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Espacio
El cielo era el límite, pero la exploración espacial ya ha llevado las guerras empresariales unos kilómetros más arriba. Según las últimas actualizaciones, los dos cohetes rivales de Elon Musk y Jeff Bezos podrían despegar el mismo día en uno de los momentos más tensos de su historia. Siendo estrictos, tras el último retraso del New Glenn (el cohete de Blue Origin, la empresa de Bezos), despegará no antes del domingo día 12 a las 7:00 hora española. El Starship de Space X (la empresa de Elon Musk), despegará no antes del lunes 13 a las 23:00 hora española. Si todo sale según lo esperado ambos cohetes tendrán un día de gloria para ellos solos, pero un nuevo retraso en New Glenn podría cambiar eso. Una decisión que podría ser mediáticamente interesante para el jefe ejecutivo de Amazon, que ve peligrar la relación de su empresa con la NASA ahora que la administración Trump parece estar virando hacia la empresa de su competidor.
Un inesperado contratiempo ha retrasado el lanzamiento del New Glenn, que ahora apunta al domingo 12 a las 7:00 de la mañana, hora española. Este cohete, con 98 metros de altura, promete llevar hasta 45.360 kg en vuelos dentro de la órbita terrestre o 6.800 kg en viajes hacia la Luna. Entre su carga figura el Blue Ring Pathfinder, un proyecto clave para la logística orbital desarrollado con el apoyo de la Unidad de Innovación en Defensa de EE.UU. Ahora que Elon Musk estará al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental y que una de sus manos derechas en Space X, Jared Isaacman, ha sido elegido para dirigir la NASA, la viabilidad de Blue Origin peligra. Y es que, tanto Space X como Blue Origin han sobrevivido, en gran medida, gracias a los contratos con la agencia espacial estadounidense y su apoyo es decisivo para la supervivencia de la empresa.
Más allá de lo político, el Starship de SpaceX, que despegará no antes del lunes a las 23:00 (hora española), ya ha probado su cohete con éxito y tiene dimensiones y ambiciones aún mayores que su hermano menor de Blue Origin: con 121,3 metros de altura y una capacidad de carga de 150.000 kg, es el cohete más grande y poderoso jamás construido. Es el caballo de batalla de Musk para colonizar Marte, y su éxito ha puesto a SpaceX a la cabeza de la exploración espacial tripulada.
Las tensiones entre ambos magnates no son nuevas. Blue Origin arrastra el golpe del litigio perdido contra la NASA por el contrato del módulo de aterrizaje lunar del programa Artemis, que finalmente fue adjudicado a SpaceX. Bezos calificó el proceso de selección como "injusto" y llevó la disputa a los tribunales, pero sin éxito. Jared Isaacman, con un reciente pasado en Space X y pronto al frente de la NASA, ya ha expresado sus dudas sobre la conveniencia de dividir contratos entre dos empresas para las mismas misiones, sugiriendo que concentrar los recursos en un único proveedor podría ser más eficiente y beneficioso para los objetivos de la NASA.
Pero más allá de Musk y Bezos, la carrera espacial moderna tiene implicaciones políticas y económicas. Los recursos espaciales, son el nuevo El Dorado. Según el derecho espacial actual, ningún país o entidad privada puede poseer un cuerpo celeste, pero sí explotar los recursos que logre extraer. En otras palabras, el primero en llegar tiene las de ganar, siempre que pueda mantener su presencia. Este marco legal hace que la tecnología para llegar cuanto antes se convierta en una meta irresistible para gobiernos y empresas, mucho más tangible y lucrativa que los sueños de colonizar Marte o establecer hábitats humanos en la Luna.
Lo que ocurra en los próximos días no se tratará solo de un enfrentamiento entre dos magnates. Será una muestra de lo que está en juego: el dominio del espacio, su explotación y su papel en el futuro de nuestra especie.
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