Historia

Los libros de la semana: del olor de las pirámides del antiguo Egipto a los diálogos sobre política entre García Márquez y Vargas Llosa

Se recupera el diálogo perdido que sostuvieron los dos Premios Nobel en 1967 y en el que hablaban sobre política y qué supone escribir, mientras Federico Kukso repasa, en un libro excelente y desde el Big Bang hasta las grandes ciudades europeas en la Edad Media, los olores de la Historia

La Gran Pirámide de Guiza en torno a 1880
La Gran Pirámide de Guiza en torno a 1880Beniamino FacchinelliDominio Público

“Odorama. Historia cultural del olor”: ¿Sabe a qué olían

las pirámides del antiguo Egipto?

★★★★★
Ya han pasado más de 35 años desde que viera la luz un libro que se convirtió en un superventas tremendo, «El perfume», de Patrick Süskind, que tras unos años de actividad desapareció del panorama. Era la historia de Jean Baptista Grenouille, un huérfano que, en la Francia del siglo XVIII, iba matando vírgenes en busca de coleccionar su esencia aromática, todo producto del trauma de no despedir ningún olor y por ello temer la presencia de algún demonio en su interior. A la vez, el personaje poseía un olfato prodigioso que le permitía percibir todos los olores del mundo, y se convertía en un reputado y creativo perfumista, cometiendo esos crímenes en pos de lograr determinados fluidos corporales para licuar sus olores íntimos.
Era tal vez la primera vez que el olor se hacía protagonista de este modo de una ficción narrativa. Así que no extraña que el último de los nueve epígrafes que abren «Odorama. Historia cultural del olor» pertenezca al escritor alemán. Federico Kukso (Buenos Aires, 1979), periodista científico, desde la Universidad de Harvard nos propone un recorrido curiosísimo y a lo grande, porque hasta nos lleva al aroma, por decirlo así, del Big Bang. Consciente de que «a los olores se los silencia, se los ignora. Y en ciertos casos, se los desprecia y hunde en el abismo de la vergüenza» –ahí están los despectivos «hedores, hediondeces, tufos, fetideces, pestilencias» que componen lo que englobamos bajo la palabra «olor»–, ha querido ahondar en este cosmos oculto que, sin embargo, tuvo orígenes divinos y comerciales.
Hasta la Luna
Así, en tiempos inmemoriales se buscó aplacar la ira de los dioses con la quema de resinas fragantes; de hecho, la compraventa de sustancias aromáticas «ha erigido y hecho colapsar imperios». Qué fascinante conocer a qué olía el antiguo Egipto o las ciudades griegas, la manera en que apestarían en la Edad Media las grandes ciudades europeas, o qué olieron los astronautas al llegar a la Luna. Proust, el narrador que elevó a alta literatura la sensación del recuerdo del sabor de una magdalena en la infancia, quedaría subyugado por esta forma de acercase a otro de nuestros sentidos por su capacidad de evocar momentos remotos. Las axilas y la halitosis en el pasado o los perfumistas bajo el reinado de Luis XIV se enfrentan a nuestro presente, cada vez más higiénico e inoloro, cuando, además y por culpa del covid, la pérdida del olfato se ha hecho tan ostensible.

▲ Lo mejor

Kukso analiza cómo los olores han dejado un rastro mediante crónicas, registros médicos y culinarios

▼ Lo peor

El libro es impecable, pero habría estado bien alargar el apartado final, «Olores de un futuro lejano»

Toni Montesinos

“Nuestra casa”: El caso del marido infiel y unos okupas muy legales

★★★★
Entre las diversas formas de abordar «Nuestra casa», una intriga doméstica con aires de «cozy mistery», una se centraría en las desventuras de una esposa en trámites de divorcio que un buen día vuelve de un viaje a su maravillosa casa y se la encuentra vacía y ocupada por los nuevos propietarios que se la han comprado a su ex marido, en paradero desaparecido. Dos relatos en internet de la esposa y el marido ponen al lector al corriente del extraño caso de la mansión vaciada en un fin de semana y vendida a unos extraños que tienen las escrituras en regla.
Resulta evidente que el hombre es culpable por su negligente comportamiento y el protagonista del misterio que se desvela a medida que ambos textos avanzan a buen ritmo y dosifican la intriga y los giros para logra dosis aditivas de suspense en esa montaña rusa en que se convierte esta desquiciante intriga psicológica. Es curioso cómo el comportamiento del marido se parece al de Edipo atrapado en la hamartía aristotélica que Northrop Frye define como «el error cometido, asimilable a la mala acción». En este caso es la mala suerte acumulada por el protagonista, que no cesa de meter la pata y hundirse en la miseria ante la mirada sorprendida e impotente del lector, que odia a esa mujer estricta y se identifica con el destino fatal del estúpido esposo infiel. Sorprendente y taquicárdica. La única recomendación que cabe añadir es leerlo a ser posible con un desfibrilador a mano.

