Los libros de la semana: del placer en clave femenina a los dictadores del realismo mágico

La filóloga alemana Michi Strausfeld analiza la historia de Latinoamérica y sus heridas abiertas en clave literaria; además, llegan las traducciones de Abir Mukherjee sobre el colonialismo británico en India

Escena de la pelicula " El amante de Lady Chatterley"
Escena de la pelicula " El amante de Lady Chatterley"Edicion7la razon

“Amar a Lawrence”: La búsqueda del placer femenino, según D. H. Lawrence

★★★★☆

Era inevitable que la responsable de «La vida sexual de Catherine M.» revisara la obra del autor de «El amante de Lady Chatterley», no solo por el tratamiento descriptivo y preciso del acto sexual y los comportamientos eróticos desde el punto de vista de la mujer, sino por su capacidad para interpretar la psique femenina. No se trata solo de las sensaciones físicas, también de los pensamientos más personales que están reflejados como únicamente una mujer puede experimentarlos. «Algo que Lawrence no pudo hacer sino interrogando a las mujeres que lo rodeaban».
A decir de la narradora, no escribió obras eróticas, sino que supo evocar de modo hedonista el placer respondiendo a los fantasmas y alimentando los propios deseos. Escribía para comprender y procedió con una metodología clara: aborda la insatisfacción para luego detenerse en la plenitud de los sentidos. Antes de Lawrence se hablaba del placer revistiéndolo de metáforas, pero él supo llegar la cuestión desde la intimidad. Supo revelar las dificultades de las mujeres brillantes a la hora de entregarse al erotismo. El amor es un sometimiento, y una fémina que se encuentra en una situación social de afirmación de su personalidad puede vivir de manera muy contradictoria ese sentimiento de entrega, ya que teme la pérdida de su autonomía por un altísimo precio.
Inventarios de mujeres
Esa contradicción revelada por el autor de «El amante de Lady Chatterley», según Millet, sigue teniendo vigencia hoy. Sorprende en Lawrence, según estas páginas, la falta del punto de vista masculino en tanto que no hay descripción del orgasmo experimentado por Mellors, el amante de la protagonista, y eso lo relaciona con el hecho de que el verdadero tema del novelista no era otro que las mujeres. En particular, las que él frecuentaba, pues tuvo infinidad de amigas que vivían de la literatura y sus narraciones bebieron de la emergencia de ellas en la vida social, con sus reivindicaciones profesionales, políticas y eróticas. Para escribir este libro Millet estudió durante años las novelas, las poesías, los ensayos y la correspondencia de D.H. Lawrence, hasta descubrir lo que plasma aquí: que se trata de uno de los más vastos inventarios de figuras femeninas y uno de los más escrupulosos observatorios de los comportamientos de las mujeres de la historia de la literatura. Según la autora, un siglo después, no hay mucho nuevo bajo el sol... pues los buenos amantes son escasos. Si es así, siempre nos quedará Lawrence.

▲ Lo mejor

La forma de homenajear a un precursor de la escritura sobre la libertad y el placer femeninos

▼ Lo peor

La poca practicidad de lo narrado sobre el funcionamiento del cuerpo; ¿Cómo lo aplicamos a nuestra vida?
Ángeles López

“El hombre de Calcuta”: cuando Scotland Yard patrullaba en la India

★★★★☆

De los detectives de serie negra clásicos, de Dupin al famoso y cinematográfico Philip Marlow, se pasó a los investigadores mediterráneos gourmets y a la eclosión nórdica. Fruto de semejante diseminación ha sido la aparición de numerosos subgéneros, los que van desde la intriga doméstica hasta el rural noir. Y, en paralelo, una rama de la novela histórica detectivesca que abarca el antiguo Egipto, la Roma Imperial, los conventos medievales y la Alemania nazi.
En estos últimos años se han puesto de moda los detectives exóticos. El más famoso de todos ellos es el mongol Yeruldelgger, pero no faltan japoneses y cubanos. En los trópicos encontramos al capitán Sam Wyndham de Scottland Yard, trasladado a Calcuta, donde investiga el asesinato de un alto funcionario inglés en la capital bengalí en 1919. En su peripecia le ayuda el sargento Banerjee, que hace de contrapunto local a modo de un Sancho Panza que aconseja con la eterna prudencia asiática al detective británico, enganchado al opio igual que Sherlock Holmes lo estuvo a la morfina. Su creador es un londinense de origen indio, Abir Mukherjee, que conoce la Calcuta colonial por los viajes y los recuerdos de sus padres. El resultado es una canónica novela negra estilo «wudonit» donde la investigación criminal se mezcla con la turbulencia revolucionaria del independentismo indio. Una intriga histórica de aventuras y acción escrita con maestría. La otra cara de Kipling, recreada como nostalgia de lo nunca vivido.

