Ha nacido un planeta

De hecho, está naciendo desde hace mucho tiempo, agregando materia del disco que gira en torno a la estrella AB Aurigae. Hasta hace poco lo sospechábamos, pero tras unas recientes imágenes ya es oficial.

En una buena noche, lejos de las incómodas luces de la ciudad, podemos disfrutar de la oscuridad de la noche troquelada con infinidad de estrellas. Durante mucho tiempo tan solo vimos eso, puntos de luz a los que llamamos estrellas, pero quién iba a sospechar que, eran otros soles. Es difícil imaginarlas como nuestro astro Rey, tan lejanas y diminutas. No obstante, eso es lo que son, descomunales bolas de plasma, “fábricas” de elementos y de luz. Incluso habiendo resuelto esto, entendiendo la verdadera naturaleza de las estrellas, había mucho que todavía desconocíamos. Porque eran una suerte de soles, sí, pero ¿eran los soles de otros mundos? ¿Había planetas orbitándolas o nuestro sistema solar era una excepción? Algunos pensadores creían firmemente en la pluralidad de mundos e incluso, los más optimistas añadían a esta esperanza el adjetivo “habitados”.

“Y semejante espacio lo llamamos infinito, porque no hay razón, capacidad, posibilidad, sentido o naturaleza que deba limitarlo. En él existen infinitos mundos semejantes a éste […]”.
-Giordano Bruno

Por suerte, hemos avanzado mucho desde entonces. Ya no sospechamos su existencia, los hemos visto. Tal vez no de forma directa, recortando su contorno contra el negro espacio, pero han sido detectados al ver los efectos que producen en las estrellas en torno a las que orbitan. Por ejemplo: el movimiento de la estrella solo puede ser explicado si hay otros cuerpos tirando de ella a medida que la rodean una y otra vez, o puede que, periódicamente, el brillo de la estrella se reduzca, siendo eclipsada temporalmente por uno de sus planeras. Ya conocemos unos cuantos exoplanetas, que así se llaman los planetas externos a nuestro sistema solar. De hecho, hemos registrado tantos que ha dejado de ser un tema popular entre las noticias científicas.

Una turbulencia sospechosa

AB Aurigae no es una estrella cualquiera, es especialmente joven. A grandes rasgos, el nacimiento de una estrella no es algo inmediato, es un proceso por el cual, muy poco a poco, se condensa la materia. Materia que antes estaba esparcida en forma de gas y polvo a lo largo y ancho de descomunales extensiones de espacio. Cada partícula y molécula de gas se siente atraída por el resto, concentrándose en el centro de la nube. En ese lugar nacerá la estrella que una vez haya acumulado suficiente materia, la presión y la temperatura de su interior propiciarán reacciones de fusión nuclear, transformando átomos de hidrógeno en átomos de helio y formando nuevos elementos.

No obstante, no toda la nube se concentra formando la estrella, a su alrededor queda un enorme disco que gira más o menos en un mismo sentido. Las pequeñas partículas de materia que formaban la nube no solo han chocado en el centro dando lugar a la estrella, sino que colisionan entre sí constantemente. Al principio cada una se mueve en una dirección, pero a medida que impactan con otras se van frenando, como si fuera una batalla. Si en origen había más materia girando en un sentido que en el contrario, se podrá ver un giro predominante a medida que la mayoría de las partículas se frenan. El proceso es mucho más complejo, y en él entran en juego factores que aplanan la nube para darle esa forma de disco tan característica, pero lo que nosotros nos interesa es lo que ocurre con todas esas partículas que chocan con otras, haciéndose cada vez más grandes.

Cuando tienen cierto tamaño pasamos a llamarlas planetesimales, y si siguen acretando materia puede que lleguen a formar un planeta. Pues bien, parece ser que el disco protoplanetario que rodea a AB Aurigae está en ello. De hecho, esto es algo que se intuye desde hace unos años, cuando el telescopio ALMA tomo una imagen de la sospechosa. En ella se dejaban ver lo que parecían brazos espirales de gas, cerca de la estrella. Lo cual es una forma de decir que el disco de materia que la rodea era más denso en algunas partes que se alineaban y alejaban de la estrella curvándose, como las cuchillas de una picadora. No obstante hacía falta más “resolución” y para eso ha habido que esperar.

No es tan sencillo, pero tampoco es incorrecto pensar que para conseguir una mejor resolución necesitaríamos un telescopio mayor, por lo que, a finales de 2019, un equipo de astrónomos liderados por A. Boccaletti decidieron recurrir a un telescopio muy grande, concretamente a aquel llamado Telescopio Muy Grande (Very Large Telescope o VLT) y perteneciente a Observatorio Europeo Austral (ESO). Los astrónomos gustan de llamar a las cosas por lo que son, de hecho, actualmente se está construyendo un telescopio todavía mayor que recibe el nombre de Telescopio Extremadamente Grande (ELT). En cualquier caso, gracias al VLT consiguieron tomar unas imágenes con muchísima más definición y en ellas no solo se encontraba la confirmación de aquellos brazos espirales, sino que había una segunda espiral que podría ser, perfectamente, la señal de un planeta naciendo.

Entendamos que naciendo es algo muy ambiguo y que, estrictamente, se trata de un cuerpo de un notablemente grande y suficientemente esférico para ser llamado planeta, pero que todavía no ha despejado su órbita y que sigue acretando materia y, por lo tanto, creciendo. Sabemos poco sobre la verdadera dinámica de este proceso y la mayoría que conocemos proviene de las simulaciones hechas con ordenador. Pues bien, algunos modelos plantean que, un planeta en formación, en estas condiciones, produciría turbulencias en la materia del disco protoplanetario, como si fueran remolinos, aunque no de cualquier forma. Se sospecha que también formará sus propios brazos de materia más concentrada, uno curvándose hacia el centro del sistema, hacia la estrella, y el otro alejándose de ella hacia el exterior del disco. Y esto es, presuntamente, lo que el VLT ha visto.

Todas estas observaciones ayudan a confirmar lo que creemos saber. Son una forma de comprobar si las simulaciones obtenidas a partir de las ecuaciones que conocemos se ajustan a la realidad o de qué forma fallan. Y aunque parezca mentira, las preguntas pueden resultar menos profundas, pero ahora que sabemos que efectivamente muchas estrellas son los soles de otros mundos, nacen centenares de nuevas preguntas a los pies de esta respuesta.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • No se tiene la completa certeza de que lo mostrado en las imágenes sea un planeta en formación, pero es bastante plausible como para sugerirlo teniendo en cuenta lo que sabemos de estos procesos y lo que el VLT nos ha podido mostrar. En cualquier caso, el ELT podría aportar pruebas más concluyentes una vez esté en funcionamiento.

REFERENCIAS (MLA):