El estudio muestra que, pese a la pérdida de biodiversidad, las comunidades de seres vivos no tienden a ser más similares entre ellas

Nuestro impacto en la naturaleza no es el que pensábamos

El estudio muestra que, pese a la pérdida de biodiversidad, las comunidades de seres vivos no tienden a ser más similares entre ellas

Cangrejo de río de Luisiana
Cangrejo de río de LuisianaBo MertzBo Mertz

A los humanos no nos gusta lo desconocido. Nuestro cerebro tarda un tiempo en acostumbrarse a los cambios y novedades. Por eso, frente a estas situaciones, nos mantenemos alerta. Las modas y las rutinas, por el contrario, dejan descansar a ese órgano que se esconde en nuestra cabeza, poniéndolo en piloto automático. Esta tendencia globalizada a la homogeneización ni siquiera nos hace plantearnos por qué, de pronto, todas las capitales son una copia las unas de las otras. Hoy en día, viajes al país que viajes, podrás tomarte un café en el Starbucks, ir de compras al Zara y seguir viendo la serie de Netflix en la habitación de tu hotel. Por suerte para nosotros, la homogeneización de las ciudades no pone en peligro la supervivencia de nuestra propia especie.

Pero a la madre naturaleza no le sienta tan bien esa deriva humana a replicarlo todo. Por su parte, prefiere los ecosistemas diversos, ya que garantizan el equilibrio y el buen funcionamiento de éstos. Gracias a esta heterogeneidad, las comunidades son capaces de soportar mejor los cambios y evitar que unas especies proliferen por encima de las otras. Un equilibrio, por desgracia, muy fácil de fragmentar. La inserción de una especie no autóctona o el cambio en las condiciones climáticas de la zona pueden ser factores que alteren este orden en poco tiempo.

Por eso, en estos últimos años, los científicos han creído que la flora y fauna de los diversos ecosistemas estaba tendiendo a ser cada vez más homogénea. Y esta predisposición a la pérdida de biodiversidad se debería principalmente a las actividades humanas. Pero un estudio publicado esta semana en la revista Science Advances muestra que la inclinación podría no ser tan acusada como se creía.

Una tendencia equilibrada

Cuando pensamos en la pérdida de biodiversidad, es fácil caer en la idea de que, como consecuencia, los ecosistemas tiendan a ser cada vez más parecidos entre ellos. Un ejemplo lo podemos encontrar en los tomates: Se calcula que existen 10.000 variedades de este fruto. Sin embargo, probablemente no conozcas más de 10 tipos. Y no es que el resto ya no existan (aunque es el caso de algunas), sino que es más probable que, si encuentras un campo de tomates, sea de alguna de estas diez variedades.

Como con el tomate, esta crisis en la biodiversidad, junto a la gran extinción que estamos viviendo, ha llevado a los expertos a plantearse si las comunidades de seres vivos del planeta estaban tendiendo de forma natural a la homogeneización.

Por ello los investigadores del Centro Alemán para la Investigación Integradora de Biodiversidad (iDiv) y de la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg (MLU), analizaron 527 conjuntos de datos recopilados durante 500 años de ecosistemas, tales como praderas, arbustos y arrecifes de coral. El análisis es el primero de su tipo que proporciona una evaluación completa de cómo los cambios en la biodiversidad local y regional se combinan a través de los paisajes a lo largo de los siglos.

Para su sorpresa, lo que observaron no fue lo esperado.

Los datos revelaban que no existía una tendencia a lo largo de los años por la disminución de la diversidad de especies en un terreno. Cuando estudiaban el territorio a escalas grandes, sí que podían ver una ligera tendencia homogénea debido al incremento de especies altamente extendidas. No obstante, en estudiar las comunidades de especies a pequeña escala,esta tendencia se equilibraba por el aumento de vida en sus diversas formas.

No bajemos la guardia

Pero soltar estos datos sin un contexto sería como negar que mañana saldrá el Sol. Que no se haya observado que las comunidades de seres vivos tiendan a la homogeneización no quiere decir que las acciones humanas no estén teniendo consecuencias en la naturaleza.

Los investigadores también estudiaron el factor que describe el promedio de especies que habitan una zona. Mientras que los espacios que tienden a la homogeneización presentan un promedio de especies menor, los heterogéneos muestran una tendencia mayor.

Por desgracia, el equilibrio que se da es frágil. Y las acciones del ser humano son la principal causa de fracturación de este orden natural. La construcción de carreteras, la tala de árboles o la desertificación tienen consecuencias enormes en la biodiversidad. Sin olvidar la introducción, natural o artificial, de especies no autóctonas, que proliferan los nuevos lugares sin control y desplazan a los otros seres vivos hasta su desaparición.

En conclusión, estudios como éstos nos ayudan a comprender mejor el marco en el que nos movemos. Pese a que la demostración de que no tendemos a una homogeneización global es, en principio, una buena noticia, no debemos perder de vista la otra realidad. Muchas especies se encuentran actualmente en peligro de extinción y, este tipo de investigaciones, pueden dar un nuevo enfoque para la preservación de estos seres amenazados.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Ya hemos visto en otras ocasiones cómo la pérdida de variabilidad puede tener consecuencias catastróficas para los cultivos. La aparición de una enfermedad o plaga que sólo ataca a una especie puede dejar un terreno completamente yermo tras su paso. Mientras que la variabilidad sirve tanto para mantener la vida en los espacios como para dificulta la proliferación de estas plagas.

REFERENCIAS (MLA):