Romy Schneider: «Mi madre se acostó con Hitler. Buscaba una relación con él»

La actriz se reunió con Marlene Dietrich para abordar el pasado nazi de su familia

Estamos en el número 12 de la parisina Avenue Montaigne, muy cerca de los Campos Elíseos y del río Sena. Es una de las vías más transitadas de la capital francesa, pero también un buen lugar en el que esconderse si alguien quiere pasar desapercibido como un vecino más. Allí vive desde hace años uno de los iconos más destacados que ha dado Europa a la gran pantalla. Se llama Marlene Dietrich y está a punto de recibir una visita. Dietrich se convirtió durante la guerra en el símbolo de la lucha contra el nazismo, haciendo de su interpretación de la canción “Lili Marlene” la banda sonora de la resistencia.

Desde los años setenta, Marlene vive en ese gran piso huyendo de todo, desde los periodistas a los grandes estudios que todavía piensan en ella para algún papel importante. Su amigo Billy Wilder, que la había dirigido en “Testigo de cargo”, llega a viajar expresamente a París para verla, pero ella se niega y cuando suena el teléfono se hace pasar por la criada de la casa. “No, no la señora no está”, le dice a Wilder la supuesta criada.

Pero este día ha hecho una excepción: ha decidido abrir las puertas de la casa de la Avenue Montaigne a una joven compañera de profesión que es uno de los nombres más destacados del cine francés en los años setenta. Su nombre es Rose Marie Magdalena Albach-Retty, pero hace mucho tiempo que nadie la llama así sino por su nombre profesional: Romy Schneider. Pese a ser austriaca, hace mucho que rompió cualquier relación con la industria cinematográfica de su país natal. Muy lejos han quedado sus primeros éxitos como protagonista de una serie de películas que ofrecían una imagen distorsionada y cuento de hadas de la emperatriz Sissi. Ahora ella es una de las actrices más reclamadas por los realizadores franceses, asediada por la prensa que quiere saberlo todo de su vida privada.

Romy Schneider no ha acudido a Marlene Dietrich buscando consejos para interpretar un papel, no le quiere preguntar sobre cómo memorizar un papel o si le recomienda trabajar con un director concreto. No. Lo que hay en esa visita es un sentimiento de culpa y cree que la veterana intérprete puede ayudarla. Todo tiene que ver con la época en la que Europa se hundía por culpa del nazismo. Marlene era la imagen de la lucha contra Hitler. Romy, que había nacido en 1938 en plena ocupación nazi, era la hija de Magda Schneider, una actriz que no había ocultado sus simpatías por el Tercer Reich.

No sabemos mucho de este encuentro porque ninguna de las dos protagonistas habló públicamente de este episodio. Lo que ha trascendido es gracias a lo que el servicio doméstico de la protagonista de “El ángel azul” comentó muchos años después, además de alguna confidencia de la estrella de “Las cosas de la vida” a su círculo más íntimo.

A Romy le remordía la conciencia haber visitado Kehlsteinhaus, el llamado Nido del Águila, la cabaña de Hitler, en el sureste de Baviera. El dictador había convertido aquel lugar con vistas idílicas en el sitio perfecto en el que recibir a las visitas oficiales. Fue allí, por ejemplo, donde acudió Chamberlain cuando pensaba ingenuamente que podía lograr para Reino Unido. En 1942, Magda Schneider llevó una fría mañana hasta Kehlsteinhaus a su hija para que conociera a Hitler. La familia vivía no muy lejos de la residencia del genocida, en una elegante vivienda en la que parecía que no se supiera nada de una guerra que estaba destrozando el mundo. Para Magda aquello era un honor, sobre todo tras saber que ella era una de las intérpretes favoritas de Hitler. El encuentro quedó inmortalizado en una filmación casera en la que el grupo aparece sonriente y donde cuesta saber quien admira más a quien: si Hitler a Mgda Schneider o viceversa. Romy Schneider aparece tímida, sin ser consciente del monstruo que la había recibido.

Décadas más tarde, cuando Hitler ya estaba muerto y ella mantiene una relación fría con su madre, Romy llama a la puerta de Marlene y le cuenta su drama. Es la misma época en la que también decide mantener una conversación sobre el mismo tema con la periodista Alice Schwarzer, un icono del feminismo alemán. A lo largo de una larga entrevista mantenida el 12 de diciembre de 1976, mientras habla sobre su madre, Romy pide a Alice que parara un momento la grabadora. “Mi madre se acostó con Hitler. Buscaba una relación con él”. La actriz también reconoce que Alemania siempre la ha tratado mal, sobre todo mientras ha tenido como pareja a un actor francés llamado Alain Delon. Todo ello la acaba convenciendo de no volver a hablar en alemán, ni a hacer película alguna en ese país.

Es probable que a Marlene le contara todo eso. Que le dijera que tras romper con Delon se casó con el cineasta alemán Harry Meyen, una relación que duró desde 1966 hasta el divorcio en 1975. Con 18 años estuvo ingresado en el campo de concentración de Neuengamme donde fue torturado. Nunca se repuso de aquel drama y la depresión llamó a sus puertas en repetidas ocasiones, hasta que en 1979 decidió ahorcarse en su casa. Dos años después, David, el hijo que tuvo con Romy, murió en un accidente mientras jugaba.

Meyen fue una de las principales fuentes en el conocimiento que tuvo Romy Schneider sobre el nazismo. Antes ya había empezado a protagonizar algunas películas en las que el tema tenía un especial protagonismo, como “El cardenal” de Otto Preminger o “El tren” de Pierre Granier-Deferre. Pese a todo el dolor causado por las inesperadas muertes de su ex marido y su hijo, aún tuvo fuerzas para levantar una película, “Testimonio de mujer”, una crítica al nazismo.

Poco después del estreno de aquel proyecto Romy fallecía en el apartamento de unos amigos en París. Era el 29 de mayo de 1982. Tenía 43 años. Marlene Dietrich no fue a su entierro.