Rozalén: «Hay que ponerse más en los zapatos del otro»

La artista publica «El árbol y el bosque», un álbum sobre la necesidad de introspección y de ser individualmente en la sociedad del ruido

La cantautora Rozalén publica "El árbol y el bosque"
La cantautora Rozalén publica "El árbol y el bosque"Juanjo Molina

Después de buscar en su raíz y en la de su interesantísima saga familiar con el disco «Cuando el río suena...» (2017), María Rozalén explora el árbol en que se ha convertido a sus 34 años con una carrera artística consolidada. En su cuarto álbum de estudio, que se publica hoy, la manchega se pregunta «por el autocuidado, por la instrospección. Por mirar hacia dentro». El trabajo, titulado «El árbol y el bosque» roba una idea de Luis Eduardo Aute, su ídolo, según la cual, a veces, vivir en un colectivo o sociedad como los humanos, es decir, en un bosque, nos impide vernos a nosotros mismos, sentirnos individuos, es decir, árboles.

Aute le dio la vuelta a la famosa cita de los árboles que impiden ver el bosque y ese iba a ser el leit motiv del trabajo que pensaba realizar cuando, ya muy delicado de salud, falleció de Coronavirus en abril de este año. «Nada más fallecer Aute, que era mi ídolo, durante el confinamiento, pusieron un documental en la tele. En él, anunciaba que su siguiente disco se iba a llamar ''El bosque no nos deja ver los árboles'' pero no tuvo tiempo de hacerlo. Entonces, yo hablé con su hijo para preguntarle si le importaba que le robase la idea. Porque siento como si toda la sociedad, el ruido, el sistema, la velocidad, no nos dejara de vez en cuando mirarnos al espejo, preguntarnos a qué hemos venido, cosas que creo que están bien. Si queremos un mundo mejor, hay que empezar por uno mismo», explica la artista.

Ser una misma

Pero, ¿cómo se hace para ser uno mismo en una sociedad de apariencias como la que vivimos? «Algo que he descubierto mientras cumplo años es que hay una parte del yo o del amor propio que no podemos descuidar. Cuando veo a gente diciendo algunas salvajadas, pienso en cómo habrá sido su infancia y en si recibe o no cariño. La gente que está muy cabreada es porque tiene un gran peso detrás. Nadie tiene derecho a imponer a otro las mochilas de nadie, pero hay que pensar por qué alguien odia. Mi padre me dice una frase que es nadie da lo que no tiene. Si no te quieres a ti mismo, no puedes amar a otros. Y, de la misma manera, si no descansas, no puedes hacer un trabajo de calidad. Por eso el truco está en dedicarte tiempo a ser lo que te gusta», dice Rozalén. A ella misma le cuesta cuidar de su espacio. «Saber decir que no. Eso lo llevo fatal. Yo lo trabajo con mi psicóloga un montón porque siento siempre unas ganas de satisfacer a todo el mundo. El miedo, la culpa... hay muchas cosas que tenemos dentro. Pero a veces lo mejor es irte a pasear a la montaña porque es lo que necesitas para ti. Y el que te quiere lo tiene que entender, hay que dedicarse tiempo para ser feliz».

La normalidad es un éxito

Nos ponemos a hablar un poco de psicología. La pandemia, el confinamiento, han subido la presión de la olla de nuestra psique. «Es normal que eso haya provocado tristeza y desesperación. La incertidumbre mata. Yo tenía mi vida planeada, dos años. Y pasa esto y te dicen que solo puedes pensar en hoy, y como mucho, mañana. Y creo que la vida es más parecida a esto que nos pasa ahora que a lo anterior. Hay fuerzas que no se pueden controlar y así es como debe ser, aunque nos genere indefensión. Cuando la gente se pone más crispada, les digo que hace mucho que no podemos abrazar en condiciones a las personas que queremos. O que hace mucho que no vamos a un concierto a gritar, saltar y rozarnos. Y eso pasa factura». Sin embargo, las mayores presiones que sufrimos vienen de fuera, del juicio al que nos sometemos unos a otros. «Claro, por ejemplo, hay que quitarle importancia a equivocarse. Está como prohibido, pero hay que meter la pata, pedir perdón. No pasa nada, no existe la perfección ni ser el número uno, que es otra cosa que nos imponen. Nos piden ser el más guapo y el más delgado y el más popular. Y no, la normalidad es un éxito. A veces veo a mi madre, que es ama de casa, no ha estudiado y ya no quiere viajar y me doy cuenta de que es la mujer más feliz del mundo. Le digo que la llevo por ahí pero ella me contesta que está feliz en el pueblo. Eso es éxito, mi madre es igual de exitosa que yo», dice Rozalén, que, a su vez, se siente cada vez «más viejuna». «Voy demasiado poco por el trabajo, pero me gusta cada vez más el pueblo. Estar allí y mirar a mi perra que se pone al sol con los ojos cerrados. Eso es lo que quiero hacer yo».

Rozalén trabaja con la ONG Entreculturas (a quienes donó los beneficios de «Aves enjauladas» durante el confinamiento) y con ellos ha conocido la realidad de la inmigración de primera mano: «Llevo dos o tres años en los que he conocido in situ las diferentes realidades de la crisis migratoria. Fui a Centroamérica y vi a La Bestia, que es como llaman al tren que la recorre hasta el norte. Estuve en el Austral, el barco de Open Arms. Estuve en Chad en y en el Sáhara y después de haber visto todo eso, siento que tengo la obligación de hablar de eso en una canción». Dicho y hecho, escribió «La línea» sobre las fronteras que separan a los privilegiados de los desheredados. «Me vienen rostros, nombres propios. Creo que esto nos duele a todos. Por ejemplo, cuando un niño se muere en la playa. Y por qué cambiamos el canal y ese drama dura tan poco. Todo eso me lo pregunto y quería hacer una canción que invitase a la reflexión. Empezando por mí. Pero creo que hay que ponerse más en los zapatos del otro». Las canciones tienen poder. «Muchas personas que iba conociendo en su intento de emigrar me decían que les fascinaba que yo quiera contar su historia. Pero estaban agradecidas porque me decían que si la cuento les doto de dignidad y de existencia. Ellos me decían: ''Pero, ¿para qué quieres conocer tú mi historia? Si nadie sabe que existimos...''. Y eso es súper potente. Son miles y miles de personas que no existen o que a nadie le importa que existan. Hacerles una canción y dotarles de existencia era muy potente».

Una versión del enigmático Silvio

Si en anteriores ocasiones Rozalén había grabado versiones de Aute («La belleza») y de Violeta Parra («Volver a los diecisiete»), en este nuevo disco se ha decantado por una de «La maza», de Silvio Rodríguez, una canción tan enigmática como el resto del repertorio del artista cubano. «Siempre hay dudas con las canciones de Silvio sobre lo que quieren decir realmente. Por ejemplo, de ‘‘Ojalá’’ unos decían que se la escribió a Fidel Castro y otros a Dios, imagínate. Luego resultó que era solo una canción de amor. Tiene un universo maravilloso. Me llegó a la vez por varios sitios a traés de la versión de Mercedes Sosa y, como yo creo en las señales, lo hice».