▲ Lo mejor

La convincente ambientación y los personajes que dan vida a una exótica aventura en Calcuta

▼ Lo peor

Cierta lentitud en la narración, ya que está colocando las bases de la saga del policía Sam Wyndham
Lluis Fernández

“Mariposas amarillas y los señores dictadores”: escribir en Latinoamérica; dictadores y narcotráfico

★★★★☆

La historia de un país suele ser contada, de manera objetiva, por los historiadores, que corroboran datos, rastrean fechas y ordenan cronológicamente los hechos que ocurrieron en el pasado y moldean, de alguna forma, el presente. Pero de la otra historia, de la total, de aquella que no queda guardada en los estantes de una biblioteca sino que permanece en la memoria de su pueblo y de su gente se ocupa, de mejor manera, la literatura. Mucho más si se trata de la literatura de un continente colonizado y con más de quinientos años de historia.
En «Mariposas amarillas y los señores dictadores», la especialista en literatura alemana Michi Strausfeld traza la historia de Latinoamérica. A partir de ciertos temas que han marcado el devenir de su literatura (desde la llegada de Colón hasta la búsqueda de El Dorado; desde los primeros cronistas de Indias hasta los autores que formaron el tan manido «boom»), entremezcla historia y ficción, al tiempo que incluye breves semblanzas de los autores más importantes, como Vargas Llosa, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti o García Márquez.
Una historia de violencia
Como bien señala Strausfeld, narrar la historia de América Latina nunca fue una tarea fácil. Las primeras noticias que se tuvieron del Nuevo Mundo fueron contadas por los primeros cronistas, que llegaron a las Indias como conquistadores o como acompañantes y, la mayoría de las veces, recurrieron a una imagen idealizada del Nuevo Mundo. Una imagen que, señala, enseguida puso en contraste Bartolomé de las Casas y que luego, con los años, fagocitó la leyenda negra.
En todo caso, la autora acepta ese desafío porque sabe, como dijo el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, que en América Latina la historia es el sustrato de la literatura. Una literatura que comienza con los primeros cronistas de Indias y que acaba, o que perdura y continúa, con nuevos temas, como son la violencia o las drogas. Una literatura en la que cual sus autores se enfrentaron a su historia y afrontaron, a la vez, sus obligaciones culturales y políticas.
En ese sentido, el libro se centra sobre todo en la literatura de los últimos cien años, pues durante el siglo XX aparecieron profusamente novelas que resumen cinco siglos de historia. Una señal, afirma Strausfeld, de que se trata de una literatura que no solo refleja la historia del continente sino otra cosa: que esta no puede ser contada si no se recurre, también, a su literatura.

▲ Lo mejor

El resumen bastante completo que ofrece de la historia de América Latina a partir de 1492

▼ Lo peor

La lectura de la literatura de aquella zona, más centrada en el «boom» y el mercado
Diego Gándara

“Diario de viaje filosófico”: malo el filósofo que no viaja...

★★★★☆

Este «Diario de viaje filosófico» que nos regala Hermida se entiende como la monumental edición de un libro excepcional en todos los sentidos. Viendo su título parecería claro el género, pero en cambio el autor dice al empezar: «Ruego al lector de este Diario que lo lea como una novela»; así, en él ofrece «pensamientos sobre culturas ajenas y consideraciones propias, referencias exactas y trasposiciones poéticas». Firmaba esa nota en Estonia –por entonces perteneciente al Imperio ruso–, en 1918, Hermann Keyserling, nacido en el seno de una familia aristocrática y que, tras terminar sus estudios, dio la vuelta al mundo, lo cual le inspiraría este libro, traducido por Manuel G. Morente.
Empieza hablando de por qué los filósofos deben viajar y el valor de los viajes, y realiza un gran recorrido por el canal de Suez y el océano Índico para llegar a Ceilán, La India, China, Japón, Estados Unidos… hasta su regreso, en tiempo de la Gran Guerra, lo cual no le impide sentir que la unidad de los seres humanos pervive aún. Un texto, por lo tanto, para contrastar Oriente y Occidente, como en su día destacó Rabindranath Tagore, uno de sus admiradores junto con Antonio Machado o Stefan Zweig; otro intelectual le llamó «uno de los europeos más grandes de nuestro tiempo (…), uno de los primeros profetas de la nueva era». Y a la vista está que no le faltó razón.

▲ Lo mejor

El autor logra mezclar sus experiencias con reflexiones sobre distintas formas de pensamiento y religión

▼ Lo peor

Tal vez hubiera estado bien una introducción para contar la vida del autor de forma detallada
Toni Montesinos