
Sociedad
Si Rosa Chacel levantara la cabeza, volvería a tener asco
"La arruga, que antes podía contar una historia, hoy se vive como una amenaza"

La gran Rosa Chacel con la lucidez incómoda que siempre la acompañó, escribió alguna vez que sentía un “asco atroz por tanta preciosidad”. No hablaba solo de la estética superficial, sino de esa obsesión por pulir la apariencia hasta despojarla de toda sustancia. Creo que su rechazo era un acto de rebeldía: la belleza entendida como adorno vacío le resultaba insoportable. Hoy, tantas décadas después, sus palabras resuenan con una fuerza todavía mayor. Vivimos en una época que nos está condenando a una saturación de rostros hermosos. Sí y también intercambiables...Creo(opción subjetiva) que al final las perfecciones fabricadas se devoran unas a otras.
Jamás (me parece curioso) es que nunca, como ahora, se habló tanto de libertad, diversidad, autenticidad, y sin embargo basta con echar un vistazo y comprobar que lo que más se repite es la homogeneidad. Es tremendo, sí, mujeres jóvenes que a los veinte años ya desconfían de su propio rostro y corren al bisturí para “corregirse”, como si hubiera algo que corregir en una juventud todavía intacta. Labios que ocupan media cara, pómulos inflados, expresiones congeladas: el triunfo de la máscara sobre la singularidad. Se alicatan por fuera, como quien arregla un baño, pero olvidan que el verdadero trabajo, el que marca la diferencia, es el del pensamiento, el de la inteligencia, el de la mirada crítica sobre el mundo...
Según la ciencia esto se llama neuroplasticidad negativa y por lo visto consiste en la repetición constante de un estímulo (aunque sea dañino) hasta convertirlo en normal...No sé ustedes, pero yo estoy asustada, en todas las redes sociales siempre veo las mismas caras. ¿Y saben qué sucede? Si vemos tantas veces las mismas caras fabricadas al final acabamos por aceptar que esa uniformidad es lo deseable... Pero lo más inquietante no es la cirugía ni el filtro: lo inquietante es la sumisión. La convicción de que ser bella a día de hoy consiste en parecerse a todas las demás. ¡Vaya batiburrillo! (Sonrío).
Marilyn Monroe, Sophia Loren, Ava Gardner, Brigitte Bardot… todas distintas y a la vezinolvidables. En otras épocas, la memoria de la belleza estaba en la diferencia, no en la repetición. A día de hoy ninguna habría sobrevivido en esta cultura de la copia. Sí, porque lo extraordinario ya no se tolera. Ahora va la cosa de extraordinario... La arruga, que antes podía contar una historia, hoy se vive como una amenaza. La imperfección, que era el sello de lo auténtico, hoy se elimina como si fuera un defecto de fábrica... Vaya mundo. ¡Todos cromos repetidos! Hasta las uñas (ay, Dios mío) basta con ver las manos de casi todas las jovencitas y pensar en un abrelatas. ¿Han visto que diseños? Yo siempre que las veo me viene a la cabeza otras épocas... Imagínense antaño, sí, cuando las mujeres lavaban a mano. Hubiera sido imposible... Pero bueno ahora somos "modernos". En otras épocas (creo yo) fuimos auténticos.
Rosa Chacel lo entendió mucho antes que nosotros: la preciosidad sin pensamiento es tediosa, incluso repulsiva. La belleza que se agota en la superficie es un simulacro vacío. Lo que verdaderamente conmueve no es el rostro sin arrugas, sino la fuerza de una palabra, la intensidad de una idea, la huella de una vida vivida sin rendir cuentas a los moldes.
Y quizá ahí está la clave: podemos seguir clonando rostros hasta el infinito, pero la belleza real seguirá siendo la misma que Chacel defendía con su áspero desprecio a la perfección hueca. Esa que no depende de bisturís ni de espejos, sino de una inteligencia despierta y una voz irreductible.
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