Literatura

Libros de la semana: de lo nuevo de Stephen King a la historia de la Santa que inventó la cerveza

Entre las novedades literarias, ya en pleno otoño, también destacan los diarios personales de Rafael Chirbes, que edita Anagrama, o

Stephen King
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“Billy Summers”: Stephen King, el francotirador que no falla un disparo

Por Lluís Fernández
★★★★☆
Es usual que Stephen King recurra a temas literarios clásicos, como la puerta mágica que se abre al pasado en «11/22/63» o a un subgénero de moda, es decir, el francotirador de élite que acepta su último trabajo, como en «Billy Summers». La gracia no está en la temática escogida sino en el tratamiento. Garantía de que volverá como un calcetín el relato y lo adaptará a su forma de narrar la historia. De hecho, con «Billy Summers» ha vuelto al thriller. Que la novela tenga peros y desaciertos no impide que sus ingredientes estén organizados para atrapar al lector desde el inicio. Los mejor está en su fluidez narrativa. En su capacidad de encandilar al lector con una prosa eficaz, con economía de medios y unos personajes que conducen la acción sin alardes literarios. Son los típicos del autor: gente corriente, de clase media y en una ambientación realista. La singularidad de la obra es que introduce, sin alterar el tono realista, la profesión de asesino del protagonista.
El modelo de este «hitman» es la novela de Stephen Hunter «Point of Impact», base de la saga de Bob Lee Swagger, interpretado en el cine por Mark Wahlberg en «El tirador» (2007). Y lo mismo puede decirse del argumento, tanto sobre lo relacionado con la guerra de Iraq como de la bondad del personaje del patriota. Sin embargo, para King, Billy Summers no es un patriota, es un asesino con conciencia que cobra por matar y justifica sus crímenes con la excusa de que las personas que mata son malvados, pues vive atrapado en un pasado infantil tenebroso que le impide cuestionarse moralmente su cometido. Dicho de otra forma, es el mejor en lo suyo, pero tiene una norma intocable: solo acepta un encargo si su objetivo es realmente mala persona.
Infantil y tenebroso
Pese a la endeblez de la conciencia moral del personaje, King lo hace amable y por sus acciones digno del antihéroe con el que identificarse y justificar sus actos por la nobleza de su comportamiento. Si su ingenuidad sin malevolencia es el atractivo de Billy Summers, a medida que avanza la acción se transforma en un justiciero digno de admiración.
En este momento, el lector deja de suspender la incredulidad, pero acepta el punto de partida del autor porque las acciones del justiciero, desde «Shane» hasta «Harry el Sucio», producen un placer culpable que se celebra con entusiasta amoralidad. Que los malvados acaben siendo hermanitas de la caridad y el libro que escribe sobre su vida dentro de la novela sea prescindible no impide que «Billy Summers» sea un excelente relato de redención que engancha y conmueve.
▲ Lo mejor
Conseguir que el lector acepte la amoralidad del protagonista sin mala conciencia
▼ Lo peor
Que lo malvados que aparecen en la novela acaben resultando almas de Dios

“A ratos perdidos 1 y 2″: de la homosexualidad al cine, puro Chirbes

Por Jesús Ferrer
★★★★☆
Hace seis años moría Rafael Chirbes dejando una obra narrativa que reelabora eficazmente el realismo social, erigiéndose en referente de una renovadora generación formada por Belén Gopegui, Isaac Rosa o Pablo Gutiérrez, entre otros. A la espléndida novela póstuma «París-Austerlitz» se suma ahora la publicación de sus «Diarios. A ratos perdidos 1 y 2», publicado por Anagrama. Un relato de vibrantes vivencias que abarca desde 1984 hasta 2005. Con prólogo de Marta Sanz e introducción de Fernando Valls, este volumen supone todo un hito en la mejor diarística actual.
Destacan, entre los variados materiales y referencias que recorren estas páginas, sus lúcidos comentarios cinematográficos, la relación crítica de los libros leídos, su admiración por personales mitos literarios como Paul Bowles, Pérez Galdós y Pío Baroja, la sentimentalidad homoerótica centrada en su amado François o su entrañable amistad con Carmen Martín Gaite, con quien además compartió inquietudes literarias, y quien le señala al haber leído una obra suya: «Escribimos para eso que has hecho en tu novela; para salir limpios de experiencias atroces, ¿te parece poco?»; el lenitivo de la literatura. Además, tampoco faltan en este volumen transgresoras opiniones, como al señalar la pérdida de vigencia lectora de «Cien años de soledad», por ejemplo. Unos diarios que, no dirigidos a su publicación, emocionan y sobrecogen en su oscuro lirismo, desinhibida expresión, independencia crítica y acerado intimismo. Vida y escritura hermanadas en inigualable testimonio personal.
▲ Lo mejor
La dimensión cultural y literaria de las cotidianas experiencias vividas por el autor
▼ Lo peor
A pesar de la extensión del libro, el haber podido contar con más entradas del diario