▲ Lo mejor

Que supone el regreso de la autora de «La viuda» con otra intriga doméstica desquiciante

▼ Lo peor

Una cierta lentitud, que tampoco es muy grave, cuando se llega al tramo medio de la obra

Lluís Fernández

“Un mundo dividido”: Derechos humanos, una lucha que no acabará nunca

★★★★
Eric D. Weitz, profesor en el City College de la CUNY, tras su éxito con «La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia» (Turner, 2019) nos brinda ahora «Un mundo dividido. La lucha global por los Derechos Humanos», donde expone los orígenes de ese empeño, «su evolución y los significados que han ido adquiriendo desde el siglo XIX», para lo que desarrolla «una serie de casos particulares que se han dado en diferentes lugares, que abarcan sistemas políticos y económicos diversos: república, imperio, esclavitud, socialismo, colonialismo, comunismo…».
No es una exposición sencilla porque poseemos derechos humanos como ciudadanos nacionales, por tanto, comienza por determinar quiénes constituyen una nación, de donde surge «la riqueza y la creatividad que han definido la historia de los derechos humanos desde finales del siglo XIX hasta hoy». Pese a su complejidad, la obra está bien contada y no es una historia complaciente sino crítica, cuando no ácida, por las limitaciones de derechos y ante la gran paradoja de que «los Estados nación crean para algunos al tiempo que excluyen a otros, a veces brutalmente».
Propiedad de los ciudadanos
Y más paradójico: en la firma de su aprobación por las Naciones Unidas en 1945, quedaba claro que son patrimonio de las personas, ciudadanas de una nación o no. Y se recuerda que estos derechos, originalmente políticos, fueron ampliados por la ONU en 1966 a los económicos, sociales y culturales. Imposible enumerar la rica casuística manejada, pero es útil señalar que no se trata de una obra reservada a la generalidad de quienes disfrutan estos derechos, sino, por el contrario, una casuística universal protagonizada por quienes los han conquistado y los que carecen de ellos. Mencionaremos uno de estos asuntos porque suele figurar casi a diario en nuestros informativos: el conflicto palestino-israelí.
Por más que Weitz se retuerza buscando equilibrios, es imposible encontrarlos si se considera la génesis del problema: ¿qué derechos tenían unos y otros en la Palestina otomana anterior al Mandato británico (1920) y cuáles son los actuales? Pese a la amargura que transpira, al final es una historia esperanzadora porque la Declaración Universal de los Derechos Humanos permite «forjar nuestra vida y la sociedad a la que pertenecemos. Los derechos nos ayudan a ser plenamente humanos» y son «nuestra mayor esperanza y el mejor instrumento para construir el futuro».

▲ Lo mejor

La brillante exposición que realiza este historiador de una casuística muy bien elegida

▼ Lo peor

Solamente nos queda llorar ante multitud de casos, como los pueblos que han sido desplazados

David Solar

“Dos soledades”: Márquez y Vargas Llosa antes de la ruptura

★★★★★
«Dos soledades: Un diálogo sobre la novela en América Latina», que se publica con un revelador prólogo de Juan Gabriel Vásquez, circuló casi clandestinamente durante décadas a través de fotocopias y fue, durante años, una especie de tesoro inhallable, pues en él Márquez y Vargas Llosa, futuros Premios Nobel, departían, en plena ebullición del «boom», sobre lo que significaba ser un escritor latinoamericano y lo que implicaba escribir una novela.
Fruto de las conversaciones que mantuvieron en septiembre de 1967 en la Facultad de Ingeniera de la Universidad de Lima (por entonces García Márquez acababa de publicar «Cien años de soledad» y Vargas Llosa de recibir el Rómulo Gallegos), «Dos soledades» es un diálogo ameno pero sobre todo valiosísimo, porque a lo largo de todo el libro ambos autores se explayan sobre el arte de escribir, sobre la función del escritor en aquellos tiempos de agitación social y sobre sus posiciones políticas.
En ese sentido, leído más de cincuenta años después, a pesar de que el sentido de muchas de las palabras han cambiado, la obra mantiene una actualidad asombrosa. Pues en ella se descubren dos maneras completamente diferentes de ver el mundo y de entender la literatura; un encuentro amable y feliz entre dos grandes escritores que después, con el tiempo, se volverían irreconciliables.

▲ Lo mejor

La complicidad de ambos a pesar de estar en posiciones opuestas con respecto a la política y la literatura

▼ Lo peor

No hay nada reprochable en este libro, salvo que haya estado fuera de circulación tanto tiempo