Siete plantas medicinales que puedes encontrar en la puerta de tu casa

Los remedios naturales fueron durante milenios la única medicina con la que contábamos: hoy cabalgan entre el peligro, la ciencia y la superstición

Las infusiones naturales son en ocasiones muy buenos remedios ante los problemas de salud.
Las infusiones naturales son en ocasiones muy buenos remedios ante los problemas de salud.congerdesign Pixabay

Cuando te conviertes en un forofo de la botánica y te dispones a pasear por el campo, el paisaje que atrapan tus ojos es diferente al de cualquier otra persona. Donde unos observan bonitas florecitas de colores variopintos y tallos retorcidos, espirales y pétalos, otros palpan cuidadosamente a la criatura, miden sus hojas, olfatean sus raíces, si tienen suerte incluso pueden llevarse una pequeña muestra a casa para aplastarla durante varios días hasta que se seque. Unos podan las flores más aromáticas para colocarlas en el jarrón de la entrada; otros seleccionan según los cánones de una belleza oculta - la belleza del conocimiento - y encierran sus colores en los libros para que se mueran.

La botánica de los aficionados se ha convertido entonces en un arte milenario que cabalga hoy entre la ciencia y lo fantástico, entre la incredulidad y la fascinación. Desde los años en que corríamos tras los mamuts en taparrabos hasta hoy, que corremos trajeados y detrás de criaturas mucho más peligrosas, desde que el hombre se autoidentificó como tal, la botánica ha recorrido sin remedio la sangre de la humanidad, con sus errores y sus aciertos. Pese a que la medicina convencional actual ha refutado los usos de algunas plantas, a la vez que ha multiplicado en sus laboratorios los fascinantes efectos de otras, la idea de encontrar pedazos de esta fantasía científica diseminados por el campo es absolutamente excitante. Un lujo que nos regala la tierra por cada primavera.

Malva común (Malva sylvestris)

Malva común.
Malva común.papazachariasapixabay

Fácil de encontrar en los climas secos y soleados, en especial a los bordes de los caminos, en yermos y escombreras. Sus pétalos violetas saetados por venas oscuras vuelven sencillo reconocerlas. Tanto las flores como las hojas contienen importantes cantidades de mucílagos (al igual que el membrillo o las semillas de chía), aunque también aportan taninos y flavonoides. La capacidad antiinflamatoria del mucílago hace que una infusión de malva sea útil para combatir los catarros, toses y gastroenteritis.

Hipérico perfoliado (Hypericum perfoliatum)

Flor de San Juan.
Flor de San Juan.NickyPpixabay

También conocida como flor de San Juan, esta bonita flor amarilla habita los pastos pobres, escombreras, yermos y baldíos, aunque también pueden encontrarse a los bordes de algunas carreteras. Su historia en relación con el ser humano siempre se ha desarrollado a caballo entre sus propiedades mágicas y las curativas. Si durante el medievo se utilizaba para proteger a los supersticiosos contra brujas y hechizos, en la actualidad se conoce que su aceite reduce los estados depresivos con bastante acierto. 25 gramos de flores de San Juan (frescas) que se han dejado reposar durante tres semanas en un bote con aceite de almendras, sirven bastante bien para las quemaduras solares o quemaduras de bajo grado. Pero cuidado: una vez aplicado el aceite debe mantenerse la piel alejada de la luz solar, o de lo contrario las irritaciones podrían empeorar.

Coriandro (Coriandrum sativum)

Coriandro, cilantro.
Coriandro, cilantro.Pitschpixabay

Aunque el uso de esta planta se resume mayoritariamente a su uso gastronómico, en especial en las cocinas asiáticas, la verdad es que pocos países son mejores que España (o cualquiera de los mediterráneos) para encontrar coriandro o cilantro en su estado silvestre. Caracterizada por el olor desagradable de la planta y sus hojas superiores con segmentos estrechos, en la medicina popular estimula la salivación y la formación de jugos gástricos, facilitando así las digestiones. Una infusión de cilantro a la que se añadan frutos de anís, hinojo y alcaravea, previamente majadas en el mortero, sirven como excelente remedio para los gases y espasmos gastrointestinales leves.

