Kate Bush, la reencarnación de Emily Brönte de la que se rió el punk

La precoz cantante, con 20 años, hizo de "Wuthering Heights" un himno pasional, literario y excéntrico que puso de los nervios a la simpleza y rudeza autoafirmativa de los Sex Pistols y compañía

Kate Bush en un vídeo de "Wuthering Heights" en 1978La RazónArchivo

¿Qué acabó con el punk? Una niña de 17 años de enorme timidez y sensibilidad que cantó como nadie lo había hecho nunca antes sobre un viejo libro romántico de 1847. ¿”Wuthering Hights”, la canción basada en “Cumbres borrascosas”, de Emily Brönte, ¿acabó en serio con el punk? No acabó con él, pero lo transformó para que pasase a ser otra cosa. La ironía es hasta dolorosa. Los jóvenes modernos y radicales, con sus camisetas rotas, sus imperdibles y su desprecio por todo lo que había ocurrido antes que ellos, de pronto tenían enfrente algo que no comprendían, una chica todavía más joven, moderna y radical que ellos. ¡Eso no podía ser! Su nombre era Kate Bush, una niña que a los 15 años ya había compuesto 200 canciones y que iba a convertirse en 1978 en la gran esperanza de la música pop y la mujer más fotografiada de toda Gran Bretaña.

El punk se apoyaba en la comunidad, en el grupo, para dar alas a su diferencia y autoafirmar su valía. Aquella niña no necesitaba grupos, volaba por libre, con su aspecto etéreo y fantasmal, unos ojos ridículamente abiertos, y unos movimientos exagerados. Todos los solitarios del mundo tenían ahora una representante. Ya no tenían que adaptarse a ningún grupo, sino volar por libre. Su base de fans, por tanto, era muchísimo más amplia. No necesitabas ser Kate Bush para que te gustase, pero parecía obligatorio que fueses punk para que te gustase el punk. Muchos se dieron cuenta de esta diferencia y desertaron de los tres acordes, los gritos y cantar escupiendo.

Lo único cierto es que a partir de 1979 el punk se reinventa y se abre hasta el punto que ya se habla en la prensa especializada de post punk, donde caben propuestas más melódicas y “art pop”, gente como Joy Division y Souxie, The Cure. Eso ya es la nueva ola y “lo moderno”. El punk había sido monolítico hasta que llegó Kate Bush, es así de sencillo. Ella era expansiva, una piedra contra un huracán. ¿Qué pasó? Que los punks se rieron, se burlaron al principio. Los críticos tampoco la tenían en mejor consideración. Así se defiende el grupo contra los que van por libre y amenazan su predominancia social y status quo. Y, sin embargo, sus risas quedaron en nada, los salvajes aspavientos de esa niña eran demasiado potentes, y varió el género juvenil por excelencia de finales de los 70.

EL propio Johnny Rotten, el líder de los Sex Pistols, quedó abrumado por aquella nueva voz. “A mis amigos no les gustaba nada, no la entendían, se reían incluso, pero a mí me encantaba, era algo tan exagerado que me apasionaba”, reconocería años después. La diferencia entre los Sex Pistos y P.I.L. es sencillamente Kate Bush, la mujer más determinante de la música de los últimos 50 años y, aunque parezca mentira, la primera mujer en conseguir un número uno con una canción compuesta por ella, y on una canción compuesta cuando tenía 17 años. Nunca ha existido un número uno tan extraño como “Wuthering Hights”, y lo fue durante cuatro semanas. Aún hoy, más de 40 años después,

No está mal para alguien que ni siquiera había leído “Cumbres borrascosas”. Una noche, de niña, con apenas 14 años, vio una serie de la BBC sobre la novela de Emily Brönte. Quedó fascinada por una de las imágenes finales, cuando Heathcliff mira aterrado por la ventana la figura fantasmal de Kathy, que parece volver para turbarle. Esta imagen, en un expresionista blanco y negro, tan pasional y exagerada como Kate Bush se sentía, la dejó hechizada. No se podía sacar la furia y desesperación que ejemplificaban de la cabeza.

