Los mataderos, ¿una nueva amenaza de rebrote del coronavirus?

Los centros de trabajo en la industria cárnica se han convertido en uno de los epicentros de contagio durante las últimas semanas

Los trabajadores de los mataderos están acostumbrados a llevar mascarilla y equipos de protección, el nuevo virus no se ha detectado en la carne.
Los trabajadores de los mataderos están acostumbrados a llevar mascarilla y equipos de protección, el nuevo virus no se ha detectado en la carne.

España pone fin este domingo al estado de alarma. El culpable de que se decretaran medidas excepcionales durante cien días, un virus llamado SARS-CoV-2 increíblemente astuto y con el que todo el país se ha familiarizado, no ha desaparecido. Y aunque ha decrecido mucho -la tasa de contagio está por debajo de un caso por cada 100.000 habitantes-, sigue circulando y basta con que haya una persona portadora para reiniciar una cadena, como se ha visto en Alemania, donde un brote en un matadero con un balance de 650 infectados ha recordado que no se puede bajar la guardia.

El escenario en el que se han producido estos contagios coincide con otros brotes en otros puntos del mundo. Canadá, Estados Unidos o Singapur han tenido que lidiar con repuntes similares. España tampoco se ha librado. A finales de abril, se detectó un foco en Binéfar (Huesca), que cuenta con dos empresas cárnicas que da trabajo a 2.000 trabajadores. Se confirmaron 87 positivos. Pero a margen de este brote, donde el secretario general de la Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas (Fecic), Josep Collado, admite que “habría que ver qué pasó”, en la industria cárnica española, que cuenta con “100.000 trabajadores”, por ahora sólo se han registrado “casos puntuales” en mataderos de Lleida y Girona.

¿Por qué los mataderos están en el epicentro de nuevos rebrotes? ¿Son evitables estos contagios? ¿Hay peligro de rebrote en los mataderos españoles? Ignasi Pons, responsable técnico de la Federación Empresarial de Carnese Industria cárnica (FECIC); el doctor Benito Almirante, jefe de enfermedades infecciosas del hospital Vall d’Hebron; María García, responsable del área funcional de CCOO de Industria de Lleida; y, el doctor Jordi Vila, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Clínic de Barcelona y presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica responden a estas preguntas.

Ignasi Pons, responsable técnico de la Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas (FECIC)

“No hay peligro en los mataderos, los trabajadores van con mascarilla y guantes, y no se ha detectado el virus en la carne”

En marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró finalmente la pandemia, la Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas FECIC) se apresuró para importar equipos de protección individual para sus trabajadores, mascarillas y guantes, sobre todo. “En los mataderos, los trabajadores están acostumbrados a trabajar con mascarillas”, dice Ignasi Pons, veterinario y responsable técnico de la FECIC. “Como tenemos relación con el mercado chino, conseguimos los equipos necesarios, aunque no fue fácil”, recuerda.

La industria cárnica española, de forma habitual, ya cumple con unas medidas de seguridad “muy estrictas”, asegura Pons, pero igualmente, después de que el Gobierno declarara el estado de alarma, “elaboramos protocolos adecuados a la COVID-19 que se han ido actualizando”. “Hemos tenido mucha interacción con Sanidad, con las empresas y con la asociación europea de asociaciones de empresas cárnicas, CLITRAVI . “Además de comprar mascarillas directamente a China o hacer controles en las entradas, se han hecho test a los empleados y se han dibujado circuitos covid en empresas y mataderos para detectar y aislar a trabajadores con síntomas de la enfermedad”, resume.

“Aunque lo más importante y a lo que hemos dedicado más esfuerzos es a concienciar a los trabajadores de que si tienen síntomas o se encuentran indispuestos, avisen”, explica Pons. “La carne no se contamina, no se ha detectado el virus en productos cárnicos, además los empleados trabajan con medidas de protección, eso lo saben”, dice. “Pero en lo que estamos haciendo hincapié a los empleados es en que cuando salgan del matadero mantengan las medidas de higiene y distancia para no contagiarse. Es un tema de responsabilidad individual y social”, insiste Pons. No es fácil porque muchos trabajadores son migrantes y tienen viviendas precarias.

En el caso alemán, los trabajadores infectados eran ciudadanos de Europa del Este, rumanos y búlgaros, que habían viajado para trabajar una temporada en una empresa y compartían alojamiento. “Es difícil determinar dónde se inicia el contagio, si en el matadero y en las viviendas que comparten los trabajadores”, dice Pons.

