El detective que rescató los caballos de Hitler

Arthur Brand explica en un libro la localización de las esculturas que se encontraban en la Cancillería del Reich

Maqueta de la Cancillería del Reich en Berlín, con el modelo de uno de los caballos de Josef Thorak
Maqueta de la Cancillería del Reich en Berlín, con el modelo de uno de los caballos de Josef ThorakEspasa

El mundo de Arthur Brand está formado por algunos de los más importantes tesoros del mundo del arte, pero son aquellos que no se ven, los que permanecen ocultos porque han quedado perdidos en el mercado negro. Eso es lo que pasó con dos caballos realizados por Josef Thorak para la Cancillería del Reich, en Berlín, para Hitler. La aventura de su localización y salvación es el tema de «Los caballos de Hitler», que Brand acaba de publicar en nuestro país con Espasa.

Así lo contó en conversación con este diario, desde Holanda, rememorando lo que fue ese hito y en el que surgió una organización llamada Silence Assistance, dedicada a ayudar a nazis. «Es una historia casi increíble. Menos mal que encontré pruebas porque si no nadie me creería. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo grupos de nazis que ayudaron a otros nazis a poder escapar. Eran pequeños grupos que se movían en silencio. En uno de ellos, con centenares de miembros, ayudaban a los que eran detenidos pagando sus abogados, además de reunir en las últimas décadas viejos y nuevos nazis, a los más jóvenes, para que no olvidaran las teorías. La persona que estaba detrás de todo esto era Gudrun Burwitz, la hija de Heinrich Himmler. La encontré y tuve un encuentro con ella mientras buscaba los caballos. Descubrí un mercado negro que se remontaba a los 70 donde comunistas y nazis hacían negocio con estas obras», asegura Brand.

Cuando se le pregunta qué hacer con estas obras, si se deben exhibir o destruir, recuerda que el año que viene se mostrarán los caballos en Berlín. «No se puede cambiar la Historia porque es la que es. Estas obras deben mostrarse debidamente explicadas. El arte para los nazis era una manera de hacer propaganda, por eso es tan parecido su arte al de los comunistas. Es muy importante enseñar a los jóvenes», dice Brand.

El paradero de los caballos de bronce de Thorak se fue perdiendo a lo largo de los años, llegando a sospecharse que los soviéticos los habían destruido al entrar en Berlín en 1945. Sin embargo, llegaron a estar expuestos como si se tratara de arte comunista en un cuartel berlinés, como si se tratara de un encargo de Stalin. Con la caída del Muro, volvieron a desaparecer y a entrar en el mercado negro de compra venta de obras de arte relacionadas con el peor periodo de la historia alemana.

Las pinturas del Führer

¿Podemos valorar hoy desde un punto de vista artístico a nombres como Josef Thorak o Arno Breker, tan vinculados con Hitler? «Por supuesto, claro que sí. En unas clases que doy suelo mostrar unos cuadros en los que se ve una casita y pregunto si hay alguien a quién le guste esa obra. Casi todos levantan la mano. Es entonces cuando les digo que se trata de una pintura original de Adolf Hitler, lo que provoca que se bajen todas las manos. “Podéis estar tranquilos. Que os guste ese cuadro no quiere decir que seáis unos nazis”, les digo», apunta Brand. Mientras trabajaba en la localización de los caballos, un periodista de «Der Spiegel» con el que hacía la búsqueda «me dijo que esas esculturas le parecían feas, que había que destruirlas. Sin embargo, un policía con el que trabajaba me declaraba todo lo contrario. Te pueden gustar esos caballos, pero no por ser un nazi, sino porque te interesa el arte dictatorial. Es la expresión de una época. Thorak y Breker eran escultores antes de conocer a Hitler, antes de que existieran los campos de concentración. Hoy en día hay escultores y arquitectos que trabajan en China, que también es una dictadura».

MGM compró recientemente los derechos de «Los caballos de Hitler» que dentro de dos años pasará a ser una película.

Entre el anillo de Oscar Wilde y los cuadros robados de Bacon

En enero, Brand llenó titulares al encontrar pistas sólidas sobre los cuadros de Francis Bacon robados en Madrid en 2015. «Espero pronto tener noticias y me gustaría aprovechar su medio para decirle a los ladrones que contacten conmigo», dijo. Entre los logros del «detective del arte» está localizar el anillo de Oscar Wilde, robado en la Universidad de Oxford. «Tuvimos suerte porque iba a ser fundido. Solo se recupera el 10% del arte robado», concluyó.