¿Es el aviso del IRPF el aviso de Dios?

La decadencia de la Iglesia catalana «lazi» se debe más a la indiferencia que despierta, incluso entre el propio independentismo

Colas en un comedor social de Sevilla, una de las actividades a las que la Iglesia dedica fondos
Colas en un comedor social de Sevilla, una de las actividades a las que la Iglesia dedica fondosMaría José López / Europa Press Europa Press

A comienzos del siglo XXI, la Iglesia Católica recibía 96 millones de euros de los contribuyentes españoles obligados a presentar su declaración del IRPF. La cantidad destinada a otros fines de interés social era apenas 10 millones superior. Desde el 1 de enero de 2007, pudimos explícitamente marcar que el 0,7 % de nuestra cuota íntegra del impuesto tuviese ese destino si así lo deseábamos. El año anterior la cuantía recibida por la Iglesia supuso el 0,52 %. Pero ya en el año de la entrada en vigor de la nueva norma fiscal, en 2007, la brecha entre lo recibido por la Iglesia y lo destinado a otros fines de interés social se había ensanchado en 18,6 millones (165,1 para la Iglesia Católica y 183,7 para los otros fines). Desde entonces y a pesar de la crisis de 2008, en un esfuerzo muy necesario en beneficio de la transparencia de su financiación, la Iglesia ha venido enfatizando el aumento casi constante (2015 fue una excepción) en las aportaciones que recibe fruto de la decisión de los contribuyentes. Lo que la Conferencia Episcopal no dice es que las preferencias de los españoles en esta materia siguen una evolución temporal marcadamente distinta.

Entre 2007 y 2013, la tasa de crecimiento anual de las aportaciones a la Iglesia fue del 3,8 % pero las aportaciones a los otros fines aumentaron, en promedio, un 5 % anual. La tendencia no ha hecho más que agudizarse y así, entre 2013 y 2017 –último año para el que estos datos están accesibles–, la primera tasa de crecimiento es menos de la mitad que la segunda (1,4 % frente al 3%). Indudablemente, la crisis financiera de 2008 se dejó sentir en la recaudación por IRPF pero la sociedad española mostraba en 2017 que sus referentes morales se apartaban de la Iglesia también en sus declaraciones de la renta. Así se llegó al año del golpe de Estado en Cataluña. Tras la promulgación de la Encíclica Laudatio Sí, los documentos religiosos son ahora prolijos en el uso del término «descartados». En 2017, todos los centros educativos concertados propiedad de órdenes religiosas católicas en Cataluña entregaron sus llaves para facilitar el referéndum ilegal. Descartaron a las familias que estaban en desacuerdo. Una parte nada pequeña de parroquias colaboraron activamente en la logística de este acto ilegal.

Ahora, incluso después de revisar con detenimiento la intervención sobre los indultos de hace unos días de Monseñor Luis Argüello, portavoz de la Conferencia Episcopal, es imposible no acordarse de los sacerdotes vascos que emulaban a Pilatos en el lavatorio de las manos en los largos años del plomo de ETA. Y en mitad de esos pensamientos, justo cuando vas a cliquear en la opción de «presentar la declaración del IRPF», te aparece tozudamente el aviso 100P569 en el ordenador. Un aviso que te recuerda «[Declarante] -La Asignación Tributaria que figura en la declaración es «Iglesia Católica y actividades de interés general consideradas de interés social». Y entonces te juegas décadas de convicciones en un golpe de clic. Eso, y que tienes que revisar la declaración de nuevo si quieres rehacer ese apartado sabiendo que vas tarde.

Barcelona va a cerrar 160 de las 208 parroquias que tiene hasta ahora. Lo hace por falta de fieles. Ni siquiera poner los templos como madrasas independentistas sirve para parar la sangría de convicciones. Probablemente haya que encontrar explicación a esto no sólo en el desprecio a la feligresía no independentista; también en las acusaciones de pederastia que penden sobre la Diócesis de Gerona o los hechos del Seminario de Poble de Deu. Incluso puede que una reflexión detenida nos lleve a concluir que la decadencia de la Iglesia catalana «lazi» se debe más a la indiferencia que despierta, incluso entre el propio independentismo que ya eligió como líder espiritual a Oriol Junqueras. Como el Gobierno de la Nación, la Iglesia Católica se olvidó hace tiempo de los ciudadanos no independentistas que viven en Cataluña. Son los «descartados» si tomamos el término tan afortunado de la Encíclica anterior. Unos «descartados» a los que se les muestra el camino de la emigración como las 9 mm parabellum y la goma 2 mostraron a los que marcharon del norte de España.