Algeciras vista desde el oeste de China

«El bloqueo del Canal de Suez recuerda la importancia de la gestión eficiente de las rutas marítimas»

El Mary Maersk, el megaship Triple E de 18270 teus, llegando al puerto de Algeciras proveniente del Canal de Suez, el primero que llegó a España después del accidente en el Canal de Suez
El Mary Maersk, el megaship Triple E de 18270 teus, llegando al puerto de Algeciras proveniente del Canal de Suez, el primero que llegó a España después del accidente en el Canal de Suez FOTO: Marcos Morenos/ Europa Press

La Unión Europea (UE) se ha enzarzado en una pugna con China y Rusia, dos potencias estas últimas (18 y 3% del PIB mundial, respectivamente), cuyas relaciones durante la larga noche comunista han sido mucho más de desconfianza que de colaboración a pesar de que pueda parecer otra cosa. Una concertación de acciones entre estas dos superpotencias supone un nuevo empujón en el desplazamiento del centro geoeconómico desde Occidente a Oriente. Nos puede parecer algo vaporoso y lejano pero no es así.

Es esta ocasión parte nuclear del conflicto ha estado en la región autónoma china de Xinjiang ubicada en el noroeste del gigante asiático. La UE ha sancionado a altos cargos chinos por una cuestión específica, la violación de los derechos humanos. Para entenderlo es muy ilustrativo leer el análisis del periodista Zigor Aldama sobre lo ocurrido en la región de Xinjiang; una zona que tiene tres veces el tamaño de España, la mitad de su población, y muchos recursos naturales (principalmente petróleo y gas natural). Recuerda Zigor Aldama que en torno a la mitad de la población de Xinjiang pertenece a la minoría uigur, musulmana y con rasgos muy diferentes pues es de origen túrquico. El independentismo uigur ha tenido un carácter terrorista muy fuerte. En respuesta, las autoridades chinas desarrollaron un intensivo programa educativo «de asimilación cultural» sólo propio de países autoritarios. El programa, orientado a combatir el radicalismo islámico, se ha realizado en campos de reeducación o internamiento pero no en campos de concentración. El matiz es importante aunque ni uno ni, por supuesto otro, pasaría estándar democrático occidental alguno. Lo que se silencia habitualmente es que desde la entrada en funcionamiento de los campos de internamiento que han albergado a un millón de personas, los atentados terroristas han desaparecido. Parte de la actuación de China en la región de Xinjiang ha derivado en la realización de posibles trabajos forzosos en campos de algodón. En esta denuncia ha encontrado basamento la UE para establecer sanciones comerciales contra las marcas de ropa que compran allí su materia prima. A las sanciones de la UE han seguido inmediatamente las del Reino Unido y de EE UU. A estas sanciones económicas ha respondido China al mismo tiempo que Rusia acusando a la UE de inmiscuirse en cuestiones internas.

Xinjiang es también una zona geoestratégica en la nueva ruta de la seda (la denominada iniciativa de franja y ruta). Efectivamente, la región tiene frontera con Pakistán y el corredor de China con este país es la estrella de la nueva ruta de la seda con una inversión asociada de unos 46.000 millones de dólares para financiar una autovía y una línea ferroviaria. Este corredor permite dar salida a los productos chinos al Mar Arábigo en el Océano Índico por los puertos pakistaníes de Guadar y Karachi como alternativa al tráfico por el Estrecho de Malaca (tradicional ruta conflictiva para China y zona de influencia norteamericana). El reciente bloqueo del Canal de Suez por el carguero Ever Given nos recuerda la importancia de gestionar eficientemente las rutas marítimas como hace China con la conexión Xinjiang- Guadar-Karachi. Un carguero que salga del puerto pakistaní de Karachi cargado de productos chinos en ruta al puerto de Bahía de Algeciras, tarda 15 días menos en llegar que si lo hace desde el puerto de la zona económica especial de Shenzhen en China en un barco del gigante naviero COSCO (China Ocean Shipping Company).

La agencia de estadística europea –Eurostat– ha confirmado que, por primera vez en la historia, en 2020 China sustituyó a EE UU como principal socio comercial de bienes de la Unión Europea –586.000 millones de euros frente a 555.000 millones–. El superávit chino con la UE creció un 9,9% y demuestra su liderazgo mundial como la principal base manufacturera del mundo. No obstante, conviene poner en perspectiva global los datos anteriores pues China solo es el primer socio comercial de la UE en lo relacionado con los bienes materiales, no con los servicios; aquí sigue mandando EE UU.

Este escenario nos deja varias cuestiones inquietantes e incómodas al análisis epidérmico habitual de tertulias. La primera es que los países con gobiernos autoritarios o imperfectamente democráticos han logrado niveles de desarrollo muy elevados, han sufrido menos los efectos de la crisis financiera de 2008 y han salido antes y mejor de la crisis de la Covid-19. La segunda es que la alianza entre Rusia y China, de asentarse, se enfrentaría a la diplomacia lenta y no muy fuerte de la UE. Me temo que pensar que en el único freno para esto son los intereses comerciales de China con la UE es ingenuo. La tercera y última es que en el establecimiento de sanciones de esta naturaleza siempre hay asimetrías difíciles de entender. Por ejemplo, ¿hay mejores prácticas en China que en los Emiratos Árabes para que las sanciones vayan sobre la primera y no sobre los segundos? Sea como fuere, hay que tener siempre en mente que no sólo el bloqueo del Canal de Suez amenaza nuestros suministros. También la lucha contra el terrorismo islámico-independentista en campos de internamiento en el oeste de China. ¿Es la Aldea Global?