Química

¿Qué es el fuego?

No es sólido, ni líquido, ni gas… ni siquiera materia

Una gran hoguera
Una gran hoguera12019 / PixabayCreative Commons

El fuego es hipnótico. Su sonido, la manera en que eleva sus llamas, retorciéndose y serpenteando bajo el humo… Pero ¿qué es el fuego? Todos sabemos identificar el fuego, lo usamos con relativa frecuencia, hablamos de el en nuestro día a día, lo dibujamos para representar calor o excitación y puede que hasta hayamos tenido que enfrentarnos a él en alguna ocasión. Sin embargo, nada de eso asegura que nos hayamos preguntado cuál es la naturaleza del fuego. Tenemos esa extraña facilidad para ignorar las preguntas fundamentales que rondan a nuestras experiencias diarias y este caso es uno de ellos.

El fuego nos ha hecho quienes somos, no solo por el papel simbólico que juega en nuestra cultura y tantas otras, sino porque, sin él, nuestros antepasados más remotos habrían seguido caminos muy diferentes. No cocinarían la comida, lo cual disminuiría la capacidad de obtener energía de ella y aumentaría el riesgo de enfermar por sus microorganismos. No habríamos desarrollado la metalurgia y, por lo tanto, nuestra tecnología se habría visto muy limitada. Ni siquiera habríamos podido protegernos de las fieras que acechan en la noche. El fuego nos ha acompañado durante buena parte de nuestra historia y, en un sentido algo poético, le debemos cierta atención, por ejemplo, conociendo qué es y cómo funciona.

Ni sólido ni líquido ni gas

Imagina que tuvieras que definir el fuego. No lo busques en un diccionario, antes de eso, intentemos enfrentarnos a la hoja en blanco. Tal vez lo más básico sea identificar el estado de la materia en que se encuentra el fuego. Sabemos que no es sólido ni líquido, eso por supuesto, así que tal vez podría ser gas, por exclusión. La sorpresa llega ahora, al descubrir que no es gas, no cumple las características necesarias para ser considerado como tal y, para aquellos que sepan de otros estados de la materia, ya anticipamos que el fuego tampoco es plasma ni nada similar. De hecho, no podemos decir que el fuego esté en un estado concreto de la materia porque, en realidad, el fuego ni siquiera es “material” en un sentido popular. Si nos ponemos finos, podríamos considerarlo material según desde qué corriente filosófica lo analizáramos, pero en la calle, para el entendimiento común, el fuego sería un proceso, del mismo modo que lo es la putrefacción de un alimento o que nos ruboricemos. Nadie se plantea que la putrefacción sea líquida, sólida o gaseosa, por mucho que implique la presencia de determinadas sustancias en varios estados de la materia.

Ahora sí, podemos buscar en el diccionario qué es el fuego, y descubriremos que se suele definir de una manera algo diferente, como un fenómeno o una experiencia sensorial. En cierto modo es así, pues hemos nombrado al fuego a partir de los estímulos que recogen nuestros sentidos y eso es un fenómeno. Sin embargo, eso sucede con prácticamente todo lo que nos rodea, con el mar, la sal, los perros… Por lo que la afirmación de que sea una experiencia sensorial se vuelve poco relevante y, por supuesto, incompleta, porque esas sensaciones vienen de una realidad que está más allá de nuestros sentidos y que hemos de definir. Por eso, considerarlo un “proceso” es más exacto. De hecho, ese proceso sería el conjunto de reacciones químicas y procesos físicos característicos de una hoguera.

Química y física

Por ejemplo. El fuego, más allá del caso particular de una vela o una hoguera, requiere un combustible, un comburente y la energía de activación. El combustible, como puede ser la madera, es el material capaz de arder en presencia de un comburente. El comburente, a su vez, es la sustancia que libera energía química produciendo la combustión propiamente dicha, siendo el oxígeno el ejemplo por excelencia. Finalmente, la energía de activación es un aporte de calor (sea una chispa o una llama), que permiten que el comburente y el combustible reaccionen entre sí.

Podríamos decir que hay dos características generalizables de cualquier fuego. Por un lado, su capacidad para emitir calor, o dicho de manera más erudita: que sea una reacción exotérmica). La liberación de calor se debe a que, a partir de cierta energía de activación, los compuestos del combustible empiezan a reaccionar con el comburente reordenándose y liberando energía al formar enlaces más estables entre sí. La cual, a su vez, actuará como nueva energía de activación capaz de mantener en fuego vivo hasta que el combustible o el comburente se agoten.

Por otro lado, está la presencia de una llama, pues hay muchas reacciones exotérmicas que no consideramos fuegos. La llama es la luz que emiten las partículas y gases que se desprenden de la combustión. Normalmente, todos los objetos emitimos luz, pero si el cuerpo no está lo suficientemente caliente, esa luz no es visible para nuestros ojos (aunque sí para unas gafas de visión nocturna, por ejemplo). En este caso, el calor hace que los gases, las partículas de carbono desprendidas de un tronco y otras sustancias brillen mientras se elevan, arrastradas por los gases calientes y, por lo tanto, menos densos, que rodean a la combustión. Con estas palabras solo hemos comenzado a arañar la superficie y queda muchísimo que decir sobre la naturaleza del fuego, pero, al menos, ahora conocemos algunas de las características fundamentales de ese proceso que nos ha hecho humanos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La definición de “fuego” es mucho más compleja y, en parte, depende del concepto de fuego que queramos definir. Si hablamos de un fuego abstracto lo definiremos de una manera y si entendemos fuego como sinónimo de hoguera, será diferente. Por ejemplo, la RAE concibe una acepción de fuego para referirse exclusivamente a la masa de combustible destinada a producir una llama, especialmente para calentar o cocinar algo. Esta ambigüedad de ciertos términos es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la ciencia y la filosofía cuando abordan preguntas fundamentales. Es frecuente que, en una misma frase, se utilicen varias acepciones de una misma palabra, mezclándose y empleándose como si fueran intercambiables. El primer paso para deshacer estos enredos es localizar esa polisemia y eliminarla de nuestros razonamientos.

REFERENCIAS (MLA):

  • Faraday, Michael. The Chemical History Of A Candle. Dover, 2002.