“Hildegarda”: la santa que fue bióloga e inventó la cerveza

Por Ángeles López
★★★★★
No se trata de una novela histórica «singular», ni del retrato psicológico de una de las cuatro únicas mujeres nombrada Doctora de la Iglesia. Estas páginas tienen más alta vocación. Acaso podríamos decir que se trata, siendo sobrios en la denominación, de una biografía literaria sobre Hildegard de Bingen basada en las escasas fuentes que tenemos con el fin de convertirla en un ser humano corpóreo.
Hildegarda se afanó en ser poeta, compositora, bióloga y mística, e inventó la medicina natural y la cerveza tal y como la conocemos. Por si todo ello fuera poco, llegaría a fundar dos monasterios: en Rupertsberg (1150) y Eibingen (1165). Marstrand-Jørgensen reconstruye de modo tan poético como narrativo la historia turbulenta de una mujer compleja y difícil de clasificar. Expone sus debilidades –arrebatos de ira o impaciencia pertinaz–, su terquedad y sus enfrentamientos constantes, lo que no convierte a la santa en una mujer fácil de entender ni de amar. Una decisión valiente la de no mitificar al personaje y devolverlo a la esfera de lo humano, hasta el punto de exponer sus habilidades espirituales no solo como un regalo sino también como una carga. Así, conoceremos a una Hildegard multidimensional que deberá superar duelos antes de atreverse a desafiar a todos para ser reconocida como una de las voces de Dios en un tiempo en que las acusaciones de herejía y excomunión eran riesgos ciertos.
Demasiado inteligente
Quien llegara a ser una de las personalidades más influyentes de la Edad Media estuvo a punto de morir en su nacimiento. Desde ese instante la lucha fue el motor de toda su vida. Ingresó en un convento a los 8 años y toda su vida estuvo marcada por el tesón: estudio, canto, rezo, escritura, cuestionamiento constante... Demasiado inteligente, demasiado rebelde, pero tan pura e ingenua como para suscitar interrogantes y perplejidad. ¿Quién era esa niña de pelo zanahoria que afirmaba que Dios le hablaba, manifestándose a través de imágenes, luz, sufrimiento y carne? De sus visiones, su amor al prójimo, su reputación de sabia, irá emergiendo esa figura, desafiando a priores, abades o frailes. Su voz y profecías llegarán al Papa, que le dará su respaldo definitivo y reconocimiento: un monasterio de pocas almas que la convierten en guía y madre. El mensaje de la autora es meridiano: retratar con elegante trazo a una mujer que aceptó llevar una vida entregada a Dios.
▲ Lo mejor
Conocer la sensibilidad artística y las aportaciones de esta mujer que unió vocación y feminidad
▼ Lo peor
El ritmo sincopado de la narración, que rompe la regularidad del ritmo del libro

“Primera persona del singular”: Murakami o el amor en primerísima persona

Por Diego Gándara
★★★★☆
No es lo habitual, pero entre tantas novelas largas y monumentales, a veces Haruki Murakami se toma una especie de licencia de la escritura a largo plazo y se da el lujo de publicar sus pequeños caprichos: libros sobre el arte de correr, sobre el oficio de escritor, sobre música o, también, de relatos breves que, si bien no son el centro de su obra de ficción, conversan de algún modo con la desmesura de sus novelas.
Es el caso de este volumen, que reúne ocho relatos narrados, como el título lo indica, en primera persona del singular, todo un detalle si se tiene en cuanta que el pronombre, en japonés, es inexistente. Así, a pesar de esa «dificultad», o gracias a ello, Murakami, uno de los escritores que siempre está en las quinielas del Premio Nobel, logra combinar la memoria con la imaginación, lo posible con lo que acontece, la ficción con la propia vida y presentar a unos personajes que se mueven, más que por el deseo de amar, por el amor mismo. A lo que sea: viejos discos, cartas, personas que ya no están. Así aparecen, por ejemplo, amores adolescentes que renacen con el ejercicio de la evocación, reseñas de discos de jazz que nunca se grabaron, poetas que aman el béisbol mucho más que a la poesía, ancianos que deliran diciendo la verdad.
Toda una galería de personajes que se enfrentan con aquello que aman, pero también con aquello que han perdido y que no han olvidado y que permanece en la memoria del amor.
▲ Lo mejor
El pulso narrativo de este escritor capaz de llevar las historias hasta los límites de la ficción
▼ Lo peor
A veces abusa aquí de algunos de sus tópicos, como la cultura pop, el jazz y los cómics