La Cultura es de izquierdas, pero los cultos son de derechas

Rebeca Argudo

Duato se ha metido en un jardín. Al pobre se le ha ocurrido decir en una entrevista que los políticos de derechas son más cultos que los de izquierdas. También ha dicho que esto, en el siglo XXI, ha cambiado un poco. Pero eso ya da igual porque nadie va a leerse su entrevista entera, sino los tuits coléricos y desgañitados de los constantemente ofendidos, que se han quedado atrapados en la primera parte. En realidad lo que defiende Nacho Duato no es más que lo que defiende la izquierda más exaltada hoy en día: que los políticos de derechas están ahí gracias a unos privilegios heredados mientras que los de izquierdas lo están por su esfuerzo y pese a esos privilegios que les son tan ajenos y negados.

Aquí lo extraño no es que el bailarín, que se declara de izquierdas y afirma que votará a Podemos a poco que le convenzan, diga eso. Aquí lo inaudito es que se enfaden los mismos que aseguran que el ascensor social es inexistente y que el mérito es una trampa, que existe una casta. ¿Qué ha podido fallar entonces para que se vuelva contra él esa respuesta, esa tan izquierdista consigna? Pues el eufemismo, queridos. Ni más ni menos.

Nacho Duato ha incurrido en un error de bulto: no manejar el lenguaje hiperconcienciado. Lo que contestaba el bailarín a la pregunta «¿El político de derechas es más culto?» era exactamente esto: «Sí; porque casi todos vienen de familias bien. En tiempos de Franco, ¿quién viajaba e iba a los conciertos y al teatro? Eso de que los políticos de izquierdas son intelectuales es mentira. En el siglo XXI, esto ha cambiado un poco. Yo soy de izquierdas y, si me convencen, voy a votar a Podemos».

Pobre Nacho. Acaba de descubrir, pese a ser de izquierdas y potencial votante de Podemos, que todos estamos hoy en día a un comentario de ser fachas. No meterse en ese lío, haber salido por la puerta grande como un auténtico izquierdista comilfó, a lo Bardem –el hermano, no el oscarizado– era tan fácil como haber formulado bien la respuesta, en «wokelandés». No es complicado. Bastaba con sustituir «familia bien» por «la casta» o «familias de apellidos compuestos». Y en lugar de decir que son «más cultos», que disfrutaban de privilegios y tenían acceso a puestos vetados a las familias humildes, trabajadoras y sencillas, a las que han perjudicado siempre de manera sistemática. «En el siglo XXI esto ha cambiado un poco» podría haber concluido, sí, pero añadiendo un «gracias al trabajo de Unidas Podemos, pese a los intentos continuados de las cloacas del Estado por perjudicarles».

¿Son más cultos los políticos de derechas que los de izquierdas? Pues, según la propia izquierda, ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Depende de lo que les convenga en cada momento. Ojalá viviese hoy Philip K. Dick y nos escribiese una fábula distópica sobre una izquierda desnortada y quejicosa. Podría titularse «¿Sueña la izquierda woke con políticos cultos de derechas?».