Sociedad

La receta egipcia prohibida para fabricar oro

Entre los alquimistas se rumoreaba que los egipcios habían logrado fabricar oro, algo que no es tan fantasioso como parece

Monedas modernas hechas de una aleacción de oro
Monedas modernas hechas de una aleacción de oroDimitry Demidko (nombre del dueño)

Si queremos estudiar a los primeros químicos de la historia, debemos viajar a Egipto. Mientras el resto de civilizaciones solo se limitaban a fundir metales para fabricar herramientas y armas, en el Antiguo Egipto ya eran capaces de crear tintes, formar vidrio, o fabricar pociones para embalsamar a sus reyes.

Esta civilización estaba tan adelantada a su tiempo que los primeros alquimistas de la Edad Media se inspiraron en ellos a la hora de idear sus propias pociones y transformaciones químicas. Entre ellos circulaba la idea de que los egipcios eran capaces de crear oro y plata a partir de los metales más básicos, algo que parece un mito… ¿o no?

La receta del oro

Sabemos que los egipcios eran buenos en química no tanto por los escritos que dejaron, sino gracias a los descubrimientos arqueológicos. En las excavaciones hemos podido encontrar tejidos teñidos o botellas con compuestos purificados para ser usados de manera habitual.

Respecto al material escrito, lo único referente a la química son dos grupos de papiros muy interesantes: los papiros de Leyden y los papiros de Estocolmo. Ambos son en realidad libros de recetas, manuales pensados para preparar diferentes tipos de compuestos químicos. Al analizarlos, parece ser que ambos fueron escritos por el mismo escriba sobre el año doscientos después de Cristo, ya que el tipo de letra y la tinta es idéntica en los dos. Ambos documentos fueron descubiertos en Tebas, pero se cedieron al gobierno holandés y al sueco, recibiendo sus nombres por donde están expuestos.

Cada grupo de papiros se especializa en la fabricación de diferentes materiales: los papiros de Estocolmo reúnen en su mayor parte recetas para diferentes tintes, y los papiros de Leyden están más especializados en la mezcla y purificación de diferentes metales. El detalle más relevante es que, en el capítulo número X del papiro de Leyden, podemos encontrar algo peculiar: una receta para fabricar oro.

Debido a su aspecto y rareza, el oro ha sido uno de los elementos químicos más apreciados desde la prehistoria. Como no reacciona químicamente con casi nada, puede ser encontrado en el cauce de los ríos en forma de unas vistosas y doradas pepitas, siendo popular en la fabricación de joyas difíciles de conseguir. Fue clave para la economía en el comienzo de la civilización, ya que las primeras monedas eran de oro y plata para asegurar que la gente confiara en su valor y a la vez aprovechar su escasez para impedir crear dinero fácilmente.

Esto hizo que el oro estuviera íntimamente ligado a nuestra historia. Ya tenemos referencias al mismo en el Antiguo Testamento o en los jeroglíficos del Antiguo Egipto. La humanidad siempre ha vivido una ligera fiebre del oro, y no es extraño que los egipcios también buscaran maneras de fabricarlo con su química avanzada.

La receta del papiro es sencilla. Solo debemos mezclar un poco de oro puro con varios metales de aspecto dorado como óxido de zinc, cobre, pirita y hemanita. Todos estos metales forman una aleación en la que el oro actúa prácticamente como un colorante químico, logrando un lingote del mismo color pero el doble de pesado gracias al cobre. Ahora podremos vender nuestro lingote de “oro” al peso y aprovechar una pequeña parte del dinero para comprar más oro para repetir la operación.

Sabemos que esta receta de “creación” de oro no debía ser la única, y que debían existir muchos otros papiros con técnicas similares. Que este proceso de falsificación estuviera presente en un papiro público y que la receta fuera tan inquietantemente sencilla, provocó un aumento de la joyería de oro de imitación, que se podía llegar a comprar en cualquier puesto ambulante.

