Viaje a Chulilla, una localidad bastante chula

En el interior de Valencia destaca un interesante pueblo con actividades para escaladores, historiadores amateur y amantes de la naturaleza

Chulilla.
Chulilla. FOTO: Alfonso Masoliver

Y ocurre que una gélida noche yo estaba en la furgoneta buscando destinos, aparcado en el parking municipal de Trujillo, deslizando a oscuras el dedo por el mapa del móvil y me encuentro, me encuentro con el insinuante nombre de una localidad valenciana: Chulilla. Y pienso para mis adentros: caray, pues si se llama Chulilla y además es una localidad chula, podría escribir un artículo utilizando un juego de palabras que quedaría la mar de gracioso.

Ansioso por desvelar al lector un pedacito del Universo genial y entumecido, conduje escuchando mi lista de música favorita al susodicho pueblo, Chulilla, expectante por saber si haría honor a su curioso nombre. Y fíjate por donde: Chulilla es bastante chulo, no cabe duda.

Chulo para los escaladores

Los riscos de Chulilla convierten esta localidad en uno de los destinos más codiciados por los escaladores europeos.
Los riscos de Chulilla convierten esta localidad en uno de los destinos más codiciados por los escaladores europeos. FOTO: Alfonso Masoliver

Esta localidad es chula incluso para la gente chula. Creo que en el mundillo deportivo pocas cosas son más chulas que un surfista, un paracaidista o un escalador. Esos se juegan el pellejo con las fuerzas más irrevocables de la naturaleza (el mar, la gravedad, las mismísimas montañas) y los mortales corrientes observamos sus excitantes danzas al son de las leyes de la física, pensando para nuestros adentros: ese tipo, o esa tipa, esos si que son chulos de verdad. Y por lo general también son bastante simpáticos. Entonces pocos clichés son más excitantes que encontrarnos con un personaje chulo en Chulilla, trepando uno de sus altos muros de roca caliza y disponibles para los entusiastas de la escalada. La localidad cuenta con más de 60 sectores de escalada, 950 rutas equipadas y bastantes rutas vírgenes por equipar, convirtiendo al pequeño pueblo valenciano en uno de los destinos más apetitosos de Europa para los escaladores. Aunque los primeros pinitos de escalada efectuados en Chulilla sucedieron en la década de 1970, no fue hasta 1990 que se estableció como un destino fundamental para los escaladores españoles, en parte gracias a los esfuerzos del club de escalada local Loriguilla.

El Muro de las Lamentaciones, Odín, Sonrisas Killer, Más Allá, Moratón, Pata Negra... solo son algunos de los nombres que sujeta la tentación de roca atrancada en Chulilla, disponible a lo largo de todo el año para las manos blanqueadas del valiente. Pero, atención al dato, además tenemos un aliciente nada despreciable. Y es que en lo alto de los riscos de Chulilla se encuentran los restos de su vieja fortaleza. Así, el escalador no solo estará haciendo deporte; participará de la mano del sudor y de la imaginación en un ejercicio milenario, el asalto a un castillo vuelto realidad como actividad estrella del fin de semana. Mientras trepa los muros y jadea podrá imaginar las flechas que silban a su alrededor, los improperios, las duchas de aceite hirviendo... en definitiva cualquier medio defensivo que dispongan los fantasmas del castillo.

Chulo para los amantes de la Historia

Vista completa de la localidad de Chulilla.
Vista completa de la localidad de Chulilla. FOTO: Saaaaa dreamstime

En este mismo castillo se aprecia el valor histórico de la localidad. Ya desde la carretera divisábamos su sinuosa figura, como una serpiente de piedra adormecida y recostada al borde de los peñascos. Aunque su función en el pasado era puramente defensiva, y las ruinas actuales se limitan a sencillos muro de piedra y torreones desvalijados, no requiere demasiado esfuerzo subir la cuesta que lleva a sus muros (el acceso ideal para quienes no escalamos), posar la palma de la mano sobre su piedra cálida y escuchar, si no percibir el trémulo zumbido de miles de voces del pasado que siguen atrancadas en las esquinas.

