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Real Academia Española

Paloma Díaz-Mas: «Las palabras vulgares y despectivas también forman parte de la lengua»

Es la 12ª mujer que ingresa en la Real Academia Española y lo hace, por primera vez, con un discurso dedicado a la cultura judeoespañola

La filóloga Paloma Díaz-Mas22/04/2021
La filóloga Paloma Díaz-Mas22/04/2021 CARLOS MOTA CARLOS MOTA

Paloma Díaz-Mas trae a la Real Academia Española el perfil doble de su trayectoria: el de la filóloga y el de la novelista. En ella se vertebran la realidad de la lengua y el mundo imaginario que procuran las palabras. Especialista en la tradición cultural sefardita y autora de «El sueño de Venecia» o «El pan que como», mañana ingresará en la RAE y por primera vez dedicará el discurso de su intervención, titulado «Ciencia en judeoespañol», a esta cultura. «No vengo con una idea preconcebida. Estoy abierta a lo que me propongan y colaborar. Puedo hacer más visible la lengua sefardita dentro de la Academia. Ahora no hay ningún académico que se dedique a este asunto. Antes sí lo había, Manuel Alvar, Pidal... sería mi toque original, pero puedo hacer otras cosas».

¿Se usa bien el idioma?

En los medios de comunicación se cuida más que en otros ambientes. Es importante el conocimiento de la lengua y el uso en el ámbito educativo. Uno aprende a hablar en casa, pero aprender a escribir con maestría depende de la educación que se recibe. Por eso me gustaría señalar lo importante que es la educación. Otra cosa importante es el fomento de la lectura. Hemos vuelto a la lectura después de la pandemia. Ha aumentado el número de lectores. Hace unos años se leía menos, pero se ha redescubierto como actividad no solamente de entretenimiento sino también de enriquecimiento personal. No se puede decir que hablamos bien o mal. A veces hablamos descuidadamente y otras con más cuidado. Las redes sociales y lo mensajes se prestan a lo primero, pero es verdad que este uso descuidado siempre ha existido, también en la oralidad. Lo que sucede es que la lengua cambia, los usos cambian, y lo que era un uso incorrecto, la lengua lo asimila, lo generaliza y se convierte en uso corriente.

Hay personas que piden sacar del diccionario palabras o acepciones.

Yo no borraría ninguna porque todas ellas forman parte de la lengua, incluso las despectivas y vulgares. Hay que dejar registro de ellas y señalar, si usas unas palabras, si estás ofendiendo o no. Pero jamás hay que quitarlas, porque eso supondría entrar dentro de la cultura de la cancelación, que cada vez se extiende más. Esto consiste en decir que aquello que no me gusta, lo borro. Porque lo que no nos gusta también forma parte de nosotros. Es un patrimonio incómodo, si quiere, pero también hay que guardar memoria de él. Lo otro es la política del avestruz: no quiero ver lo que no me gusta y por eso quiero quitar palabras del diccionario. No es así. Si un término resulta ofensivo o despectivo, se marca para que se sepa. Esta es la postura más adecuada.

La corrección política no le entusiasma...

Es una propuesta de censura sobre las palabras dichas y escritas. Y yo no soy partidaria de la censura en la escritura. Otra cosa es que yo escriba un libelo calumniando. Entonces que me denuncien por difamación, pero asegurar que no se puedan tratar determinados temas y tampoco mencionar es una forma de coartar la libertad de pensamiento. Algunas de las canciones que tanto nos gustaron durante la Transición, como en los años ochenta, ahora comienzan a ser inaceptables desde lo políticamente correcto y se aseguran que determinadas letras de esos años tienen expresiones machistas, cuando en realidad fue una cultural innovadora, de apertura, de conquista de libertades en una época de transición y después de una dictadura. ¿Vamos a cancelar todo eso? ¿Dónde está el límite? ¿Dónde lo establecemos al final?

La política últimamente también incide en el idioma. ¿Qué opina?

Creo que eso siempre ha pasado. La lengua siempre ha tenido una dimensión política. No es una cosa nueva. Cuando Alfonso X decidió escribir ciencia en castellano estaba tomando una opción política. No tenemos que extrañarnos por eso. Es algo tradicional y forma parte de la Historia. Lo que sí creo es que la RAE debe mantener su independencia de criterio y mantener acuerdos con todos los académicos y academias, porque hay una red de academias. Cada término que se incorpora al diccionario pasa por la ASALE. Pero lo que hay que tener en cuenta es que la Academia hace recomendaciones. No son prohibiciones. Conozco personas a las que le han puesto multas de tráfico, pero a ninguna que haya sido multada por hablar mal- La Academia no es coercitiva, sino una institución que recomienda, pero, eso sí, tiene que actuar con libertad de criterio.

Hace años que el castellano no recibe un Nobel. ¿Necesita potenciarse nuestra lengua?

La literatura en español tiene un ámbito en el que se habla español y que no es solo nuestro país, también incluye América. Pero es asimismo una cuestión de la industria del libro. Es cierto que sí se difunden con más facilidad obras en inglés y que se traducen a otras lenguas más obras en este idioma que otros títulos escritos en lenguas diferentes. Todos los escritores tenemos la experiencia de lo difícil que es que te traduzcan al inglés. Yo, por ejemplo, solo tengo un cuento, y dentro de una colección didáctica. Aquí lo que existe es una potente industria del libro en inglés que hace más visible a cualquier autor que escriba en ese idioma. Cuando alguien es traducido al inglés se hace más visible a nivel internacional. Aunque esto no es únicamente un problema de autores en español.