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15 años menos

«El perímetro del abdomen es la causa remota de buena parte de las perores enfermedades»

  • Foto: Gtres
    Foto: Gtres

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06 de junio de 2018. 20:05h

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Cumple hoy este suplemento su décimo quinto aniversario y quienes lo llevan me piden que dé somera cuenta de lo que esos tres lustros nos han traído en lo tocante a la salud. Ímproba tarea. Me limitaré a formular unas cuantas consideraciones. Tanto ha mejorado la medicina que yo, verbigracia, tal como sugiere el título de mi columna, puedo alardear de tener quince años menos de los que tiene este suplemento. Mi salud, cuando se echó a andar, flaqueaba, y lo hacía no tanto por razón de edad cuanto por dejadez. Flaquear es verbo que se queda corto. Estaba, en realidad, a punto de morir, aunque no fue hasta los últimos días del siguiente año cuando cobré conciencia de que iba sufrir un infarto forzosamente letal. La grave estenosis de dos de mis arterias coronarias así lo auguraba. Me salvé por los pelos. Lo conté en un libro. Mi corazón, desde entonces, funciona como un reloj suizo (toquemos madera), sin necesidad de medicación. Hago de todo, y cuando digo de todo, eso quiero decir. Mi ritmo de vida es similar al de mi primera juventud. Fue la medicina oficial, tan denostada por muchos, la que me sacó del atolladero. Pesaba yo entonces setenta y siete kilos. Hoy no llego a los sesenta y ocho. El perímetro del abdomen es la causa remota de buena parte de las peores enfermedades. La gente lo sabe, pero no se lo toma en serio. Para comprobarlo basta con salir a la calle y echar un vistazo a quienes pasan por ella. Adelgazar es muy fácil y no requiere de esas complicadísimas dietas que tan de moda están. Yo, en 2013, aún me fumaba un par de porros al día. Unos meses después dejé de hacerlo. La nocividad de esa costumbre no se debía al cannabis, al que hoy sigo recurriendo por vía digestiva y siempre con moderación, sino al tabaco. Hay que ser idiota para inhalar su humo. La gente también lo sabe, pero aún son muchos quienes siguen haciéndolo. Son batallas que el sentido común acabará ganando. El azúcar y la leche, por ejemplo, que son venenos letales, ya las han perdido por mucho que sus productores pataleen. Las grasas trans están a punto de besar la lona. Sean sensatos. Infórmense y actúen en consecuencia. Recurran no sólo a la medicina oficial, sino también a la que no lo es. ¡Feliz no cumpleaños, amigos!

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