La música ante la segunda ola

La respuesta de los países sobre el mantenimiento de los espectáculos en vivo ha sido muy diversa

El "Rigoletto" de Verdi adaptado a la distancia social en la Ópera de Estocolmo
El "Rigoletto" de Verdi adaptado a la distancia social en la Ópera de EstocolmoTT NEWS AGENCYvia REUTERS

“Sólo sé que no sé nada” es frase atribuida a Sócrates. Lo mismo deberían decir nuestros políticos, esos expertos cuyo número según de Simón es tan grande que no es posible ni conveniente nominarlos e incluso los funcionarios de la OMS. Todo ellos vienen contradiciéndose continuamente. Yo, desde luego, me apunto personalmente a la frase. Sin embargo, aún sin saber nada, les paso un repaso que, por un lado demuestra lo despistados que estamos todos.

Italia ha cerrado sus salas de concierto y teatros. Voces tan relevantes como la de Riccardo Muti se han rebelado: “Hay necesidad impostergable de proteger la salud, pero los teatros están gestionados por personas conscientes de las normas anti covid, y las medidas de seguridad indicadas y recomendadas siempre fueron respetadas. La decisión tomada no tiene en cuenta los sacrificios, sufrimientos y responsabilidad ante la sociedad civil de miles de artistas y trabajadores que ahora, con razón, se sienten ofendidos y llenos de aprensión por el futuro de sus vidas”. Por ello solicita al primer ministro que “devuelva la vida a las actividades teatrales y musicales y considere la necesidad de ese alimento espiritual sin el cual la sociedad se embrutece”. Holanda, Francia y EE UU tienen cerradas la mayoría de sus salas.

Pero la Ópera de Munich, por ejemplo, ha realizado un estudio del que se infiere que un aforo de 500 personas no supone un peligro. Se hizo una prueba con ese número de asistentes y un equipo de médicos conocidos. De los 500 participantes se registraron cuatro casos positivos: uno de los espectadores, que no estuvo en contacto con el resto del público y siguió estrictamente los protocoles de seguridad; y los otros 3 contagios corresponden al equipo artístico, que no interactuaron con el personal de la Bayerische Staatsoper. Los espectadores entran con mascarillas, pero se las pueden quitar una vez en sus asientos.

En el Teatro de la Zarzuela de Madrid se representó “La vida breve” con una solución peculiar, a distancia, para la escena sexual entre Salud y Paco. En cambio en “El rapto en el serrallo” de la Ópera de Viena los intérpretes se tocaban y casi besaban.

Son ejemplos bien diferentes y ninguno sabemos qué política será mejor. Pero es que además se buscan soluciones alternativas como los autocines. Así la English National Opera cerró el London Coliseum y se mudó al Alexandra Palace para ver la ópera desde coches. La Ópera de Atlanta ha ideado un procedimiento para que su público pueda ver ópera con seguridad gracias a una carpa circense, ubicada en en el campus de la universidad, cuyas paredes ventilan y reducen al máximo el riesgo de contagio. También el repertorio se ha elegido en función de la nueva estructura.

La semana próxima les daré mi opinión de cómo deberíamos de comportarnos teatros, salas de concierto y público antes esta situación en la que “nadie sabemos nada”.