el doble de la tendencia que se había observado en el siglo XX, de 1,6 milímetros al año. El nivel medio del mar a nivel mundial es en la actualidad 20 centímetros más elevado que en 1880.

Respecto a la concentración de gases de efecto invernadero, el informe de la OMM constata un aumento y precisa que, a nivel mundial el dióxido de carbono llegó a 389 partes por millón en 2010, es decir, un 39 por ciento más que al inicio de la era preindustrial, en 1750. Mientras, el metano llegó a 1.808,0 partes por mil millones (158%) y el óxido nitroso a 323,2 partes por mil millones (20%).

Aumento significativo y progresivo

El secretario general de la OMM ha destacado que el informe muestra que el calentamiento fue "significativo" entre 1971 y 2010 y que la tasa decenal de aumento registrada entre 1991 y 2000 y entre 2001 y 2010 "no tenía precedentes".

"El aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor están cambiando nuestro clima, lo que tiene importantes repercusiones sobre nuestro medio ambiente y nuestros océanos, que están absorbiendo tanto dióxido de carbono como calor", ha alertado.

Al mismo tiempo, Jarraud ha subrayado que el documento refleja teniendo en cuenta la variabilidad natural del clima, causada en parte por las interacciones entre la atmósfera y los océanos, como han puesto de manifiesto los episodios de El Niño y La Niña, se traduce en que unos años son más fríos que otros. "Si se examina con carácter anual se observará que la curva de la temperatura mundial no es gradual. A largo plazo la tendencia subyacente es claramente al alza, más aún en los últimos tiempos", ha apostillado.

El informe de 100 páginas incorpora los resultados de una encuesta única dirigida a 139 Servicios Meteorológicos e Hidrológicos de distintos países, y datos socioeconómicos de varios organismos y asociados de la Organización de Naciones Unidas.

Por ello, el secretario general de la OMM ha manifestado que los servicios climáticos son "más necesarios que nunca para hacer frente

a los cambios mundiales del clima, que se ven acentuados a escala regional y nacional".

El informe analiza los distintos fenómenos extremos como lluvias torrenciales, inundaciones, ciclones (511 entre 2001 y 2010), entre otros fenómenos, así como las repercusiones en la mortalidad, epidemiología y refleja que se están realizando nuevas investigaciones sobre la posibilidad de atribuir fenómenos extremos individuales al cambio climático más que a la vulnerabilidad natural.

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