Estrellas anónimas a bordo del éxito

En el Día Internacional de la Mujer no es necesario buscarse coartadas para alimentar el sabor del reconocimiento, sobran los motivos

Chari López, del Restaurante Rausell
Chari López, del Restaurante RausellLa RazónLa Razón

No hace falta abundar en las razones que explican este artículo, la supuesta explicación es innecesaria y hoy está prohibido abstenerse en plena combustión del Día Internacional de la Mujer. Dicen que rendir homenaje es una forma de gratitud y las querencias no se extinguen. Por eso, en una jornada como hoy, hay que rendir tributo a la trayectoria de miles de estrellas anónimas que trabajan en el universo de la gastronomía.

La deuda que mantenemos con estas trabajadoras y emprendedoras es incontenible, sin querencias amañadas nos vemos en la necesidad de poner en valor y calificar su excelencia y su rigor cotidiano al mando de sus negocios.

En su universo laboral nunca se para el reloj de idas y venidas. Son figuras señeras en sus negocios, aplaudidas y respetadas por pruebas evidentes de talento y profundidad profesional. El desgaste pandémico sufrido no ha apocado el ánimo en su quehacer. Con el destino de la pandemia a medio escribir apuestan por el ahora mismo ante la crisis.

Hablamos de cuatro mujeres que trabajan en la restauración con la vitalidad siempre presente y el impulso creciente ante los acontecimientos, a pesar del duro invierno que vivimos. Sus trayectorias, aunque diferentes, son muy sintomáticas de lo que ocurre actualmente. Dirigen sus establecimientos con batuta y generosidad como hilos conductores.

Chari López Povea, que capitanea la comida para llevar del Restaurante Rausell (Ángel Guimerá, 61), junto con su familia, donde los papeles se reparten con acierto, lleva tres décadas trabajando con un despliegue de capacidad, solvencia, elegancia y modestia como condimentos naturales en su buen hacer. Pocas veces existe tan alto consenso entre clientes y empleados.

María Botis, una muestra de constancia no apta para todos los profesionales, al frente del restaurante El Rincón de Mariñeta (situado en Plaza Policía Local esquina Calle Guadassuar) desde donde se ciñe a un ilimitado metraje de alquimia hostelera hacia sus clientes. Versatilidad y detallismo sabiamente relacionados se hermanan tras dos décadas en la profesión.

María Botis, de El Rincón de Mariñeta
María Botis, de El Rincón de MariñetaLa RazónLa Razón

Maider Suárez Insa, aunque su querencia profesional primigenia es culinaria por sus raíces vascas, para ella el trato diario con los clientes como anfitriona adquiere un papel preponderante. Practicidad e intuición hermanadas en tiempo real desde la terraza de su establecimiento, Bar Las Palmeras (Plaza de España, 6), donde prevalece su empatía natural después de más de 20 años trabajando en hostelería.

Maider Suárez, del Bar Las Palmeras
Maider Suárez, del Bar Las PalmerasLa RazónLa Razón

La emprendedora Alba Sánchez, sabiduría sumiller macerada desde su Bodega Albarizas por una respaldada y emergente carta de vinos. Su saber y su generosidad fermentados en varios templos dedicados al Dios Baco, durante la última década, son palabras mayores y merecen un capítulo aparte. Todo un brindis. Ante cualquier duda una recopilación de sabios consejos que sintetizan la carta y se convierten en un auténtico tutorial del buen gusto.

Alba Sánchez, Bodegas Albarizas
Alba Sánchez, Bodegas AlbarizasLa RazónLa Razón

La versatilidad oportuna está inserta en sus ADN bajo una espontánea implicación con mayúsculas que da ejemplo a sus compañeros y empleados. Sus valores reconcilian al cliente más exigente. En definitiva, no es necesario buscarse coartadas para alimentar el sabor del reconocimiento a nuestras protagonistas.

No debemos olvidar que corremos el riesgo de incurrir en prejuicios y descuidos, si obviamos que también cuentan con la colaboración de sus parejas y sus familias, pero eso será otra historia. En fin, sobran los motivos.

Aunque en la restauración no existen tantas cuotas sugeridas, ni metas de paridad recomendadas, intentar visibilizar a estas profesionales debería ser materia obligatoria. Su trayectoria profesional inspira lo mejor. Estrellas anónimas a bordo del éxito profesional que concilian vidas y milagros de manera cotidiana entre su familia y sus negocios con decisiones atinadas y reflexiones convenientes.

Para terminar intentemos encajonar las conclusiones. Sabemos que la diferencia con el ayer es evidente, y aunque para los más optimistas ya no hay rampas laborables, hay que reconocer que quedan aún algunos escalones. Por este motivo hay que evitar la desmemoria de tal manera que los «hunos», los «hotros» y todos debemos seguir luchando por la igualdad.

Sin caer en banalidades ni juicios apresurados nos convertimos en «apropiacionistas» de unas reiteradas reivindicaciones. Hay que dinamitar los últimos tópicos y clichés que marcan rayas entre hombres y mujeres en la restauración.

Los obligados títulos de crédito del final deben recoger el esfuerzo de miles de profesionales discretas a las que a veces no prestamos suficiente atención. No desvelamos ningún secreto, este artículo llega a su fin con un claro destino: la aspiración a extender su reconocimiento. No necesitamos un prefijo donde escudar lo obvio, su trabajo conforma los cimientos de una restauración que se vuelve mejor cuando respira su profesionalidad.