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¿De quién es esta basura?

Once personalidades del mundo de la política, la cultura y el deporte nos abren sus casas para enseñarnos cómo reciclan ante la inauguración de la Cumbre del Clima en Madrid

Antes se estilaba aquello de «dime con quién andas y te diré quién eres» o «somos lo que comemos». Eslóganes que han engrosado nuestro castizo refranero pero que en pleno siglo XXI se enfrentan a la amenaza de su extinción ante el empuje «eco» que se cuela en cada rincón de nuestro vocabulario. Ante la celebración de la Cumbre contra el Cambio Climático que arranca mañana en Madrid, la población exclama, presume e «instragramea» su compromiso con el medio ambiente con un ímpetu que rompe todos los medidores. Los ídolos ya no son los Taylor Swift ni Michael Jackson, ahora es Greta Thunberg la que se lleva la palma mientras «rema» a contracorriente en el Atlántico para llegar a tiempo a la cita de Ifema. Las papeleras de colores para cada residuo se han hecho con el control (y el espacio) de las cocinas y si de la bolsa amarilla que su vecino baja por la noche al contenedor oportuno sobresale un papel no dudará en echarle una mirada de desaprobación y menosprecio. Y es que en esta «era verde» los dichos mencionados anteriormente han mutado a «dime cómo reciclas y te diré cómo eres» pero, ¿somos todos tan «eco» como mostramos en nuestra versión «socialité»? ¿Cuándo cruzamos el umbral de nuestro hogar nuestras acciones van al ritmo de esta «ecoverborrea»?

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Para comprobarlo nos colamos en las casas de políticos, artistas y deportistas, entre otros, para comprobarlo. Nos metemos en sus cocinas, despachos y habitaciones para ver cómo reciclan, si cada vertido está en su caja correcta y, ya de paso, para escrutar su manera de contribuir a la lucha contra el cambio climático. La primera «víctima» de nuestro experimento es el ministro del Interior en funciones. A primera vista, Fernando Grande-Marlaska dispone en su casa de contenedores para cada residuo. Empezamos bien. «Mi compromiso en la lucha contra el cambio climático es del día a día, una vez que tomé conciencia de lo que representa y de su gravedad. Me informo del problema y de su entidad, sobre cómo enfrentarlo, no solo desde el punto de vista institucional, sino también individual. Porque en esto, como en los temas de seguridad, es importante la corresponsabilidad de todas las personas», asegura el magistrado.

Él recicla desde que vivía en Bilbao «hace 20 años», recuerda. Entonces estaba en el País Vasco, donde se estableció una política activa de reciclaje. «Si las instituciones dan facilidades, el ciudadano no puede negarse. Hoy me resulta cada vez más sencillo hacerlo», confiesa. Su marido, dice, es el más comprometido con el tema y ha sido gracias a él, «que había vivido en otros países y tomó conciencia de su importancia», como ha conseguido implementar en su vida prácticas «eco». Marlaska afirma que siempre ha usado transporte público para moverse y aunque como ministro le resulta más complejo hacerlo, «en mis planes esta en comprarme un coche eléctrico cuando tenga que cambiar el mío».

Y si para el ministro fue su esposo quien le dio el impulso que le faltaba, al padre Ángel fue el Evangelio: «Lo que en él se dice está muy relacionado con el respeto al medio ambiente: el huerto Getsemaní, el Sermón de la montaña, la pesca... La Iglesia ha sido pionera en temas sociales y también en ecología», sentencia. En su oficina hay una papelera enorme de papel, más bien cuatro, ordenadas y a punto para llevar al contenedor. El padre nos remite al Papa Francisco, «el dirigente mundial que más se ha preocupado por este tema, ha llegado a escribir una encíclica y celebró el Sínodo de Amazonía», dice. A sus 82, el padre Ángel recuerda cuando antes todo se tiraba al suelo, «hoy a nadie se nos ocurre, es más, contaminar y ensuciar nuestro planeta es también un pecado como lo es matar o robar», reivindica.

En su colorida casa nos recibe Agatha Ruiz de la Prada, que considera «infinito» su compromiso medioambiental, aunque, en su familia es su hija Cosima quien más se fija en este tema. «Bueno y mi abuelo era ecologista», añade. «Me resulta muy fácil reciclar porque me divierte muchísimo. Eso sí, encuentro muchas dificultades porque las infraestructuras son insuficientes y es difícil reciclarlo absolutamente todo cuando lo haces en solitario», matiza.

