El silencio de las verbenas

Cada verano, La Misión hacía más de 70 actuaciones por toda España, ahora, ninguna. La covid ha hundido a las más de 400 orquestas que amenizaban el verano. Su situación es crítica

El autobús de La Misión descansa en una nave solitaria de un polígono industrial en Aranjuez. Los cuatro tráileres de la equipación artística hacen lo propio en Salamanca. Si no hubiera sido por la pandemia del coronavirus estarían haciendo kilómetros por toda España, poniendo altas dosis de euforia y diversión en pueblos y ciudades. «Ayer habríamos estado en Asturias y mañana en Santa Marta», comenta con tristeza Diego López, uno de los cantantes de esta popular orquesta que ameniza verbenas como pocos y que ahora vive con angustia el parón total de estas formaciones. Él y otros componentes del grupo nos reciben entre focos desinstalados, salas de ensayo vacías y bombonas de megatrón. Ellos son el desolador ejemplo de las más de 400 grupos que cada año ponen ritmo al verano y que en estos momentos están en una crisis total.

«Nuestra temporada de trabajo arranca con Las Fallas y termina en octubre, así que justo cuando íbamos a comenzar a se declaró el cierre total», explica Diego, de 25 años. Rosana Cabezas y Alejandro del Monte son el duo de acróbatas que habían fichado este año por La Misión y que no han llegado a estrenarse. «Es una situación muy dura porque aunque el resto del año tengamos bolos puntuales, el grueso de nuestros ingresos está en los eventos del verano», dice la madrileña de 31 años que nos muestra alguno de sus números estrella con su pareja artística. «Además, el parón también repercute en nuestra forma física. No hemos podido entrenar al ritmo habitual y el cuerpo se resiente. Además, sabemos que nuestro sector será el último que se active, porque ahora nadie quiere, ni les permiten, contratar espectáculos con mucho aforo», añade Alejandro. De hecho, para él y Rosana éste ha sido su primer parón en siete años. «Nuestra vida es entrenar y trabajar. Ha sido muy raro parar de repente», añade Rosana.

Sin cobrar hasta marzo

«Estoy seguro que después de esto, muchas orquestas se verán obligadas a echar el cierre porque no puedes permitirte vivir sin ingresos durante un año. Ten en cuenta que si ahora no hacemos ninguna actuación, hasta marzo del año que viene no comenzaríamos con la nueva temporada y la última paga que hemos recibido fue en diciembre del año pasado», argumenta Diego, que ahora se vuelca más en su grupo D’Jaleo haciendo pequeños conciertos.

El sector de eventos populares genera 250.000 empleos directos y unos 600.000 indirectos, según explican desde Acople, la asociación sin animo de lucro que reúne a los profesionales del espectáculo. Basty Piñeiro, el propietario de La Misión y la segunda voz del grupo, nos detalla el impacto de este parón en su vida profesional. «Nosotros somos 26 personas en el equipo, 16 en la parte artística y 10 en la técnica. Hacemos unas 70 actuaciones entre marzo y septiembre y hasta ahora no hemos podido hacer nada, es más, creo que acabaremos la temporada con cero bolos. De todas formas, estamos realizando algunos ensayos por si acaso la situación mejora, no hay que perder la esperanza aunque el futuro se vea muy negro», relata.

Es más, este año, como hacen cada temporada, habían renovado toda la escenografía y equipos. Una inversión de unos 150.000 euros. «Uno se organiza en función de lo que prevé ingresar, hay que tener en cuenta que tenemos unos acuerdos con bancos, pagos nóminas.... con los que hay que cumplir. Y con eso contábamos. Ahora hemos realizado toda esta inversión y no podremos utilizarlo. Es un palo», lamenta Basty.

Juanjo Fernández es el jefe técnico de esta orquesta y de los que «únicamente vivimos de esto», ya que los artistas pueden compaginar su trabajo en la banda con actuaciones particulares. «Nuestro montaje es digno de un festival, este año teníamos 215 metros cuadrados de pantalla led, un escenario con 30 metros de boca, 100.000 vatios de sonido, pirotecnia... es un proyecto muy ambicioso. Yo llevo 6 años trabajando aquí y la verdad es muy complicada esta situación. Nuestra profesión es una forma de vida. Todo el verano viajando, se echa en falta esa actividad también», relata mientras visitamos el interior del autobús-dormitorio donde los artistas descansan.

Allí las camas vacías adornadas con regalos de los fans guardan un silencio sepulcral que denota cierta tristeza. Una vez se levantó el confinamiento, Juanjo sí ha estado revisando toda la parte técnica para que esté a punto, a sabiendas de que este año los tráileres quedarían aparcados en el garaje. «Si hubiera voluntad por parte de los ayuntamientos, que son principalmente quienes nos contratan, se podría hacer un show modificado, controlando el aforo. Siempre trabajamos en espacios abiertos y sería sencillo, pero no hay voluntad», critica.

Lo cierto es que los consistorios han cancelado todos los contratos, que pueden ir de los 10.000 a los 20.000 euros en su caso, y, además, sin ninguna indemnización. «No es justo, pero es lo que hay. No vamos a enemistarnos con quienes en un futuro volverán a contratarnos. Como mucho, lo que puedes conseguir es que el contrato se aplace al año que viene, aunque ya hay varios consistorios que nos dicen que el futuro presupuesto será infinitamente menor. Viene una etapa dura», augura Basty.

Diego, que aparcó temporalmente sus estudios de INEF para fichar el año pasado por La Misión, reconoce que ahora hay que subsistir «estirando los ahorros como se pueda». Y aunque esta es la principal preocupación de todos, también echan en falta el ritmo estival de viajes al que estaban acostumbrados. «Quizá en todo el verano pasábamos solo tres días en casa. Por eso se añora a los compañeros, somos como una familia.», reconoce. Con lo que sueñan todos ahora es con volver al escenario y con amenizar fiestas en las que reunían a más de 5.000 personas, aunque saben que todavía queda un largo camino para ocurra y para que la nueva normalidad se convierta de una vez en la «normalidad de antaño».