Hierba de San Gerardo (Aegopodium podagraria)

Hierba de San Gerardo.
Hierba de San Gerardo.Caronna Creative Commons

Es tan habitual encontrar esta planta en los jardines y las zonas con mucha humedad, que la mayoría de los jardineros tienden a tratarla como una mala hierba. Sin embargo su infusión de hojas se considera un remedio excelente para combatir el reuma y la ciática, mientras las hojas frescas y machacadas sirven para aliviar el escozor que provocan las picaduras de los insectos. Nada de esta planta se desaprovecha. Incluso sus frutos en infusión, o sus hojas machacadas y añadidas a las carnes que vayamos a comer, facilitan la digestión y alivian problemas gastrointestinales leves.

Zarzamora (Rubus fruticosus)

Zarzamora silvestre.
Zarzamora silvestre.Gerhard_Romeropixabay

Todos conocemos esta simpática pero picajosa planta que florece en primavera y ofrece sus primeros frutos al comienzo del verano, que crece en forma de setos tanto en zonas urbanas como rurales. Todos conocemos sus frutos ácidos y sabrosos, pequeñas bombas de vitaminas. Lo que pocos saben, sin embargo, es que sus hojas también contienen un puñado de propiedades nada despreciables: sus hojas pardas, una vez fermentadas, sirven como excelente sustituto al té negro; mientras sus hojas secas y preparadas en infusión sirven como remedio para la diarrea y las inflamaciones o irritaciones de garganta.

Manzanilla (Matricaria recutita)

Flores de manzanilla.
Flores de manzanilla.MabelAmberpixabay

Prácticamente todos nos hemos tomado una infusión de manzanilla en alguna ocasión, ideal para combatir las molestias gastrointestinales, los trastornos menstruales, la inflamación de las mucosas, las enfermedades renales y de la vesícula. Y no lo digo yo, ni la medicina popular, sino que es la misma ciencia contemporánea quien avala sus propiedades sin reservas. Lo mejor de esta planta es su abundancia en España, tanto cultivada como silvestre en carreteras y caminos, incluso en campos de cereales. Esta es una planta medicinal muy antigua, parecida a la margarita aunque de mayores dimensiones y con los flósculos más abultados.

Ortiga común (Urtica dioica)

Ortiga florecida.
Ortiga florecida.Couleurpicxabay

Este vegetal con pinta tan puñetera y tan mal vista por todo aquel que pasea por el campo en pantalones cortos es en realidad una de las plantas más útiles y abundantes que podemos encontrar durante la primavera. Dicen que la mejor forma de cogerlas consiste en “atontarlas” previamente, golpeándolas con un palo, aunque en realidad no hay nada mejor que un buen par de guantes en estos casos. Sus hojas secas y mezcladas con agua se consideran un excelente remedio anticaspa, y las propiedades diuréticas de la planta la vuelven excelente para prevenir los cálculos en la vejiga o tratar las inflamaciones del aparato urinario. Su forma de consumo es la infusión de hojas secas. Los antiguos también la utilizaban como purgante.

Aviso a navegantes: las plantas son peligrosas

Y mucho. Si bien existen cientos de plantas cuyas propiedades son del todo fantásticas para nuestra salud, un error de identificación puede acarrearnos duras complicaciones. Al igual que un ojo inexperto puede confundir la planta del perejil con la cicuta (esta última horriblemente venenosa), también podría mezclar las flores de manzanilla con las flores de magarza, que no deben tomarse en caso de embarazo o durante la lactancia, además de que pueden provocar fuertes alergias al contacto. Igual que existen flores como la caléndula con maravillosas propiedades antiinflamatorias, cierto helecho que crece de forma habitual en el norte peninsular provoca la ceguera inmediata. De la misma manera que un buen número de plantas conducen a intoxicaciones y abortos.

Si quieres sumergirte en el complejo mundo de las plantas medicinales, lo mejor será que cuentes con la ayuda de un experto, y que nunca te lances a probar nada cuyos efectos no puedas remediar. Aunque los champús de ortiga (risas), las frutas de zarzamora y los aceites de flor de San Juan son del todo inofensivos y sumamente útiles si queremos sustituirlos por productos de laboratorio.