Aristóteles: el “coach” que sabía cómo ser feliz sin dinero

El filósofo clásico defendía que el bienestar no consiste en el dinero ni en los placeres físicos, sino en encontrarnos a nosotros mismos

Estatua que representa al filósofo clásico Aristóteles, eterno arqueólogo de la felicidad
Estatua que representa al filósofo clásico Aristóteles, eterno arqueólogo de la felicidadLa Razón (Custom Credit)

El éxito actual de Aristóteles es indudable. Todo comienza con una arquetípica traición al maestro: tenía que superar a Platón («matar al padre») y a su sistema filosófico, desde ese comunismo de la ciudad utópica y la abolición de la familia y la propiedad al idealismo de la propia teoría de las formas. Más platónico que nadie en un principio, apodado «la mente» por su enorme inteligencia, el mejor alumno de Platón aparece opuesto al maestro en «La Escuela de Atenas» de Rafael como el gran antagonista que señala hacia abajo, de forma más realista, con su «Ética a Nicómaco» en la mano.

Con una ontología que responde a la materia y a la forma y a la vez busca a dios en el motor inmóvil más allá de toda sensación –con un punto final de platonismo en el intelecto supremo–, a Aristóteles le pareció más serio un sistema metódico de entender la realidad de forma global, presentando un árbol de todas las ciencias que funcionara de forma coherente y teleológica, basado en lo perceptible por los sentidos, con una enorme inteligencia práctica, un deseo enciclopédico de saber y con el tema de la felicidad como fondo de su ética.

Pero ¿es relevante Aristóteles para el hombre de hoy? Es el maestro de la ética de la virtud individual en el marco de la virtud colectiva y está más vivo que nunca también como fundador teórico de las diversas ciencias especializadas. De la retórica a la poética, de la lógica y la zoología a la política. Aristóteles está siempre en boga para nuestro tiempo porque, sin duda alguna, es el precursor del método científico y experimental: desde la «realidad» que perciben nuestros sentidos –sea lo que sea eso–, se edificó gracias al gran sabio de Estagira la magnífica construcción conceptual que, desde la antigüedad a nuestros días, nos ha permitido volar en avión o cohete espacial, viajar por todo el planeta y dominarlo, entender la física materialista y construir robots, ordenadores e inteligencia artificial. Pero además de la lógica, la física o la matemática, Aristóteles también nos importa como fundador de la ética moderna.

El camino del héroe

Todos buscamos la felicidad y queremos encontrar pistas acerca de dónde encontrarla pero solo Aristóteles se erige en el investigador supremo que, como apunta Bonazzi en su «Sabiduría antigua para tiempos modernos» (Alianza), descubre la inconsistencia de lo que la mayoría cree que puede dar la felicidad. Dinero, bienes materiales, placeres físicos … ahí no se puede encontrar la felicidad. La intuición de Aristóteles es que, sobre todo, debemos encontrarnos a nosotros mismos y nuestra misión. Me recuerda a un libro de Bronnie Ware, enfermera australiana de cuidados paliativos, que enumera los remordimientos más frecuentes en el lecho de muerte. En el número uno de esta curiosa clasificación está el no haber hecho lo que uno realmente quería hacer –o no haber descubierto lo que uno tenía destinado como misión– y, en vez de eso, haber hecho lo que querían los demás.

No hemos nacido para otra cosa sino para cumplir nuestras potencialidades y llegar a una realización completa en una vida feliz: la regla básica de Aristóteles, el ser en potencia que se convierte en ser en acto. Solo la razón nos puede ayudar a encontrar nuestra realización en el talento que se nos ha dado: como en el camino del héroe que ha de cumplir su misión, pero antes tiene que descubrirla, Aristóteles nos muestra cuál es el verdadero camino de la felicidad.

La felicidad para el hombre de hoy sigue siendo ese gran misterio que nos vende la publicidad engañosa de eterna juventud, propiedades, dinero, vacaciones y coches. Pero la verdadera alegría está en la realización de nuestra razón de ser. Solo eso puede hacer que triunfemos sobre nuestra efímera existencia. Entonces, en el lecho de muerte, tal vez tengamos una relativa satisfacción por haber cumplido lo que nos estaba destinado. Grande es el Estagirita, maestro de Alejandro Magno y educador de Occidente y de Oriente, que ha dejado su estela de sabiduría desde la literatura persa y árabe hasta la escolástica medieval, Kant o la ciencia moderna. Aristóteles sigue siendo un referente hoy.