Josep Pla, el catalán que no quería ser bilingüe

El autor ampudanés definía como “una tragedia” el hecho de tener que escribir en dos lenguas

Josep Pla por Eugeni Forcano, 1967
Josep Pla por Eugeni Forcano, 1967 FOTO: LA SEGUNDA REPUBLICA SEGUN JOSEP LA RAZONLa Razón

Si hay un autor reivindicado por unos y por otros, a veces con más de una manipulación por encima, ese es Josep Pla. Para algunos es el mejor escritor de las letras catalanas, para otros es un símbolo del bilingüismo y también hay quien lo sitúa como un importante autor español. Esa controversia perdura hasta nuestros días y que podría tener fácil solución si se acudiera directamente a la fuente, es decir, al mismísimo Pla.

Durante los primeros años de la posguerra, mientras el franquismo se encargaba de prohibir cualquier tipo de publicación en catalán, Josep Pla se veía obligado a buscarse la vida. Habían fallado sus planes, junto con Manuel Aznar, de hacerse con el control con la redacción de “La Vanguardia”, se vio obligado a aceptar trabajos como “negro” literario, algo que ya había llevado a cabo durante la Guerra Civil mientras se encontraba en Italia y a lo que volvería en esos años escribiendo para otros, como fue el caso de Doménec Carles. El franquismo había puesto todo su empeño en que no se publicara en catalán, lo que obligó a Pla a cambiar de idioma. De la mano de Josep Vergés, durante la posguerra, pudo ganarse de alguna manera la vida publicando en castellano títulos como “Guía de la Costa Brava”, “Las ciudades del mar””, “Viaje en autobús” o “Humor, honesto y vago”. Sin embargo, siempre que pudo, volvió al catalán, como pudo hacer en 1947 al publicar en la editorial Joventut “Cadaqués” y, más extensamente, a partir de su colaboración con Josep Maria Cruzet en la editorial Selecta, donde aparecerían un total de 22 títulos entre 1949 y 1956, desde “Coses vistes” a “De l’Empordanet a Barcelona”. Tras el suicidio de Cruzet, en 1962, las cosas cambiaron a nivel editorial para Josep Pla que ya se entregó, con alguna excepción, a la editorial Destino de su amigo Josep Vergés, donde verían la luz todos sus trabajos, tanto en edición catalana como castellana, algo que simultaneó con colaboraciones en prensa.

Por aquellos años, el poeta Enrique Badosa, recientemente fallecido, había iniciado la encomiable labor de dar a conocer algunos de los mejores autores de la literatura catalana, como fue el caso de Salvador Espriu y al que seguiría J. V. Foix. Badosa, gran lector y crítico literario, también prestó una especial atención a la labor de Josep Pla, hasta el punto de dedicarle un elogioso artículo en “El Noticiero Universal” en el que aplaudía el bilingüismo del autor ampurdanés. Con su particular ironía, pero sin olvidar lo serio del asunto, Pla se dispuso a contestar a Badosa. “Yo desearía discutir este artículo porque lo merece, pero siempre a base de prescindir de mi nombre, que no interesa. Mi idea, señor Badosa, es que el bilingüismo no es una peripecia, sino una tragedia”.

Badosa había dicho que “Pla posee el genio expresivo del catalán y a la vez del castellano. La posesión de ese genio es algo que en Pla hay que dar por descontado cuando se le juzga por tal o cual obra escrita en lengua catalana o en lengua castellana. Pero al considerar la personalidad total de este Pla importa tener en cuenta la posesión que hace de él una fértil, poderosa y felizmente garladora “rara avis” de las letras”.

Pla se preguntaba en ese texto, aparecido en la mítica sección de la revista “Calendario sin fechas” en 1957, si realmente era bilingüe. En este sentido recordaba sus colaboraciones en las páginas de “El Sol” y como el director de aquel diario, Manuel Aznar, debía corregir su “estilo pedregoso”. También, haciendo memoria, apuntaba cómo en los primeros momentos de la Guerra Civil, instalado en Italia, tenía “un tal desprecio por la literatura (en prosa) del fascismo y concretamente por la prosa de D’Annuzio, que quise demostrar que se podía escribir (¡pobre de mí!) el italiano con una naturalidad plausible. Escribí unos artículos que fueron aceptados por el egregio señor comendador director del periódico más importante de la localidad”. Al rememorar todo esto, así como el hecho de haber escrito en Italia un libro, “”Spagna. Grandezza e destino di un impero”, para que fuera firmado por su amigo el conde de Logothete, Pla no tenía dudas: podría ser visto como bilingüe o, incluso, trilingüe.

El autor de “El quadern gris” le aseguraba a Badosa que sí, que había vivido en Madrid, que había leído el Lazarillo o a Fray Luis de Granada. Todo ello le llevaba a asegurar que “el bilingüismo no es una peripecia. Esta palabra implica habilidad, travesura, aventura, suerte. ¡Pero no es esto! El bilingüismo es una tragedia. El bilingüismo es una tragedia indescriptible, frente a la cual yo postulo la necesidad -la necesidad absoluta- de que la gente (quien sea) escriba de acuerdo con sus necesidades de grupo, de clan, de tribu, de nación, de Estado, de lo que sea”.

Eso le hacía concluir, con tristeza, que teniendo en cuenta los años que duraba tener que ser bilingüe, “se ha convertido en una manera de pasar el rato como otra cualquier, ¡pero no para mí, se entiende!”

Posteriormente, Josep Pla incluyó en “Per passar l’estona”, uno de los volúmenes de su obra completa.