Lo que hizo fue correr y leer “Cumbres borrascosas”. La novela le encantó y encima descubrió que había nacido el mismo día que Emily, un 30 de julio. ¿Sería ella la reencarnación de la salvaje e independiente Emily? Empezó a sentir una gran conexión con aquella escritora que sólo escribió una novela y murió de tuberculosis. La conexión ha llegado a tal punto que la tumba de la escritora está presidida desde 2018 por una piedra en la que Bush le dedica un poema.

Mientras preparaba las canciones de su primer álbum, “The kick inside” vio que necesitaba una nueva canción dentro de su gran arsenal de temas compuestos de adolescente. A los 15 años, por ejemplo, ya había escrito canciones como “The man with a child in his hands” o “Moving”. Esto impresionó a David Gilmour, de Pink Floyd, que en esa época estaba grabando “Wish you were here”. Él fue quien propuso a su discográfica, EMI, hacer algo con aquella chica, después de que éste le grabase su primera maqueta profesional. Ellos aceptaron enseguida, pero Kate y su familia aseguraron que todavía era demasiado joven para exponerse de esa manera y dijeron que primero estudiaría piano, danza y mimo para estar realmente preparada. La discográfica aceptó y cuando llegó el día de empezar a planear lo que sería su primer disco, una noche de marzo de 1977, compuso la canción. La grabación también fue de madrugada, hasta pasadas las cinco de la mañana.

Son curiosos los paralelismos de la historia de amor del puk con Bush. Heathcliff es el hombre rudo, sin educación, de pueblo, que decide hacerse un nombre por sí mismo para conquistar a la caprichosa y soñadora Kathy. Cuando lo consiga, resentido por un amor que le ha obligado a ser una persona diferente, la humillará y abusará de ella, querrá que ella también sea diferente por amor. El fantasma de Kathy lo atormentará finalmente y lo destruirá al darse cuenta que el amor a Kathy era lo único real de su vida. No lo hizo cambiar porque él sólo era ese amor. El punk es aquí Heathcliff, que quiere ser el macho alpha sólo para descubrir que nunca lo había sido, sólo el amor lo es, y el espíritu de Kate Bush vendrá a atormentarle por ello.

No será hasta 1985, con el estreno del disco “The hounds of love”, su gran obra maestra, que los críticos y los viejos punks que la menospreciaron se darán cuenta del poder real que había tenido en sus vidas y reconocerán su hechizo. Como Heathcliff caerán de rodillas y llorarán por no haberse dado cuenta antes del poder de aquela chica, ahora ya prácticamente recluida. En 1979 realizará su única y espectacular gira, “The tour of live” donde mezclará, como David Bowie había realizado con “Dimond dogs”, música con teatro, danza, magia, cabaret, etc. Sólo serán seis semanas, seis exitosas semanas, que se convertirán en un mito ya que Bush se pasará los siguientes 35 años sin subir a cantar en directo.

Byron aseguraba que Keats sólo escribía sobre lo que imaginaba, pero que él escribía sobre lo que vivía, como si eso fuese más importante. El pop siempre ha buscado esa parte reafirmante del yo de Byron. El punk también lo hizo, sólo que con mala cara y levantando el dedo medio. Bush nunca se interesó demasiado a sí misma, y nunca obligó a nadie a que se interesase. Prefería al resto de personas. Ella crea música para imaginar, no para que la admiren y la reafirmen. El directo la ponía demasiado nerviosa, concentrando todas las miradas en ella. Sus canciones no tienen cuerpo, son etéreas, o sea poseen cuerpos, no los representa. Por eso sus canciones son tan relevantes ahora como hace 42 años, la imaginación no muere, los cuerpos sí.

Si dicen que el trap es el nuevo punk, ¿vendrá una nueva Kate Bush hablando de un libro de 1889 para dejarlos otra vez en ridículo? Si es así, bienvenido sea.