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Huangling, el pueblo que se vació de habitantes para llenarse de turistas

  • El pueblo chino de Huangling, en el sureste del país, se ha convertido en una atracción turística
    El pueblo chino de Huangling, en el sureste del país, se ha convertido en una atracción turística / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

22 de noviembre de 2014. 17:18h

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Adrià Calatayud/Efe.  22/11/2014

Huangling, un pequeño pueblo de la provincia de Jiangxi, en el sureste de China, se ha convertido en una localidad singular: se ha vaciado de habitantes para llenarse de turistas. Las autoridades locales lo promocionan como "el pueblo más bonito de China" y, con el objetivo de proteger su belleza, quienes allí residían han sido desalojados, para que la localidad quede intacta para el disfrute de quienes vienen de fuera a visitarla.

Situado en un valle plagado de terrazas donde se cultiva arroz y colza, este pueblo milenario está formada por poco más de un centenar de viviendas, la mayoría de las cuales se construyeron hace entre cinco y seis siglos.

En los tejados de las casas, los lugareños ponen a secar maíz, calabaza, pimientos chile o flores de crisantemo, lo que da a la panorámica un toque de color que contrasta con el blanco y el marrón de las viviendas, con una arquitectura de estilo hui.

Además, al pasear por sus calles, al visitante se le invita a entrar a las casas, se le agasaja con pasteles o "jiaozi" ("raviolis" típicos asiáticos) y se le anima a participar en las actividades cotidianas.

La estampa que ofrece Huangling sería idílicamente bucólica si no fuera porque no es del todo real.

El pueblo se ha convertido en una especie de museo etnológico o parque temático sobre la vida rural china -con una entrada de 135 yuanes (18 euros, 22 dólares)- y los antiguos vecinos han pasado a ser figurantes en un montaje en el que todo el protagonismo recae sobre el turista.

Un empresario de la zona, Wu Xiangyang, con más de una década de experiencia en el sector del turismo, quedó fascinado por las fotografías del pueblo que hicieron unos amigos suyos unos años atrás.

Intuyendo que había encontrado un filón turístico, se lanzó a transformar la villa en un "resort" y creó una empresa con este propósito, Wuyuan County Cultural Development.

Según reconoció el empresario en una rueda de prensa reciente, su idea era un "experimento", pero ya la está llevando a la práctica.

En 2008, Wu se hizo con las viviendas de los alrededor de 300 habitantes que entonces tenía el pueblo y a cambio les proporcionó un alojamiento en municipios cercanos.

"Hace diez años la mayoría de estas casas estaban prácticamente destruidas. Ahora hemos montado un pueblo bonito para que la gente lo visite", explicó el empresario.

La compañía de Wu ha restaurado algunas casas de Huangling, ha contratado a antiguos vecinos para que le devuelvan la vida al pueblo, ha abierto bares y tiendas y está construyendo un complejo hotelero de varios edificios que cuando esté finalizado, hacia finales de 2015, dispondrá de 350 camas y dará empleo a 350 personas.

"Todo el mundo sale beneficiado", insistió Wu, quien añadió que alrededor de una décima parte de la recaudación de las entradas irá a parar a los antiguos residentes.

Sin embargo, los antiguos habitantes de Huangling, ahora empleados de Wu, no tuvieron la oportunidad de dar su opinión al respecto.

El empresario ha invertido de momento 300 millones de yuanes (39 millones de euros, 49 millones de dólares) de los 500 millones (65 millones de euros, 81 millones de dólares) totales por los que está presupuestado el proyecto.

En lo que va de 2014, el primer año en que el pueblo se ha abierto al público tras su remodelación, han acudido 200.000 personas a visitarlo, según los datos facilitados por la empresa responsable.

China recibió en 2013 a 55,7 millones de turistas extranjeros, un 3,5 % menos que el año anterior, mientras que el turismo interno también cayó un 2,5 % y se quedó en 129 millones de personas.

Las autoridades del país asiático están ahora buscando fórmulas para recuperar viajeros, sobre todo extranjeros.

Mientras estudian fórmulas como permitir entradas sin visado para estancias inferiores a 72 horas, van explorando también otras vías para potenciar destinos alternativos o directamente crearlos de nuevo, aunque para llenarlos de turistas haya que vaciarlos de habitantes.

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