Benito Almirante, jefe de enfermedades infecciosas del hospital Vall d’Hebron

“El frío, la humedad y las condiciones precarias de los trabajadores son aliados del virus”

El jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Vall d’Hebron, Benito Almirante, comparte esta reflexión: ¿Dónde se originan los contagios, en los mataderos o fuera del lugar de trabajo? Almirante destaca que tanto las condiciones de trabajo de los mataderos, más unas condiciones laborales precarias, más un alojamiento precario son un cóctel que aumenta el riesgo de contagio.

“Los mataderos son lugares cerrados donde es difícil mantener la distancia social, además la temperatura es baja y hay humedad, por lo que el virus tiene más aliados para propagarse”, dice el doctor Almirante.

Muchos de los trabajadores son migrantes con condiciones laborales precarias. “Puede que alguno vaya a trabajar por miedo a perder el empleo aunque no se encuentre bien”, añade el infectólogo.

Y además de compartir un mismo espacio de trabajo, muchos empleados comparten vivienda. Muchas de estas viviendas son precarias. “Las condiciones de hacinamiento en las que viven pueden facilitar el contagio, como pasó con los temporeros de la fruta de Lleida”, advierte Almirante.

Para evitar rebrotes, insiste en el uso de mascarilla, tratar de mantener la distancia física y en la higiene.

María García, responsable del área funcional de CCOO de Industria de Lleida

“Son trabajadores que vienen de fuera y solos, y suelen vivir en condiciones de hacinamiento”

María García, que se dedica al sector de la industria cárnica, también apunta como hipótesis a las precarias condiciones de vida de los trabajadores como posible detonante de los contagios, además de que las distancias interpersonales en los centros de trabajo son difícil de mantenerse. “Son trabajadores que vienen a trabajar de fuera y solos, sin familia. Suelen vivir en condiciones de hacinamiento para no pagar tanto de vivienda”, explica María, que calcula que el 80 por ciento de los empleados en todo el proceso productivo responden a este perfil, ya que cuesta encontrar a españoles interesados en trabajar en un matadero, según precisa. “Viven juntos y ahí se puede originar una cadena de transmisión. El origen de los brotes puede venir más por ahí”, afirma.

Por otro lado, indica que las temperaturas en este tipo de centros suelen ser bajas -de entre 8 y 10 grados- y que las distancias entre personas son prácticamente inexistentes. “En las cadenas de los mataderos siempre estas al lado de otras personas, codo con codo”, explica Maria, que también aclara que los Equipos de Protección Individual (EPI) ya eran obligatorios antes de la pandemia. “Normalmente todos trabajaban ya con guantes y mascarillas”, afirma, y asegura que en la mayoría de centros de trabajo se están planificando los descansos por turnos y en las entradas hay termómetros -es decir, se toman medidas de precaución-.

Doctor Jordi Vila, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Clínic de Barcelona y presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica

“El aire en recintos cerrados puede ser vehículo transmisor del virus”

Para el doctor Jordi Vila, el factor determinante de los centros de trabajo de la industria cárnica es que sean espacios cerrados. A su juicio, en este tipo de lugares, sin ventilación y con gran concentración de personas en contacto, se dan las condiciones más propicias para que el virus se propague. “Si esto es así, el riesgo aumenta”, explica a este diario.

El doctor contrapone la calle, donde cree que es muy “improbable” que la gente que esté caminando o corriendo se contagie, a un recinto cerrado, porque no entra un flujo de aire exterior. En este sentido, se explica tomando un caso de un brote epidémico descrito en un restaurante de Pekín, en el que se demuestra “claramente” que el flujo del aire sin ventilación dentro del restaurante incide. Así, se comprobó que las personas que estaban en las mesas más cercanas al contagiado se vieron mucho más afectadas que las que estaban más alejadas. “Aquí ha jugado un papel importante probablemente la circulación del aire dentro del restaurante. Se hizo un esquema del restaurante y del flujo del aire y se sugirió que el aire en recintos cerrados podría ser vehículo transmisor”, añade.

“Cuando toses, las gotículas salen lanzadas, pero se depositen enseguida si no hay aire. Si hay aire, las gotículas se desplazan y pueden llegar más lejos”, resume.

Además, otro tipo de causas también pueden contribuir a los contagios. Por ejemplo, la falta de distancia social o la ausencia de guantes o mascarillas, aunque en este tipo de centros de trabajo suele haber EPI. También el momento de los descansos o las comidas, en función de cómo se gestionen, pueden desencadenar contagios. En cambio, a su juicio, la baja temperatura, en este caso, cree que “no debería de tener un efecto muy importante”.