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La piel como terapia: por qué el método canguro es bueno para tu hijo prematuro (y para ti)

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Quirónsalud

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La prematuridad es la primera causa de mortalidad en los recién nacidos y la segunda en los niños menores de 5 años. Cada año nacen en el mundo 15 millones de bebés antes de llegar a término, es decir, más de 1 de cada 10. En la mayoría de los países con estadísticas al respecto, los nacimientos prematuros han aumentado en las últimas décadas. Estos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ilustran el alcance global de la lucha, a veces titánica, que se libra cada día en las unidades de neonatología hospitalaria para sacar adelante a esos millones de bebés que llegan antes de tiempo.

Dado que hablamos del inicio de la vida extrauterina, esa lucha de los profesionales sanitarios no persigue solo la supervivencia del bebé, sino hacerlo además procurando su mejor desarrollo neurosensorial y emocional posible. Y esto complica mucho las cosas: el nacimiento antes de término interrumpe el desarrollo del sistema nervioso central en un momento de crecimiento rápido y vulnerable del mismo; y la obligada hospitalización suponía tradicionalmente separar por completo al bebé de su madre y de su padre justo cuando son más emocionalmente dependientes entre sí.

El prematuro pasa de un entorno intrauterino ideal a un entorno con múltiples estímulos ambientales inesperados (luz, ruido, estímulos propioceptivos...) o nocivos (estrés, dolor, etc). Las grandes diferencias entre los dos entornos pueden tener un efecto negativo en el neurodesarrollo de estos pacientes, de forma que su seguimiento se ha convertido en un marcador de la efectividad de los cuidados neonatales”, explica una reciente revisión sobre los denominados Cuidados Centrados en el Desarrollo (CDR) publicada por la Universidad de Murcia.

CDR: lo que querrías para ti

Los Cuidados Centrados en el Desarrollo, que en España empezaron a implantarse muy gradualmente en 1999, es un modelo de atención para el bebé prematuro que pretende mejorar su desarrollo integral mediante intervenciones en las unidades de neonatología que le favorecen a él mismo y a su familia, entendidos como una unidad. Los tres ejes principales inciden sobre el macroambiente (luces, ruidos), microambiente (postura, manipulaciones, dolor) y familia (padres como principales cuidadores, método canguro, lactancia materna).

“Este modelo considera que el bebé es capaz de sentir, relacionarse e intervenir en su desarrollo y a los padres, como los principales apoyos del crecimiento del hijo”, indica el Dr. Miquel Ramón, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital Universitari Dexeus-Grupo Quirónsalud, de Barcelona, uno de los centros españoles pioneros en la implantación de este nuevo paradigma de los cuidados a prematuros.

De todos ellos, el más disruptivo probablemente sea la promoción del contacto piel con piel de madre y padre con su bebé. Los CDR han abierto de par en par las puertas de las unidades de neonatología a unos padres -naturalmente angustiados por la situación de sus bebés- que tradicionalmente se veían privados de todo contacto con su hijo que no fuera meramente visual y muy restringido. Los CDR no solo animan al también denominado ‘método canguro’, sino que diversos estudios establecen que el contacto piel con piel no debe ser inferior a entre 90 y 120 minutos, ya que salir de la incubadora para estos cuidados supone cierto estrés para el recién nacido.

El doctor Miquel Ramón, firme defensor del contacto piel con piel, enumera una amplia lista de beneficios para el prematuro: regula su temperatura corporal, ritmo cardíaco y respiratorio según sus necesidades; reduce el llanto; procura más tiempo de tranquilidad y de sueño profundo y disminuye el estrés del bebé. A todo ello añade que los padres que cuidan a sus hijos bajo el método canguro durante el ingreso en las unidades de cuidados intensivos “muestran menores niveles de ansiedad, reduce el riesgo de depresión post parto, favorece su vínculo afectivo-emocional y, superado el trance y de vuelta a casa, desarrollan mayor confianza en el cuidado de sus hijos y una mayor atención a sus necesidades”.

Y más allá de los numerosos estudios que avalan este nuevo enfoque, lo cierto es que el cuidado directo y personal de los padres no es más que lo que todos deseamos cuando nos sentimos enfermos. Poder estar cerca de quien nos quiere cuando estamos mal, que una madre o un padre acompañen y acaricien a su bebé mientras supera los problemas que lo mantienen hospitalizado son sentimientos que a todos nos embargan. En opinión del jefe de Neonatología del Hospital Universitari Dexeus, “el método piel con piel es altamente recomendable para los bebés sanos y es imprescindible en bebés prematuros para conseguir una mejor y más rápida recuperación”.

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