Granada, el embrujo hecho ciudad

La que fue capital del histórico Reino Nazarí es un destino obligado para todo viajero que se precie por la magia que desprende

Vista panorámica de esta histórica urbe desde La Alhambra
Vista panorámica de esta histórica urbe desde La Alhambra FOTO: Maica Rivera

«Todo curioso viajero guarda a Granada en su corazón, aun sin haberla visitado», William Shakespeare. Cierto, la ciudad de Granada cautiva los sentidos aun sin conocerla, ¿quién no ha oído hablar de su embrujo? Quizás sea por haber sido un reino musulmán durante 781 años —mucho más tiempo que ningún otro territorio de Europa— y por todo lo que le legaron los Reyes Católicos el tiempo que la habitaron tras su histórica conquista, que sus plazas, callejuelas y monumentos son un conjunto de una belleza ecléctica indescriptible. No hay duda, la llamada Ciudad de la Alhambra es un destino obligado para todo viajero que se precie.

Barrios cargados de un especial encanto y miradores de ensueño son algunas de las cosas imprescindibles de ver en Granada. Comenzaremos por el Albaicín, origen de Granada y el barrio más antiguo y mítico de la ciudad. Se caracteriza por su intrincado laberinto de callecitas que es hoy una identidad multicultural en la que las antiguas puertas, aljibes, baños árabes y cármenes conviven con iglesias cristianas —la mayoría levantadas sobre mezquitas— y edificios renacentistas. Es por ello, por su atractivo y valor histórico, que en 1994 fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

El citado barrio alberga, en su parte conocida como bajo Albaicín, los conocidos «tesoros» de la Ribera del Darro: el Paseo de los Tristes, los baños árabes de El Buñuelo y los restos del antiguo Puente del Cadí, entre otros. En lo que es el alto Albaicín se encuentra la alegre Plaza Larga, siempre llena de vida; el famoso mirador de San Nicolás, considerado uno de los mejores lugares del mundo para contemplar la puesta de sol; la Mezquita Mayor de la Alhambra, que fue el primer templo musulmán que se construyó después de más de 500 años de la conquista cristiana; y la Placeta del Cristo de las Azucenas, entre otros muchos lugares en los que merece la pena detenerse.

Los miradores del Albaicín ofrecen espectaculares imágenes como esta, en la que la belleza de Sierra Nevada parece coronar La Alhambra
Los miradores del Albaicín ofrecen espectaculares imágenes como esta, en la que la belleza de Sierra Nevada parece coronar La Alhambra FOTO: Maica Rivera

Confundiéndose con los límites del Albaicín, comienza el barrio del Sacromonte, moteado de casas cuevas, chumberas y pequeñas viviendas encaladas arracimadas en las laderas del Cerro del Valparaíso. Este paisaje urbano y pintoresco es bellísimo y muy peculiar. A la caída de la noche, las cuevas gitanas se llenan de turistas y animación porque en ellas se celebran las zambras flamencas, inspiradas en las antiguas bodas musulmanas; un espectáculo único.

Otros barrios típicos de ineludible visita son el Realejo, que era la antigua judería musulmana; La Chana, recomendado como la mejor zona para ir de tapeo; y, entre otros, El Zaidín, famoso por albergar el Festival de Rock de Zaidín, gratuito y público y que marca el final del verano.

La Alhambra y el Generalife, una visita imprescindible

Si tuviéramos que definir La Alhambra, podría decirse que es un conjunto de antiguos palacios, jardines y fortalezas, inicialmente concebida para alojar al emir y la corte del Reino Nazarí, y más tarde como residencia real castellana y de sus representantes.

Su singularidad artística radica en la sublime belleza de los interiores de los palacios nazaríes, así como su localización y adaptación integrada con la naturaleza preexistente. Es uno de los monumentos más visitados del mundo, y a lo largo de sus siglos de historia, ha inspirado obras tan universales como Cuentos de la Alhambra, creada por el célebre escritor Washington Irving en 1829, quien tuvo el privilegio de alojarse en la Alhambra mientras escribía y recopilaba leyendas y cuentos que fueron la génesis del famoso libro.

Es tal la huella que este escritor estadounidense dejó en Granada que uno de los más emblemáticos hoteles de la ciudad, el Áurea Washington Irving, está inspirado en sus obras. Ubicado a tan solo 400 metros de la Alhambra, literatura, romanticismo y confort se mezclan en este encantador hotel, en cuyas habitaciones y zonas comunes se recrean fragmentos de este literato, logrando sumergir al huésped en el romanticismo del siglo XIX. Y para los más sensibles a la magia del arte de la escritura alojados en este edificio histórico, una magnifica y acogedora biblioteca expone las primeras ediciones de Cuentos de la Alhambra.

Interior de los Palacios Nazaries
Interior de los Palacios Nazaries FOTO: Maica rivera

En la visita a la Alhambra es muy recomendable recorrer el Generalife, un palacio independiente construido en el siglo XIII para el descanso de los reyes nazaríes en las épocas que se retiraban de la vida oficial de la Alhambra. En sus bellos jardines, el murmullo del agua, el aroma de las plantas y la belleza del entorno están combinados de manera que miman los sentidos.

El casco antiguo de Granada, un viaje al pasado

Después de la majestuosidad de la ciudad palatina, es muy aconsejable hacer un recorrido por el casco antiguo de Granada, en pleno corazón de la urbe.

En esta zona encontraremos la Catedral de Granada, un conjunto monumental que incluye el Sagrario y la Capilla Real; visitarlo es disfrutar del arte en todos sus sentidos. Como nota importante hay que destacar que en la Capilla Real descansan los restos de los Reyes Católicos, de su hija Juana I, también llamada Juana la Loca, el esposo de esta, Felipe el Hermoso, y el nieto de los reyes, el infante Miguel de la Paz, que murió siendo un niño. Dentro de lo que es el citado casco antiguo, la Alcaicería, antiguo zoco musulmán de la seda, ofrece, en su maraña de calles estrechas, una multitud de tiendecitas con variados artículos; es otro extraordinario lugar de los que abundan en la ciudad.

Los monumentos, barrios y miradores citados son tan solo un resumen de las visitas obligadas en un primer viaje a Granada, pero no llegan a ser ni una mínima parte de lo que esta ciudad, cuya belleza limita con lo inefable, ofrece.