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Siempre nos quedará la República Checa

  • Siempre nos quedará la República Checa
  • Romántico paseo por el río Moldava, Praga.
    Romántico paseo por el río Moldava, Praga. / Pavel Radosta
  • Recinto de Lednice-Valtice.
    Recinto de Lednice-Valtice. / Ladislav Renner

Tiempo de lectura 4 min.

19 de julio de 2014. 17:41h

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Mar Armengol.  15/7/2014

En el centro del Viejo Continente, la República Checa y su espíritu romántico nos reciben durante todo el año con los brazos abiertos. Especialmente Praga, su capital, se encuentra excelsa en primavera: las parejas que visitéis la capital checa durante estos meses encontraréis el monte Petřín recubierto de flores de cerezo y desde aquí podréis contemplar las vistas más privilegiadas de la Praga de las cien torres. En este privilegiado espacio se halla además la escultura del escritor romántico Karel Hynek Mácha; según cuenta la leyenda, quienes se besen frente a este estatua permanecerán enamorados para siempre. Además, las aguas del río Moldava, que atraviesa la ciudad, se prestan a ser navegadas en las pequeñas embarcaciones de madera que oferta la empresa Prazske Bentaky (Venecia Praguense).

Otro icono romántico por excelencia de este país son sus más de dos mil castillos y palacios, reflejo de la rica tradición checa. En la Bohemia Central, muy cerca de Praga, se pueden descubrir estos lugares de ensueño, como el Chateau Mcely, un castillo barroco ubicado en pleno bosque y reconvertido en un hotel de lujo donde se podrá vivir una escapada romántica inolvidable.

En materia de edificaciones espectaculares sin duda destaca también el área de Lednice-Valtice, en la región de la Moravia Meridional, una verdadera joya para los sentidos donde se encuentran los palacios de Lednice y Valtice. Éste último fue la residencia de la familia aristócrata de los Liechtenstein, quienes fueron los responsables, durante los siglos XVIII y XIX, de dotar a estos terrenos de un jardín francés y un parque inglés, que nada tienen que envidiar a los jardines de Versalles; de hecho, la Unesco protegió estos terrenos bajo la denominación de Jardín Europeo. Los deportistas además podréis cruzar al zona del parque pedaleando.

El vino, indispensable en toda cita para dos, es otro de los distintivos de esta zona, dado que aquí se plantaron vides en la época de la antigua Roma gracias a la iniciativa del emperador Marco Aurelio. El vino moravo se puede degustar en la el Salón de Vino local.

Si buscáis un plan relajado, un alto imprescindible en esta escapada romántica a tierras checas es la región de Karlovy Vary, que literalmente significa "Termas de Carlos", llamada así por el rey checo Caros IV. Este monarca hizo aquí brillante un descubrimiento a principios del siglo XIV: las propiedades curativas de los manantiales termales, nacidos en el valle del río Teplá. Gracias a este hallazgo se alzó en pleno bosque el balneario de más prestigio del país, llamado también Karlovy Vary.

Hoy en día, el Spa Hotel Salvator, en el centro de la ciudad de Karlovy Vary, capital de la región, es un auténtico remanso de paz. Se ubica en la conocida Columnata del Molino, fuente de la mayoría de los manantiales de aguas minerales curativas. El estilo Biedermeier, muy popular en la primera mitad del siglo XIX y caracterizado su elegante calidez, define este lugar que puede presumir de contar con una oferta de completos tratamientos basados en el agua mineral termal.

Más información: Czech Tourism

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