Agudiza el oído. Hasta aquí nos llegan los ecos de las fuerzas carlistas durante el demoledor asedio que sufrió el castillo por parte de las tropas gubernamentales, tan demoledor que las ruinas que vemos ahora son producto de esa batalla que debió ser terrible y muy sufrida para los atacantes situados en el valle. Incluso podemos apreciar el calor intenso que hizo durante esos días, ¿verdad que sí?

Y por si el castillo no fuera lo suficientemente chulo, a veinte metros escasos del río Turia, muy próximo a la localidad, podemos encontrar un precioso ejemplo de arte prehistórico en las pinturas rupestres del barranco de Falfiguera, descubiertas en 1998 casi por casualidad, por casualidad, como suele ocurrir con los acontecimientos más chulos, como el día aquél en que Alexander Fleming descubrió accidentalmente la chulísima penicilina. Aunque las pinturas se encuentran en un estado bastante deteriorado, no deja de ser impresionante cuando vemos un dibujo que hizo nuestro trastatatatarabuelo lejanísimo por alguna razón fundamental que todavía se escapa a los expertos más experimentados del planeta.

Chulo para los amantes de la naturaleza

La Charca Azul se encuentra a las afueras de Chulilla, oculta por la roca.
La Charca Azul se encuentra a las afueras de Chulilla, oculta por la roca. FOTO: Ruth Laguna De Heras dreamstime

Esto no para. Chulilla también tiene regalos para los amantes de la naturaleza. A doscientos metros de la salida de la localidad (en dirección a Losa del Obispo) y muy próximos al río Turia, cuelgan los bellísimos puentes colgantes cuya visita indispensable puede realizarse en una asequible marcha para toda la familia (incluso para el adolescente quejica y remolón) y que no excede de la hora y media de duración. En esta ruta podemos zambullirnos en la roca que conforma el complejo de Chulilla, bucear dentro de esa roca como si fuésemos criaturas conformadas por un material distinto al carbono, como si fuéramos seres mágicos durante unos momentos, como ninfas, como duendecillos del bosque que se pasean las rutas recónditas de los intestinos de la tierra. Y si convertirnos en ninfas y duendes mientras paseamos las mismísimas vísceras de la tierra valenciana no es algo chulo, entonces que baje J.R.R. Tolkien y lo vea.

El agua que regurgita en la Charca Azul es de un azul intenso, imitando con facilidad los jugos gástricos de la madre naturaleza. Un paso en falso, una zambullida a destiempo, y nuestro cerebro atribulado por los muros de piedra alzándose sobre nosotros puede imaginar nuestra desintegración absoluta al contacto con el agua. Es pavoroso pero, ¿por qué no?, quizá esta sensación de peligro imaginada pueda aportar un matiz todavía más excitante a todo el asunto de Chulilla.

La hoces del río Turión, las canalizaciones efectuadas a principios del siglo XX, la Cueva del Gollizno que se transforma en cascada los días que llueve mucho, la desconocida Peña Judía... son tantos y tantos recovecos de naturaleza escondidos al ojo despistado...

Chulo para todos

Pueblo de Chulilla.
Pueblo de Chulilla. FOTO: Alfonso Masoliver

Basta con un paseíllo por el casco urbano, y ya completaríamos al ración de chulería inherente a Chulilla. Pero atención, no se trata de una chulería macarra, al estilo de Danny Zuko haciendo el imbécil con sus amigos en el aparcamiento, no es una chulería de chupa de cuero barata. En Chulilla reinterpretamos el concepto de la palabra mientras caminamos entre sus cuidadas casitas blancas, algunas de ellas centenarias, con los balcones mimosamente decorados porque justo por estas fechas se celebra un concurso de balcones. Es un chulería diferente a la que el cine nos tiene acostumbrados. Una chulería visceral merodeando su castillo, una chulería casi mortal aferrada a los salientes de sus muros de piedra virgen, una chulería hipnótica reflejándose en las ondas azules de su charca escondida. Una chulería atemporal. ¿Y qué más cabe decir? Qué quizá fueron demasiado modestos cuando pusieron el nombre a la localidad. Chulilla no es, ni mucho menos, supongo esta modestia se debe a algún tipo de humildad cristiana. Lo digo en serio porque después de visitarla, ya puedo confirmar sin temor a equivocarme que esta localidad en realidad es Chulísima.