Antropología

El Homo naledi pudo adelantarnos 160.000 años en arte, industria y “religión” (o no)

Tres artículos sobre nuestro pariente extinto, el Homo naledi han sembrado la polémica entre los expertos

Reconstrucción digital del Homo naledi
Reconstrucción digital del Homo nalediCicero MoraesArc-Team

Hacer un gran descubrimiento debe ser apasionante. La mayoría de los mortales solo podemos imaginar qué siente un investigador que, tras enfrentarse a lo desconocido, vuelve con un pedazo de información que nadie intuía hasta entonces. Y en parte ese es el problema. La emoción de descubrir es un buen aliciente para investigar, pero puede intoxicar a la ciencia. A lo largo de la historia han existido numerosos casos de investigaciones “infladas”, cuyos resultados eran mucho más modestos de lo que los investigadores quisieron comunicar. Y, aunque cada vez existen mejores sistemas para garantizar el rigor de los estudios, de vez en cuando se cuelan intereses personales en las investigaciones científicas.

Ese podría ser el caso de tres estudios recientemente publicados como preprints en el agregador de artículos bioRxiv. Los tres con el paleoantropólogo Lee R. Berger como investigador principal, atribuyen una serie de rasgos culturales muy llamativos a nuestro pariente prehistórico, el Homo naledi. Esta especie de 140 centímetros y 40 kilos vivió en el sur de África hace entre 335.000 y 241.000 años. A partir de su anatomía, podemos asumir que su intelecto era menos aguzado que el nuestro, pero, si estos tres estudios están en lo cierto, podrían habérselas arreglado para, a pesar de todo, crear arte rupestre, desarrollar cierta industria lítica e, incluso, realizar rituales mortuorios más o menos sofisticados. Teniendo en cuenta que la prueba más antigua de enterramientos funerales en África data de hace tan solo 78.000 años, y que solo conocemos arte rupestre de Homo sapiens y en casos puntuales de otros homínidos de gran cerebro, la afirmación de estos estudios es, como poco, arriesgada y la comunidad científica no parece estar del todo de acuerdo.

Una duda razonable

Varios expertos paleoantropólogos han alzado la voz ante las afirmaciones publicadas en esos tres estudios; encontrándose entre ellos algunos líderes de opinión en el campo, como Michael Petraglia y María Martinón. Las principales críticas se centran en la falta de pruebas. Es complicado enfrentarse al pasado remoto a partir de un puñado de datos parciales para intentar reconstruirlo. Precisamente por eso, los expertos en este tipo de campos cuidan mucho el proceso deductivo y evitan caer en especulaciones innecesarias. Por ejemplo, para afirmar que unos huesos encontrados de una forma concreta son parte de un enterramiento funerario, hace falta que se cumplan una serie de criterios que este yacimiento de Homo naledi parece no cumplir.

En Rising Star, que es el nombre del yacimiento, los huesos parecen desperdigados y eso es bastante incompatible con uno de los principales criterios: que los restos se encuentren dispuestos de forma no casual, o, dicho de otra forma, que hagan sospechar que han sido colocados allí de manera voluntaria. Otro detalle que nos hace pensar en enterramientos funerales es que el lugar donde estén los huesos parezca haber sido excavado de forma deliberada. En el caso de Rising Star la falta de pruebas hace más plausible que se trate de una depresión en el terreno donde han ido a parar varios cadáveres.

Ni industria ni arte

Esta dinámica podemos extenderla al resto de afirmaciones. El objeto de piedra que han encontrado en el yacimiento, por su parte, sí parece tener marcas de haber sido usado, sin embargo, nada hace pensar que fuera tallado de forma voluntaria. Más bien, por su aspecto podríamos pensar que es un objeto natural para el cual encontraron una utilidad. La narrativa se agota bastante rápido en lo que a la industria lítica se refiere. Y, con el arte rupestre ocurre algo similar, porque si bien es indiscutible que hay patrones de carácter estético en las paredes, estos no han sido datados. Y, sin una fecha, no podemos saber si fueron obra de los mismos Homo naledi o si se deben a otros pobladores posteriores. Por rizar el rizo, los investigadores han sugerido también que, para poder crear ese arte y realizar los enterramientos (cosa que como hemos visto es dudosa), estos Homo naledi tenían que haber contado con fuego como fuente de luz, aunque, una vez más, faltan pruebas específicas que puedan avalar tal afirmación.

¿Significa esto que los estudios son falsos? No necesariamente. De hecho, la comunidad está de acuerdo en que en esos yacimientos hay arte rupestre, que había al menos una herramienta lítica y que se han encontrado restos óseos agrupados de forma peculiar. Es la interpretación la que, para no pocos expertos, parece algo polémica. Habrá que ver si, con el tiempo, se suman nuevas pruebas sobre la cultura del Homo naledi o, si por la contra, todas estas especulaciones acaban cayendo en el olvido.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La paleoantropología es una disciplina en la cual y sus expertos deben encontrar un difícil equilibrio entre las pruebas más crudas y su interpretación sin caer en la literatura ni en la enumeración de hechos descontextualizados.

REFERENCIAS (MLA):

  • Berger, L.R., Hawks, J., et al. (2023) 241,000 to 335,000 years old rock engravings made by Homo Naledi in the rising star cave system, South Africa. [Preprint]. doi:10.1101/2023.06.01.543133.
  • Berger, L.R., Makhubela, T., et al. (2023) Evidence for deliberate burial of the dead by Homo Naledi [Preprint]. doi:10.1101/2023.06.01.543127.
  • Fuentes, A. et al. (2023) Burials and engravings in a small-brained hominin, Homo Naledi, from the late pleistocene: Contexts and evolutionary implications [Preprint]. doi:10.1101/2023.06.01.543135.
  • Martinón-Torres, M. et al. (2021) ‘Earliest known human burial in Africa’, Nature, 593(7857), pp. 95–100. doi:10.1038/s41586-021-03457-8.