La Fundación Bofill reclama más recursos y un plan estratégico para el sector de la formación de la población adulta

Cataluña está a la cola de Europa en este ámbito, con un 13% de personas de entre 25 y 65 años en formación, cuando la media de los países nórdicos es del 25%, y necesitaría 90 mil personas más para alcanzar el 15% establecido en la Estrategia Europea 2020

La población adulta que demanda formación en Cataluña ha aumentado en los últimos años, pero se mantiene a niveles por debajo de la media europea
La población adulta que demanda formación en Cataluña ha aumentado en los últimos años, pero se mantiene a niveles por debajo de la media europea FOTO: Lluis Salvado

La demanda de formación por parte de la población adulta en Cataluña ha experimentado un crecimiento en los últimos años, sin embargo las cifras están aún muy lejos de los objetivos marcados en este ámbito por Europa. De hecho, en 2019, el 9,2% de la población de entre 25 y 65 años se estaba formando y en 2021 ese porcentaje se situaba ya en el 13%, pero aún serían necesarias 90 mil personas más para alcanzar el 15% establecido en la Estrategia Europea 2020, tal y como pone de relieve el informe Nunca es tarde para aprender, impulsado por la Fundación Jaume Bofill.

Así pues, Cataluña sigue lejos de las cifras de formación de la población adulta que registran los países europeos, especialmente los nórdicos, que alcanzan una media del 25%, lo cual resulta especialmente preocupante por cuanto el 38,2% de ese colectivo tiene estudios básicos y el 36,2%, bajos. Y si a eso añadimos que la tasa de abandono escolar prematuro, pese a haber registrado una mejora en los últimos años, es del 14,8%, cuando la media estatal es del 13,3% , la europea, del 9,9% y el objetivo marcado por la Unión Europea es del 10%, parece imprescindible mejorar la formación de la población adulta. Sin embargo, Cataluña mantiene un bajo porcentaje de participación de este colectivo en formación, un elevado nivel de abandono escolar prematuro y una alta tasa de personas con baja cualificación, lo que sitúa a este territorio a la cola de Europa en cuanto a continuidad educativa.

En este sentido, es destacable también la gran polarización que existe en los niveles de paro según los niveles formativos, que coloca a Cataluña en el octavo lugar en el ránking europeo. Y es que en 2019, el 15% de la población de 25 a 54 años con estudios superiores participaba en la formación a lo largo de la vida, por el 4,5% de las personas con estudios básicos o inferiores. En cuanto a la tasa de paro, en 2020 ésta era del 6,8% entre la población con estudios superiores y del 19,6% entre quienes tenían estudios básicos o inferiores.

Al respecto, es importante mencionar que, tal y como ponen de relieve diversos trabajos internacionales, la educación es un factor de protección para la salud, de manera que las personas con un nivel más bajo de estudios suelen tener peor salud, lo que se traduce en una reducción de la esperanza de vida de 10 años de media. En el caso concreto de Cataluña y según los datos de la Encuesta de Salud, el 36% de los hombres y el 48% de las mujeres con estudios primarios o sin estudios dicen tener una salud regular o mala, mientras que entre la población con estudios superiores, esos porcentajes se sitúan en el 6% y el 13% respectivamente.

Sin dar respuesta

Así pues, es evidente que el nivel formativo de las personas va asociado a un mayor bienestar y mejores indicadores económicos, lo cual legitima todas aquellas políticas y medidas destinadas a potenciar y fomentar la formación de las personas, incluso en la edad adulta, sin embargo, en Cataluña, este sector presenta muchas carencias. A partir de este informe, la Fundación Jaume Bofill advierte que la oferta de los centros catalanes de formación de personas adultas es excesivamente homogénea, rígida en calendarios y organización y poco adaptable a las necesidades laborales y de conciliación de este colectivo.

Todo ello se traduce en un importante absentismo y abandono. De hecho, solo el 36% de los estudiantes que se matricula acaba superando las enseñanzas del curso, el 20% directamente no se presenta al curso y el 19% justifica el abandono por razones laborales. En cuanto al personal docente, es significativo que no exista una formación universitaria específica para ser formador de personas adultas, de manera que el 43% de los docentes del sector público tienen la titulación de profesor y el 56% tienen titulaciones superiores, por lo que en su mayoría se han visto obligados a recurrir a la autoformación para poder impartir clases a este colectivo.

En busca de soluciones

Así las cosas, la Fundación Jaume Bofill, reclama un plan estratégico que articule todo el sector de la formación de personas adultas con propuestas que tienen como objetivo final el refuerzo del sector con recursos, reconocimiento y planificación. En este sentido, a grandes rasgos, desde la entidad apuntan a la necesidad de integrar las redes de centros de formación y las iniciativas comunitarias del territorio, de dotar de mayores recursos y más autonomía a los centros formativos de manera que éstos puedan adaptarse a las necesidades y características de los posibles demandantes, asimismo reclaman la creación de un sistema de indicadores compartidos en toda Cataluña y una mayor flexibilidad organizativa y metodológica en los centros de formación y la creación de una Comisión catalana de Formación a lo largo de la vida impulsada por el Departamento de Educación.