Ali Smith y Knausgård: duelo literario a cuatro asaltos

Coinciden dos recientes series de cuartetos titulados con el nombre de las estaciones, firmadas por la escritora escocesa y el autor noruego, pero de ambiciones muy distintas

El escritor noruego Karl Ove Knausgard acaba de sacar su "cuarteto"
El escritor noruego Karl Ove Knausgard acaba de sacar su "cuarteto"

En el año 2000, desaparecía a los noventa y cuatro años Anthony Powell, que marcó el fin de una manera de entender la vida y la literatura en el Reino Unido. Educado en Eton y Oxford, perteneció a una generación excepcional, la nacida entre 1903 y 1906 –Evelyn Waugh, Graham Greene, Cyril Connolly o George Orwell–, manteniendo durante toda su vida una increíble persistencia narrativa con la que recreó la realidad social de su tiempo de un modo torrencial, a lo largo de una obra de dimensiones espectaculares, respondiendo al estilo elegante, sutil e irónico de la tradición dramaturga y novelesca británica. Compuesta por cuatro trilogías, «Una danza para la música del tiempo» (título tomado de un cuadro de Nicolas Poussin) asume la voz del escritor Nicholas Jenkins, quien nos transporta por las cuatro estaciones de su vida y del entorno en el que se mueve a lo largo de más de medio siglo. Así, los cientos de personajes que se dan cita nutren un río lleno de afluentes que glosan todos los aspectos laborales, ociosos y trascendentales de la condición humana, como si Powell hubiera colocado un espejo en el camino, en el hogar y en el pasado de una multitud de hombres y mujeres para formar con ello una crónica de la moral y las costumbres de la clase media inglesa.

La crítica comparó a Powell con Marcel Proust, pero Waugh dijo que, de entre los dos, Powell le parecía más divertido. Este presentaba de forma directa la evolución dialogada de sus numerosos protagonistas y escenarios en una estructura circular donde el sentido evolutivo de las diferentes relaciones que se entremezclan justifican el mosaico coral. Es decir, la intimidad del pensamiento psicológico se sustituye por una habilidosa exhibición para el cotilleo y los conocimientos exhaustivos de familias o individuos ajenos.

Lo personal y lo universal

Aquellas doce novelas escritas entre 1951 y 1971 y que estaban compuestas por cuatro trilogías (todas en la editorial Anagrama: «Primavera», «Verano», «Otoño» e «Invierno»), fueron potenciadas por la televisión británica en una versión de 1997. Era un mosaico de innumerables personajes, que aparecían y se esfumaban, por ejemplo, en la serie de tres novelas «estivales», que iba de 1934 al final de la Segunda Guerra Mundial, y en que se contaba la introducción de Nick en una familia llamada Tolland, que le abría las puertas para sentir el amor, conocer la guerra, disfrutar de la amistad y, especialmente, penetrar en otras muchas vidas. Y este concepto estacional-narrativo, podría llamarse así, parece que tiene continuidad en la obra de dos autores contemporáneos: Ali Smith y Karl Ove Knausgård.

De la primera, precisamente, se acaba de publicar un estuche que, con el título de «Cuarteto estacional» (Nórdica), reúne los cuatro libros que en su momento la autora escocesa publicó con el nombre de cada estación. «Estas novelas, a caballo entre la inmediatez y la permanencia, lo personal y el alcance de un mundo que se inclina hacia el desastre, son las que leeremos en los próximos años como la literatura definitoria, aunque desconcertante, de una era indefinible y desconcertante», llegó a decir la crítica literaria Rebecca Makkai, desde las páginas de «The New York Times Book Review», y realmente han obtenido un éxito rotundo en el ámbito internacional. El primero fue «Otoño» (2017), que fue publicitada como una novela esencial para entender el Brexit y fue finalista del prestigioso Man Booker Prize. En el texto, presentaba una Inglaterra dividida tras un verano histórico, justo después del controvertido referéndum, con todo un corolario de decadencia moral y política.

Le siguió «Invierno», cuyo comienzo rezaba así: «Dios había muerto: para empezar. Y el romanticismo había muerto. La gallardía había muerto. La poesía, la novela, la pintura, todas habían muerto, y el arte había muerto. El teatro y el cine habían muerto. La literatura había muerto. […] Muchísimas cosas habían muerto. Sin embargo, otras no habían muerto, de momento. La vida todavía no había muerto. La revolución no había muerto. La igualdad racial no había muerto. El odio no había muerto». Todo ocurría en la víspera de Navidad, en pleno calentamiento global, y la trama abordaba la vida ordinaria de diversos personajes. Una mirada contemporánea frente a problemáticas acuciantes que continuó con «Primavera», con el punto de vista puesto en las migraciones y las injusticias sociales a lo largo del tiempo. Así, la autora apuntaba: «Ahora no queremos Información. Lo que queremos es desconcierto. Lo que queremos es repetición. Lo que queremos es repetición. […] Queremos que aquellos a quienes llamamos extranjeros se sientan extranjeros necesitamos que les quede claro que no pueden tener derechos a menos que nosotros lo digamos». Y todo concluyó en «Verano», novela ganadora del Premio Orwell 2021 de Ficción Política, en que su protagonista percibía cómo es de complicada la gente y cómo el planeta está colapsando.

Vida y literatura

Es una escritora, nacida en Inverness, en 1964, de lo que podría llamarse ficción experimental, y algo parecido hace Karl Ove Knausgård (1968), que emprendió en 2009 un extensísimo proyecto literario autobiográfico titulado «Mi lucha», compuesto por seis novelas. Ahora, en Anagrama publica de una tirada cuatro libros: «En verano», «En otoño», «En invierno», «En primavera». En todos ellos, el autor noruego hace, «à la» Vivaldi, como su colega de generación y como el viejo Powell, todo un recorrido biográfico por las edades emocionales del ser humano, por el paso del tiempo, que al fin y al cabo es el gran tema literario y nuestra esencia humana. «No sabes lo que es el aire, y sin embargo respiras. No sabes lo que es el sueño, y sin embargo duermes. No sabes lo que es la noche, y sin embargo reposas en ella. No sabes lo que es el corazón, y sin embargo late regularmente en tu pecho, día y noche, día y noche, día y noche. Has cumplido tres meses de vida y ya pareces envuelta en rutinas», escribe con todo su sentimiento.

Knausgård se ha hecho mundialmente famoso por su narrativa del yo, que en números le ocupó diez años y casi cuatro mil páginas con los seis volúmenes de «Mi lucha» y que partió de la muerte del padre, poniendo el foco en todo tipo de recuerdos dolorosos, cuyo origen databan de la infancia, y en cómo empezó a emerger su vocación literaria; alrededor de todo ello, surgía su pulsión amorosa, o incluso el abuso del alcohol y las autolesiones, y asimismo, su empleo en un hospital psiquiátrico o como maestro de secundaria en un remoto pueblo.

Tiene, pues, mucho que contar. Y ahora la oyente, la lectora es su hija, antes y después de nacer; lleva a cabo el proyecto mediante una serie de cartas en las que reflexiona sobre los temas más variados; es la hija que le colmará de la alegría más grande que ha sentido jamás, tras nacer ella durante la estación más fría y melancólica. Y a todo ello le seguirán más y más disquisiciones en lo que constituye una literatura que celebra, simplemente, estar vivos en el mundo, el hecho de poder ver y sentir los cambios del tiempo –en lo que atañe al reloj y a lo climático– haciendo de la vida en primera persona una experiencia literaria.