Kamasi Washington: la gran estrella del jazz del siglo XXI

Su disco de debut de casi tres horas “The Epic” rompe todos los esquemas y lo sitúa cerca de las grandes leyendas del saxo y del jazz

No mucho, pero sucede a veces en algunos estilos musicales. Y ha ocurrido en uno de los más inesperados, el jazz clásico. La aparición de una verdadera estrella con talento. El saxofonista californiano Kamasi Washington, de apenas 39 años es lo que necesitaba este centario género musical: gran talento, frescura y las influencias adecuadas de los maestros.

Estilos como el rock en sus innumerables vertientes, el soul y el country siguen viendo como cada año de este siglo aparecen obras y artistas muy interesantes, sin necesidad de innovar, no pasaba lo mismo ni con el blues ni con el jazz, entre otros.

La prueba es que a nivel popular no han surgido grandes figuras del jazz en muchos años, excepto quizá Wynton Marsalis, Roy Hargrove, John Lurie y sus The Lounge Lizards y algunos otros. Y ni mucho menos puede compararse su obra con colosos como Miles Davis, Lester Young, Dizzy Gillespie, John Coltrane y Charlie Parker, además de otros iconos inmortales.

Por ello, la aparición de Washington ha sido bendecida por fans y críticos, y ya ha ganado galardones. De hecho, pese a su juventud, acumula decenas de nominaciones a los Grammy. Hasta ahora, su obra consta de tres discos, “The Epic”, “Heaven and earth” y “Dinner party”.

La novedad es “Dinner party”, recientemente aparecido en este año de pandemia. Suena diferente a sus anteriores discos, y es mucho menos ambicioso. Parece casi un álbum de transición, muy corto y con, por primera vez, temas de menos de cuatro minutos. Buen disco, con colaboraciones de Kendrick Lamar, que es otro de los jazzman más brillantes del momento.

Lo mejor para conocerlo es escuchar su debut, “The Epic”. Ambicioso, excesivo, brillante y, sí, épico, a partes iguales. Tres discos, casi tres horas de música, no apto para neófitos en el jazz. Partiendo de una base bastante 70′s, con influencias como Wayne Shorter, es una mezcla de jazz más clásico, y con pequeños arreglos funk, electrónicos y hip-hop, partes vocales y, sobre todo, toneladas de su saxo. Un viaje alucinógeno e inusual para estos tiempos que corren, con tanta inmediatez. “Veo la música como una expresión que circula a través de mí”, explica. “Trato de hacerla lo mejor que puedo, pero solo puedo hacer la música que se manifiesta por mí. Es como si te dan una bolsa de semillas. Las siembras, las riegas, cuidas de ellas lo mejor que puedes. Pero el árbol en que se convierten es el árbol en que estaban llamadas a convertirse”.

Su banda la forman varios colegas del instituto

, y a ratos suenan con saxos, trompetas, trombones, teclados, percusiones, batería y las citadas voces. La influencia del saxofonista por excelencia, John Coltrane, está aquí, pero hay mucho más. 6 de los 17 temas duran 15 minutos, y Kamasi compuso 13 del total, además de ocuparse del sonido, de los arreglos. Su público es inusualmente joven y multirracial. En sus conciertos se baila. Ha trascendido los confines del jazz pero también ha cautivado a los guardianes de sus esencias. Ha sacado este estilo de su confinamiento artístico, pero también de su letargo social y político.

En este triple disco (cada uno lleva un título diferente) todo es excesivo, superlativo. Una banda de jazz de 10 miembros, una orquesta clásica de 32 y un coro de 20. Se mezcla, aparte de Coltrane, músicos quizá más vanguardistas como Pharaoh Sanders y Albert Ayler. También resonancias africanas, latinas y soul, pero con una base de jazz clásico.

Pese a que su padre, Rickey Washington también es músico de jazz, Kamasi no tocó el saxo hasta los 13 años. Antes, recibió una pequeña batería cuando cumplió 3. Todo su entorno, en Los Ángeles, era musical, jazzístico. A los 11, todo cambió. Escuchó a Art Blakey y Lee Morgan, y finalmente descubrió la colección de vinilos de sus padres, ahí estaba buena parte del mejor jazz clásico. Su padre le regaló un saxofón alto, el mismo que tocaba Charlie Parker. Empezó a tocar en una iglesia cercana.

Creció escuchando jazz en un entorno muy peligroso, incluyendo violencia policial. Sin sufrir percances, la lectura de Malcolm X le cambió algunos puntos de vista. Según cuenta, le apartó de toda violencia. Pronto entró a formar parte de la Multi-School Jazz Band, que volvió a unir a Washington con sus amigos de la infancia, los hermanos Ronald Jr. y Stephen Bruner, y con otros jóvenes –el saxofonista alto Terrace Martin, el pianista Cameron Graves, el bajista Miles Mosley- con los que empezaría a dar forma a la escena de jazz underground de Los Ángeles.

Poco a poco, se fue introdujendo del todo en la escena, colaborando con multitud de artistas, de varios estilos. Lo más chocante fue una gira con el polémico rapper Snoop Doggy Dogg. El hip-hop entró de esta manera a formar parte de su mundo musical.

El combo de estudiantes pronto se convirtió en el Get Down, un colectivo creado alrededor de una jam session. Kamasi seguía creciendo como músico. . En 2011 decidieron entrar en el estudio a registrar todo aquello. “Quisimos documentar nuestro propio sonido”, explica. El resultado fue 190 canciones o algo así. De ahí salió “The Epic”. Pero antes, siguiendo con sus colaboraciones, apareció en obras de estilos tan distantes entre sí como el indie rock -con artistas como Ryan Adams y The Twilight Singers-, electrónica y jazz progresivo. “La música es una sola cosa”, insiste.

“The Epic”, grabado con los citados músicos que al final se llamaron Young Jazz Giants, llegó al número 3 de las listas de jazz de Billboard, todo un hito para un debut de tres horas de duración. A ello siguieron una gira y, por supuesto, más colaboraciones, destacando las de John Legend y otros rappers, Run the Jewels.

Poco después, publicó en 2018 “Heaven and Earth”, un doble disco que casi alcanza la brillantez del debut, en la misma línea. También compuso la banda sonora de “Becoming”, el documental sobre Michelle Obama.