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Medidas extremas

El día a día de la diseñadora está protagonizado por pequeñas acciones ecologistas: «Desde reciclar mis deshechos orgánicos y dárselos a mis gallinas o a mis gusanos que hacen compost, a apagar obsesivamente las luces o directamente no encenderlas. Me ducho con las gotas contadas, reciclo mis pestañas postizas y hago mi propio vinagre con el vino que me sobra. También conduzco coche eléctrico, tengo paneles solares, compro comida orgánica local y, además, reciclo mis telas antiguas para hacer trajes nuevos», detalla. El hecho de que el argumento ecologista ya haya entrado en el discurso mayoritario le encanta «lo que nos falta ahora son acciones, son cambios», reivindica.

Quien no utiliza ropa ecológica es Ramoncín, «sigo usando cuero en mi cazadora y calzado, que le vamos a hacer, un pecado. Pero tengo coche híbrido y solo lo uso cuando voy de garaje a garaje. También cuido mucho mis plantas y me apena ver el estado de los bosques y lo ocurrido con las inundaciones», reconoce. El cantante es de los que dicen que hay bastante postureo con esto del cambio climático «debemos preocuparnos por cuidar este planeta porque, aunque seguramente no nos toque vivirlo, habrá gente aquí. Tenemos que concienciarnos de no aportar porquería para que nada sea peor. Hay que cuidarlo, lo malo es que no todo el mundo reflexiona de esta manera». Dice que sus tres hijas y su hijo «son gurús» del reciclaje ( que la mayor es la más radical) y que su familia, que viene del Valle del Tiétar , le enseñó que hay que respetar a la naturaleza. «Salía con mi padre a pasear y fue él, mi viejo, el que me enseñó que del campo no se podían arrancar las cosas, que convenía que el espacio estuviera limpio y recogido para evitar incendios».

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Adelanta que no es contrario ni negacionista sobre el cambio climático, «pero soy muy cartesiano y estudio siempre que puedo los momentos geológicos de la tierra, como se han producido las cosas. Creo que en el periodo de tiempo en el que vamos a vivir no veremos grandes cambios, pero en los últimos diez mil años lo que ha pasado en la Tierra sin efecto invernadero ni gases, es tremendo. Estamos ayudando a evitar que sucedan cosas, pero pasarán sí o sí. Si a la Tierra cuando desaparezcamos nosotros pudiéramos hablar, y le preguntasen ¿qué tal los humanos? Diría, seguro, ‘‘una mala experiencia’’».

Y si en casa de Ramoncín son los pequeños los más concienciados, en la del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, son sus sobrinos. «Entiendo que lo de tener varios cubos es un engorro para una casa, que no siempre son todo lo grandes que quisiéramos. Yo intento colocar cada cosa en su sitio desde que empecé a reciclar, a raíz de las primeras campañas de concienciación que aparecieron», afirma. Su compromiso contra el cambio climático, dice, es el de cualquier ciudadano comprometido con el futuro del planeta. «Como alcalde, siento la responsabilidad de que mi ciudad esté menos contaminada y ése es el espíritu que he transmitido a mi equipo. Trabajamos todo el mes de agosto y septiembre, para ofrecer el plan Madrid 360», dice. Almeida está orgulloso de que la capital que dirige sea una ciudad que recicla, «aunque siempre hay margen de mejora», reconoce.

Para el regidor, «este asunto es más serio que el postureo o determinadas sobreactuaciones, que posiblemente haya. Madrid es una ciudad que recicla, aunque seguro que tiene margen de mejora, y estoy orgulloso de que así sea», reconoce Almeida, que nos confiesa que se mueve en una moto con distintivo C, «sin duda una de las opciones menos contaminantes en vehículo privado. Los vehículos del parque del Ayuntamiento tienen todos etiqueta ECO o cero».

Igual de volcado en este asunto está Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid. « Soy plenamente consciente de que no tenemos más aire del que respiramos ni mas planetas que en el que vivimos, por eso estamos impulsando iniciativas como la obligación de que todo energetico de los edificios publicos de la Comunidad de Madrid sea, a partir de 2020, 100% renovable en origen», apunta. El político de Ciudadanos nos cuenta que recicla desde que tiene uso de razón. «En casa siempre se ha separado el vidrio del resto de la basura y, más recientemente, el papel y el plástico. Debe ser un compromiso de todos avanzar en el reciclaje selectivo, aunque a veces no dispongamos del espacio necesario en nuestras casas. El mundo no puede avanzar en otra dirección que no sea la de residuos cero».

