
Pandemia
El ADN permite descubrir el origen de la primera pandemia
“Nuestras conclusiones muestran la realidad de que algunos patógenos nunca podrán erradicarse por completo”, señalan los autores del estudio.

La primera pandemia registrada en la historia fue provocada por una bacteria. También llamada pandemia de la Alta Edad Media, comenzó con la peste de Justiniano en 541 y continuó hasta el 750 o 767. Su resulta fue, dependiendo de la fuente, entre 25 y 100 millones de personas muertas.
Ahora, por primera vez, un equipo internacional de científicos ha descubierto evidencia genómica directa de la bacteria responsable de la Peste de Justiniano en el Mediterráneo Oriental, donde el brote se describió por primera vez hace casi 1500 años.
Este descubrimiento histórico, liderado por un equipo interdisciplinario de la Universidad del Sur de Florida y la Universidad Atlántica de Florida, con colaboradores en India y Australia, identificó a Yersinia pestis, el microbio causante de la peste, en una fosa común en la antigua ciudad de Jerash (Jordania), cerca del epicentro de la pandemia. Este hallazgo pionero vincula definitivamente al patógeno con la Peste de Justiniano, que marcó la primera pandemia, resolviendo así uno de los misterios más antiguos de la historia.
Durante siglos, los historiadores han deliberado sobre las causas del devastador brote que mató a decenas de millones de personas, transformó el Imperio Bizantino y alteró el curso de la civilización occidental. A pesar de la evidencia circunstancial, la prueba directa del microbio responsable había permanecido esquiva: un eslabón perdido en la historia de las pandemias.
El equipo de científicos ha publicado dos estudios, uno en Genes y otro en Pathogens, que logran dar las respuestas, ofreciendo una nueva perspectiva sobre uno de los episodios más trascendentales de la historia de la humanidad. El descubrimiento también subraya la relevancia actual de la peste: si bien es poco común, la Y. pestis continúa circulando por todo el mundo.
“Este descubrimiento proporciona la tan buscada prueba definitiva de que la Y. pestis se encontraba en el epicentro de la Plaga de Justiniano – explica Rays H. Y. Jiang, líder de ambos estudios, en un comunicado -. Durante siglos, nos hemos basado en relatos escritos que describen una enfermedad devastadora, pero carecíamos de evidencia biológica sólida de la presencia de la peste. Nuestros hallazgos aportan la pieza que faltaba en ese rompecabezas, ofreciendo la primera ventana genética directa a cómo se desarrolló esta pandemia en el corazón del imperio”.
La peste de Justiniano apareció por primera vez en el registro histórico en Pelusio (actual Tell el-Farama) en Egipto, antes de extenderse por todo el Imperio romano de Oriente o el Imperio Bizantino. Si bien se habían recuperado rastros de Y. pestis a miles de kilómetros de distancia en pequeñas aldeas de Europa occidental, nunca se había encontrado evidencia dentro del propio imperio ni cerca del corazón de la pandemia.
“Utilizando técnicas específicas de ADN antiguo, recuperamos y secuenciamos con éxito material genético de ocho dientes humanos excavados en cámaras funerarias bajo el antiguo hipódromo romano de Jerash, una ciudad a solo 320 kilómetros del antiguo Pelusio – añade Greg O'Corry-Crowe, coautor del estudio -. La arena había sido reconvertida en fosa común entre mediados del siglo VI y principios del VII, cuando los registros escritos describen una repentina ola de mortalidad”.
El análisis genómico reveló que las víctimas de la peste portaban cepas casi idénticas de Y. pestis, lo que confirma por primera vez la presencia de la bacteria en el Imperio Bizantino entre los años 550 y 660 d. C. Esta uniformidad genética sugiere un brote rápido y devastador, coherente con las descripciones históricas de una plaga que causó muertes masivas.
“El yacimiento de Jerash ofrece una visión excepcional de cómo las sociedades antiguas respondieron a un desastre de salud pública – confirma Jiang -. Jerash fue una de las ciudades clave del Imperio Romano de Oriente, un centro comercial documentado con magníficas estructuras. El hecho de que un lugar construido antaño para el entretenimiento y el orgullo cívico se convirtiera en un cementerio común en tiempos de emergencia muestra cómo los centros urbanos probablemente se vieron desbordados”.
Al analizar cientos de genomas antiguos y modernos de Y. pestis, incluyendo los recién recuperados de Jerash, los científicos demostraron que la bacteria había circulado entre las poblaciones humanas durante milenios antes del brote de Justiniano. El equipo también descubrió que las pandemias de peste posteriores, desde la Peste Negra del siglo XIV hasta los casos que aún aparecen en la actualidad, no descendieron de una única cepa ancestral. En cambio, surgieron de forma independiente y repetida a partir de reservorios animales de larga data, estallando en múltiples oleadas en diferentes regiones y épocas.
Este patrón repetitivo contrasta marcadamente con la pandemia de SARS-CoV-2 (COVID-19), que se originó a partir de un único evento de propagación y evolucionó principalmente mediante la transmisión entre humanos.
En conjunto, estos hallazgos históricos redefinen la comprensión de cómo surgen y se propagan las pandemias, y por qué siguen siendo una característica persistente de la civilización humana. Las conclusiones subrayan que las pandemias no son catástrofes históricas singulares, sino eventos biológicos repetitivos impulsados por la congregación, la movilidad y el entorno humanos.
Si bien es muy diferente de la COVID-19, ambas enfermedades ponen de relieve el vínculo duradero entre la conectividad y el riesgo de pandemia, así como la realidad de que algunos patógenos nunca podrán erradicarse por completo.
“Llevamos miles de años luchando contra la peste y todavía hay muertes por ella – concluye Jiang -. Al igual que la COVID-19, sigue evolucionando, y las medidas de contención evidentemente no pueden erradicarla. Debemos ser cuidadosos, pero la amenaza nunca desaparecerá”.
Tras el descubrimiento de Jerash, el equipo está ampliando su investigación a Venecia (Italia) y al Lazaretto Vecchio, una isla dedicada a la cuarentena y uno de los cementerios de peste más importantes del mundo. Más de 1200 muestras de esta fosa común de la época de la Peste Negra se conservan en la Universidad del Sur de Florida, lo que ofrece una oportunidad sin precedentes para estudiar cómo las primeras medidas de salud pública se relacionaron con la evolución de los patógenos, la vulnerabilidad urbana y la memoria cultural.
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