Cine

Fernando González Molina: «Me llevo bien con los escritores, en el caso de Dolores Redondo somos amigos»

Después del éxito de «El guardián invisible», está a punto de estrenar la adaptación cinematográfica de la segunda parte de la trilogía del Baztán: «Es el momento de rezar», dice

Fernando González Molina no sabe lo que es el paro. Su carrera imparable empezó cuando abandonó la universidad. Ahora anda a punto de estrenar «Legado en los huesos», una película interpretada por Marta Etura, Leonardo Sbaraglia e Imanol Arias y basada en la exitosa segunda entrega de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo. La primera, «El guardián invisible», también firmada por él, cosechó tres millones de espectadores en tres fines de semana y recaudó 1.300.000 euros solo en el primero. No es raro que le hayan encargado esta segunda, pero sí que haya tenido que rodar la tercera, «Ofrenda a la tormenta» (que se estrenará en abril), al mismo tiempo.

–¿Cuál es el secreto del éxito continuado?

–Es una combinación de varios factores. Uno fundamental es la suerte y otro la cabezonería elevada al grado extremo. Siempre pensé que quería dedicarme a esto, desde que era un niño y estaba en Pamplona un poco alejado de todo. Es verdad que llevo mucho tiempo trabajando, pero también que en televisión empecé desde abajo haciendo de todo. Desde que me dieron la oportunidad de dirigir «Los hombres de Paco» fui encadenando proyectos de televisión y en los últimos años los alterno con películas.

–Para convertir en oro todo lo que toca es más importante el talento que la cabezonería…

–Espero que algo de talento haya, pero bueno, no me toca a mí esa parte. Me apasiona lo que hago y eso es fundamental. Siempre tuve muy claro que me quería dedicar al audiovisual, así que creo que la constancia nace de la vocación más absoluta. Si no, es imposible dedicar 15 horas a hacer cualquier cosa. En televisión, sobre todo desde «Fuga de cerebros», conecto mogollón con el público. Más aún con «A tres metros sobre el cielo» y «Palmeras en la nieve». Eso me lo puso todo muy fácil. La respuesta positiva del público siempre ayuda.

–¿Le traen suerte los escritores?

–Me llevo bien con ellos. Los he adaptado muchas veces y, con el tiempo, he ido trazando relaciones cada vez más personales con ellos. En el caso de Dolores, somos amigos. Es una tipa dura, fuerte, tozuda, al principio me miraba con recelo porque iba a coger a su criatura y llevarla al cine. Pero cuando empezamos a trabajar los guiones, escuchamos sus sugerencias –que eran muy interesantes– y vio la primera peli, el camino ha ido rodado.

–Está punto de estrenar la segunda película de la trilogía, «Legado en los huesos» y ya tiene preparada la siguiente.

–Así es. Hemos rodado también la última parte de la trilogía, se estrenará en Semana Santa de 2020. Eran dos películas muy complejas por el tema de las inundaciones y hacerlas juntas resultaba más viable económicamente. Además, había una cuestión narrativa: sumergirte en la historia. A partir de ahí, aprovechar las localizaciones y los medios que teníamos. Empezamos en agosto del año pasado y acabamos en enero. Una locura.

–¿Cómo rodaron tanta noche, tanta lluvia y esos desbordamientos tan impresionantes?

–Estuvimos meses diseñando toda la secuencia y planificando el rodaje. Es una combinación de muchos elementos: construimos parte de los decorados en piscinas con turbinas que removían agua teñida de marrón; hicimos una parte en casa de los protagonistas y también trabajo de efectos visuales diseñados por ordenador. Ha sido complejo rodar para nosotros y para los propios actores porque estar tanto tiempo bajo el agua es complicado.

–Tengo curiosidad por saber si fue Dolores Redondo quien eligió a Marta Etura.

–No, pero creo que está al cien por cien de acuerdo conmigo en que no puede haber otra Amaia mejor. El cásting lo hicieron Eva Leira y Yolanda Serrano y ella fue su primera propuesta. Me dijeron: «Tienes que ver a Marta, tiene esa dureza del norte y es enormemente frágil a la vez. Una tipa que mira con carácter». Luego, como los «dires» somos así de inseguros, las miré a todas para acabar volviendo al punto de partida. Recuerdo que cuando Dolores vino al rodaje y la vio en un plano secuencia observando el funeral de una de las niñas que fusilan en la primera película me dijo emocionada: «Es Amaia».

–No debió ser fácil elegir al juez Marquina, personaje clave en la novela…

–Lo es en «Legado en los huesos» y luego es protagonista absoluto en «Ofrenda a la tormenta». Costó llegar a Leonardo Sbaraglia, pero creo que dibuja muy bien el personaje lleno de misterio y ambigüedad. Dolores solo me dijo: «Tiene que ser un tipo muy inteligente». Y Leo es inteligencia.

–Las expectativas están altas. ¿Sale con un poco de miedo?

–Esperamos que se estrene «El guardián invisible» en Antena 3 en las próximas semanas para poder empujarla. Toda esta bolsa de espectadores la espera, ahí están el público de mis otras pelis y los montones de lectores que tiene Dolores. Estrenamos el 5de diciembre y estamos nerviosos, es el momento de rezar.

Personal e intransferible

Fernando González Molina nació en Pamplona en 1975. Está «comprometido» y no tiene hijos. Se siente orgulloso «de sentir a mis padres orgullosos de lo que soy y de quién soy». Se arrepiente «de no haber sido antes quien yo era». Perdona e «intento olvidar». Le hace reír «mi novio, mucho». Y llorar, «los disgustos de mi familia». A una isla desierta se llevaría «libros, muchos». Le gusta comer y beber «menú infantil y agua». Se muerde las uñas, su vicio son «todo tipo de gusanitos, y cuando estoy muy cansado la televisión basura». Sueña mucho «que me arrancan los dientes». De mayor le gustaría ser «feliz» y si volviera a nacer «intentaría ser más paciente».