Sociedad

Crear vida a la carta ya es una realidad, y no solo en bacterias

La biología sintética es un campo en auge que, hermanado con la ingeniería genética, está logrando avances sorprendentes con un enorme potencial social

Placa de Petri con un cultivo de microorganismos
Placa de Petri con un cultivo de microorganismosAdrian LangueCreative Commons

No somos conscientes de lo lento que pasa el tiempo hasta que nos olvidamos de nuestra ridícula escala. Nosotros, ansiosos primates, actuamos con la prisa de quien sabe que va a morir, levantamos ciudades en un suspiro geológico y desarrollamos complejísimos métodos de entender el mundo en apenas un parpadeo astronómico. Nos precipitamos en un mundo estresante y fugaz, al ritmo de los seres vivos, que nacen y mueren constantemente. No obstante, el cosmos sigue otro tempo, las grandes cosas de este universo son infinitamente más pausadas, la formación de galaxias, la muerte de una estrella o el levantamiento de una cadena montañosa, ejemplos que nos ayudan a ver que, tal vez, no somos la vara de medir de la naturaleza. Claro que, a decir verdad, en la biología también hay procesos que tienen lugar a fuego lento, pero para encontrarlos hemos de olvidar al individuo y enfocarnos en su especie, en una colectividad.

Los individuos nacen y mueren, no cambian sustancialmente, pero las especies se adaptan, evolucionan a lo largo de cientos de miles de años. Poco podemos hacer para acelerar este proceso. Siempre cabe la opción de horadar una montaña para devastarla en meses como haría la erosión en milenios, pero cuando se trata de biología sigue habiendo límites muy marcados. Hace miles de años que criamos animales para nuestro beneficio, seleccionando los ejemplares con cualidades más interesantes, forzando su evolución mediante una selección artificial. Hasta ahora, para producir cambios sustanciales necesitábamos esperar a que, generación tras generación, estos se fueran acumulando y el tiempo biológico profundo, por decirlo así, seguía imbatido, erigiéndose junto con el geológico y el astronómico. Ahora, con la edición genética en nuestra mano, estas reglas han cambiado y hemos aprendido a doblegar el tiempo a nuestra voluntad, al menos en lo que a la evolución se refiere.

Biología sintética

Hablamos, de la biología sintética, una disciplina de nombre confuso y que puede dar lugar a la idea equivocada de que, como la biología, busca comprender el funcionamiento de los seres vivos, pero estamos más ante una ingeniería que una ciencia natural. La biología sintética busca modificar a los seres vivos para dotarles de nuevas propiedades que no tenían en la naturaleza. En cierto modo podríamos decir que, como suele explicar el investigador Antony Evans: la biología sintética ve a los organismos como aplicaciones.

Se trata de un campo tan innovador y con tanto potencial que el entusiasmo ha llevado a desarrollar concursos y todo tipo de premios para las mejores aplicaciones. Sin ir más lejos, nuestro país cuenta con algunos equipos de biología sintética especialmente reconocidos en el ámbito internacional, como el de la Universidad Politécnica de Valencia. Y es que a pesar de que suene a ciencia ficción la biología sintética no es pura especulación, sino que ya ha tomado cuerpo y revolucionado el mundo. Inclusos sus aplicaciones más modestas y popularizadas son realmente sorprendentes. Para entenderlo tan solo debemos recordar el hecho de que la vida de muchos diabéticos depende de esta disciplina. La insulina que les administramos ya no viene del páncreas de vacas o cerdos, sino que es producida por bacterias y levaduras modificadas genéticamente.

No existe otra manera de enfrentarse a la descomunal demanda de insulina que vivimos en nuestro siglo, y hemos de recordar que el algodón con el que hacemos nuestros vaqueros o el papel moneda son, igualmente transgénicos. Semillas resistentes a la sequía, arroz capaz de combatir la ceguera en personas con déficit de vitamina A, salmones de crecimiento rápido y capaces de alimentar a más personas, todo ello son líneas de investigación bastante avanzadas. Son una realidad, pero en la frontera hay cosas incluso más sorprendentes.

Vida creada desde cero

Uno de los grandes límites es que, a pesar de nuestra sorprendente capacidad para editar a algunos organismos, hasta ahora hemos restringido buena parte de nuestras aproximaciones a una especie de collage. No hemos creado gran cosa, por así decirlo, sino que hemos reordenado, eliminado o alterado mínimamente determinadas secuencias, consiguiendo seres vivos diferentes, pero no completamente nuevos, lo cual limita algo las posibilidades. Un ejemplo reciente es el de la bacteria resistente a virus. Como hemos dicho, existen granjas de bacterias encargadas de producir determinadas sustancias, como es el caso de la insulina. Sin embargo, del mismo modo que las plantaciones pueden echarse a perder por una plaga, estas granjas de bacterias son vulnerables al ataque de determinados virus, los bacteriófagos.

Al alterar su información genética, los investigadores han conseguido obtener una Escherichia coli suficientemente distinta como para volverla irreconocible a los virus, que ahora son incapaces de infectarla. Esto podría suponer un abaratamiento y aumento de la producción de multitud de sustancias obtenidas mediante estos métodos.

Hace tan solo dos años, sin embargo, otra noticia copó los titulares, el primer organismo creado con un ADN totalmente sintético, mucho más desde cero que todo lo que había sido sintetizado hasta entonces. Se trataba de otra variante de Escherichia coli, llamada en esta ocasión Sny61, cuyo ADN había sido ensamblado por fragmentos antes de unificarlo en una única pieza. La idea del equipo era poner a prueba su tecnología, sin perseguir por ahora un fin práctico claro más allá de comprender las posibilidades que se abrían ante ellos, por lo que, como si fuera un código de ordenador, decidieron optimizar la información del ADN de la Escherichia coli para eliminar redundancias y otra información innecesaria.

Cuando dominemos en detalle todas estas técnicas, podremos encontrar aplicaciones inimaginables. De hecho, ya se habla de edición de vegetales para cultivar piezas de distintos aparatos e incluso hay equipos persiguiendo la bioluminiscencia en plantas para poder crear árboles que sustituyan a las farolas, reduciendo el consumo y la contaminación lumínica. Por supuesto, queda tiempo para que estos experimentos alcancen un nivel funcional, por ahora su brillo es muy limitado y no consigue iluminar una estancia, para cuanto menos una vereda.

Sin embargo, no hemos de confiarnos, porque parece tan solo cuestión de tiempo que alcancemos las habilidades que nos separan de todo ese tipo de innovaciones. La velocidad a la que evoluciona la ingeniería genética es apabullante y las últimas décadas nos han dejado claro que su ritmo no solo es impredecible, sino algo imparable. Precisamente por eso, uno de nuestros cometidos deberá de ser tener en cuenta esta situación y no dar pasos en falso. Tomar la ética como bandera y solo trabajar bajo su luz, valorando cada innovación posible en un campo tan nuevo, inexplorado e impredecible como es el de la vida artificial.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Un organismo modificado genéticamente no es necesariamente un transgénico. Los transgénicos son organismos en los cuales se ha introducido información de otros seres, mientras que un organismo modificado genéticamente puede haber sido diseñado de otras formas, tal vez modificando selectivamente determinada información, sin implicar una mezcla de diferentes especies.

REFERENCIAS (MLA):