El hombre que nunca fue audaz

“A Bonilla se le presenta ahora la ocasión de consolidar su posición con un adelanto electoral que lo convertiría en una suerte de Feijóo sureño”

Si el Gurb de Eduardo Mendoza bajase de su nave con la misión de glosar las cualidades de Juanma Moreno, ni en el primer vistazo ni tras seis años de observación minuciosa escribiría en su informe que es una persona audaz. Son otras sus virtudes, desde luego, en el supuesto de que la audacia lo sea en un político porque son esas maneras de yerno perfecto las que lo han encaramado a la presidencia de la Junta de Andalucía. Puede que la fortuna ayude a los audaces, como nos enseña el adagio latino, pero lo que es seguro es que la aritmética, aquel lejano domingo de diciembre de 2018, ayudó al prudente. La adaptabilidad, sin embargo, sí es imprescindible para sobrevivir e incluso medrar en la cambiante vida pública española y a Bonilla se le presenta ahora la ocasión de consolidar su posición con un adelanto electoral que lo convertiría en una suerte de Feijóo sureño. La izquierda se desangra en Andalucía en cruentas luchas intestinas, como ha escenificado esta semana la papisa emérita Amparo Rubiales, cuyo tuit escupido a la cara de Susana Díaz (lanzada al moro muerto, si me dispensan los ofendiditos multiculturales) tuvo más de regüeldo tabernario que de dardo florentino. También debería el personal estar sereno antes de agarrar el móvil, no sólo el volante. Pero el estado ruinoso de la zurdera, la sistémica y la radical, ya lo conocían en un PP para el que sí es nueva la tentación de aprovechar la debilidad de Ciudadanos, preso de la maldición del socio minoritario y culpable por permitir la repugnante deslealtad de Ignacio Aguado con el gobierno que vicepreside en Madrid. Una abrupta disolución convertiría al presidente autonómico en un candidato, literalmente, sin rival. Dicen de él que osadía no le sobra; ni le falta flema.