Castellón, en silencio en plena Magdalena

Las fiestas grandes de la capital de La Plana se hubiesen celebrado hasta el domingo

Los escenarios castellonenses de las fiestas de la Magdalena, que debía celebrarse entre el 14 y el 22 de marzo y que fueron suspendidas por la crisis del coronavirus, se muestran estos días vacíos de la multitud que suele llenarlos en estos días de celebración fundacional e invadidos por el silencio y la calma antagónica al espíritu festivo.

No suenan los petardos en las calles, afición de los niños y los mayores durante los 9 días festivos, ni tampoco en la plaza del primer Molí, la casa del concurso de mascletás, donde la pólvora y el estruendo de los “masclets” y las carcasas ha dado paso al cantar de los pájaros y el sonido suave del viento.

Los enclaves más significativos de la Magdalena, como el Castell Vell y el Ermitorio, están desiertos, contemplando la naturaleza que les rodea y que ve perpleja cómo los miles de castellonenses no han acudido en masa a celebrar su célebre Romeria de Les Canyes previo paso por la Ermita de Sant Roc de Canet, para comer la “un figa i un doset” y seguir el camino peregrino hasta el emblema fundacional de Castelló.

La avenida del Rey Don Jaime, solo habitada por compradores fugaces y paseadores de perros estos días, no se verá inundada de confeti del Coso Multicolor ni escuchará los gritos estruendosos de los niños emocionados con esta peculiar batalla, ni acogerá la Encesa de Gaiates, ese espectáculo tan apreciado por miles de espectadores que ven estallar en luz los monumentos de las 19 comisiones de las Gaiatas de la ciudad.

El busto de Na Violant d’Hongria, en la plaza que lleva su nombre, mira impasible el discurrir de las horas, sin que la mujer que la representa este año, María Torres, ni sus seis Dames de Companya, hayan recibido el homenaje que cada año recuerda a esta figura destacada de la historia, no solo esposa del Rey Jaume I, sino consejera y mediadora.

La misma quietud llega al ruedo de la plaza de toros de Castelló, con la arena lisa sin que toreros, banderilleros, caballos y astados rompan su uniformidad al pisarla, y sin atisbar siquiera a figuras como Enrique Ponce, El Fandi, Sebastián Castella, El Juli, Manzanares o Roca Rey, programadas para la Feria Taurina de 2020.Vacías están también la plaza de la Pescadería y la Plaza Mayor, centros neurálgicos de la ciudad, con ambiente festivo ininterrumpido durante la Magdalena, y con terrazas abarrotadas de familias y amigos celebrando la semana grande -y ahora desiertas-, que este año tendrá que esperar.Las reinas de las fiestas, Carmen Molina y Gal·la Calvo, tampoco mostrarán su fervor en el día de la ofrenda, ni se dirigirán a la Basílica de Lledó, uno de los primeros lugares en echar el cierre al inicio de la crisis sanitaria provocada por el virus del COVID-19.

La farola, el Parque Ribalta y sus estanques, las plazas y rincones, las avenidas y calles, esperan junto a miles de castellonenses, a que esta situación excepcional y el estado de alarma, se superen con éxito para empezar a pensar en una nueva fecha para que las fiestas de la Magdalena puedan volver a celebrarse y llenar la ciudad de fuego, pólvora, música y sentimiento de orgullo de ciudad.