Confiesa que sus sobrinos, de 5, 9 y 13 años, como ejemplo de las nuevas generaciones, son los que están más concienciados con cuidar nuestro planeta. Además, subraya su responsabilidad a la hora de reconocer que las administraciones y los gobiernos van a la cola con respecto a las aspiraciones sociales en materia de lucha contra el cambio. Como apunta, explica a LA RAZÓN que siempre que el trabajo se lo permite, se mueve en transporte público. Por su parte, la cantante Diana Navarro dice que ella prefiere ir caminando a todos los sitios. «Intento aplicar todas las pautas que nos proponen para ser más ecológicos. Por ejemplo, hago jabón con el aceite sobrante», asegura.

Detenido por reciclar

Ella lleva 10 años «dándolo todo» con el tema del reciclaje, aunque le molesta que cuando baja la basura a los contenedores de la calle, «a veces han desaparecido. Su madre es la que más la ha enseñado en esta materia y ella pone la fe en los más jóvenes para conseguir un cambio real y reducir las emisiones que provocan el cambio climático.

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Lo mismo hace la modelo Ariadne Artiles que evita el consumo excesivo de producto animal, algo que para ella es «fundamental». «Además de reducir los plásticos considero que lo más importante es aprender a reutilizarlos. Pequeños gestos nos ayudarían a cómo utilizar la misma bolsa. Si no tienes una de tela al menos usa la misma de plástico cada día», recomienda. Como canaria, dice que el respeto a la naturaleza siempre ha estado presente en su vida. «Necesitamos un 90% menos de la cosas que compramos. Yo, por ejemplo, no tengo coche», describe.

Quien también lleva en su ADN la concienciación medioambiental es Juan López de Uralde, diputado de Unidas Podemos por Álava y fundador de EQUO. «Desde muy joven estoy luchando por esta causa. A los 23 años ya era secretario general de la CODA (Federación de grupos ecologistas). Llevo 35 años comprometido en esta lucha. Recuerdo que en en la Universidad hicimos una campaña para que utilizara papel reciclado, y estoy hablando de los años 80», relata. Él siempre ha separado la basura y es su hija la que ahora le da alguna que otra lección sobre la materia. A Uralde le detuvieron por una protesta en la COP15 en Copenhague, «cuando no se hablaba tanto de esto», puntualiza. Pero los tiempos han cambiado y, como argumenta: «La conciencia ha aumentado espectacularmente en los últimos años debido al impacto real y visible del cambio climático en nuestro día a día. No es postureo, hay una preocupación real».

Hay profesiones, como la del torero Román Collado, que están íntimamente ligadas a la naturalea y, por ello, esta lucha cobra especial sentido. «Toda mi profesión tiene un compromiso total con el medio ambiente, especialmente marcado por el ecosistema de la dehesa y el patrimonio natural que protegen los ganaderos con la cría del toro bravo». En su día a día, afirma que mantiene la misma filosofía: «El cambio climático es una realidad con la que los jóvenes tenemos un compromiso sincero». Román recicla «los pocos residuos» que produce e intenta «reducir al máximo el consumo de plástico. Aunque se aleje un poco del campo bravo (se ríe), el mar es el primer espacio que debemos cuidar, liberándolo de los plásticos con los que lo contaminamos». Aunque él no participe activamente en ninguna organización ecologista, «creo que todos podemos colaborar desde nuestras casas con pequeños gestos».

Un testigo que recoge la periodista de Antena 3 Rocío Martínez. Ella siempre utiliza bolsas reutilizables. «De hecho, cuando voy a una tienda en muchas ocasiones pido que no me den bolsa para llevarme lo que he comprado. Nunca utilizo el coche para desplazamientos cortos. Enciendo solo las luces de las estancias en las que estamos y únicamente abro el grifo cuando lo estoy utilizando», destalla. El reciclado está completamente institucionalizado en su casa desde que empezaron a a poner contendores de reciclajes en todos los barrios. No hay excusa para no reciclar. «Reciclar no cuesta absolutamente nada. Claro que tienes en la cocina hasta cuatro recipientes diferentes, para la basura, para el plástico, para el papel y para el vidrio, pero tengo los contenedores de reciclar o en el garaje o casi en la puerta de casa, así que, ¿cómo no hacerlo? En el momento en el que tiras al contenedor el plástico, el papel o el vidrio, ese pequeño gesto te aporta satisfacción, sientes que estás haciendo las cosas bien, vamos como hay que hacerlas».

Ni Martínez, ni Marlasaka, ni Aguado, ni Almeida, ni niguno de los que han aceptado de buen agrado participar en este reportaje son Greta Thunberg. Ni sueñan con ello, claro está. No dan publicidad a su compromiso la naturaleza. No promocionan sus viajes en velero. Tan solo, en su día a día ponen un granito de arena silencioso en esta lucha. Ellos son el ejemplo a seguir.