La máscara mortuoria del faraón Tutankamón, con un peso total de 11kg y hecha de oro, vidrio y piedras preciosas.
La máscara mortuoria del faraón Tutankamón, con un peso total de 11kg y hecha de oro, vidrio y piedras preciosas.Roland Unger

Los griegos y los romanos, con sus monedas formadas por una aleación de oro y plata, temían que su economía pudiera hundirse por culpa de estas falsificaciones. Para evitarlo, el emperador Diocleciano promulgó un decreto que obligaba a quemar cualquier escrito egipcio relativo a la fabricación de oro o plata. Esto explica por qué tenemos tan poca información escrita sobre la química egipcia, siendo los papiros de Leyden y Estocolmo la excepción, y no la norma.

A pesar de las prohibiciones, las recetas de cómo falsificar oro y plata siguieron siendo aplicadas y pasaron de boca en boca durante generaciones. En diferentes excavaciones se han encontrado desde lingotes de hierro bañados en plata hasta lingotes de latón con una pequeña cantidad de oro para que brille lo suficiente como para engañar al prójimo.

Esta corriente de falsificaciones químicas siguió siendo una preocupación de diferentes países y la existencia de un oficio especial para detectar falsificaciones, como es el orfebre, nos hace pensar en la enorme influencia histórica. La historia apócrifa de Arquímedes hundiendo una corona en la bañera para comprobar si estaba hecha de hierro u oro ya nos hace pensar que las falsificaciones eran especialmente habituales en su época, y no existían tantos métodos para desenmascararlas.

Añada lágrimas de unicornio

Al pasar a la Edad Media, las falsificaciones estaban presentes en Europa en mano de los alquimistas, dedicados a estafar a los nobles con sus falsas aleaciones, creándolas delante de sus ojos como si fuera un hechizo. Debido a la influencia conseguida por el oro y plata falsos, algunos alquimistas incluso lograron financiación por parte de Felipe II, interesado en encontrar una manera de generar plata para el Reino de España.

En vez de escribir sus recetas reales, algunos alquimistas explicaban sus métodos en manuales llenos de menciones mitológicas y pasos casi imposibles de lograr. Una pseudoexplicación que pudiera contentar a alguien que no tuviera idea del proceso y a la vez le quitara las ganas de hacerlo por su cuenta para hacer competencia al alquimista. Este tipo de recetas fantasiosas son las que más han permanecido hasta nuestros días y provocaron que muchos de los primeros químicos sentaran sus conocimientos en estas bases erróneas, necesitando volver a empezar de nuevo.

Hoy en día es mucho más complicado falsificar el oro y la plata, y tenemos métodos químicos más complejos y difíciles de sortear. En vez de eso, los falsificadores aprovechan la química en otro tipo de moneda: los billetes. El tinte con el que están impresos los euros de su cartera tiene una pequeña y secreta concentración de europio, un elemento químico escaso. Los detectores de billetes falsos usan la luz ultravioleta para detectar el brillo especial de estos tintes, que son muy difíciles de replicar si no se conoce la receta. Al igual que los papiros de Leyden, probablemente los falsificadores acaben sacando su propia receta para fabricar billetes. Pero si esto sucede, la solución será más sencilla que con el oro: se cambiarán los billetes y volveremos a empezar.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Las monedas actuales tienen una proporción de metales diferentes al oro y a la plata, con un tamaño y composición acorde al precio de la moneda. De este modo, si nuestras monedas se funden no ganaremos dinero, algo que devaluaría la moneda.
  • El oro no se puede usar de manera pura para joyería, ya que es demasiado blando. Siempre se comercializa con una mezcla de otro metal, en una proporción determinada por los quilates. 24 quilates es el equivalente al oro puro, y por ejemplo 18 quilates indica 18 partes de oro y 6 partes de aleación.

REFERENCIAS: